No es algo propiamente astronómico. Sin embargo, desde 1979 nos fascina tanto el término ‘superluna’ como la expectación que produce. Este noviembre no es para menos. La del día 14 es la luna llena más grande desde hace 68 años.

Fue un astrólogo (no un astrónomo), Richard Nolle, quien bautizó el fenómeno con tan rimbombante nombre. Técnicamente, hablamos de luna en el perigeo, esto es, en el punto más cercano a la Tierra.

 

Nuestro satélite natural gira alrededor de nosotros en una órbita elíptica. Eso hace que haya ocasiones, como ésta, en que esté a una distancia relativamente muy cercana (un 14% más próxima que en su punto más lejano): 356.511 km el día 14, frente a los 406.555 km el 27 de noviembre. Su brillo apreciable puede incrementarse hasta un 30%.

“Suelo decir a la gente que salga a la calle tanto el domingo como el lunes por la noche a ver la superluna”, comenta la subdirectora de la misión LRO de la NASA Noah Petro. “La diferencia entre una noche y otra es mínima, así que si está nublado, podemos verla en los días siguientes. Cualquier hora después de la caída del Sol es buena”.

No obstante, a simple vista es difícil apreciar la diferencia entre una luna llena normal y una superluna. Por eso, para verla en todo su esplendor se recomienda mirar al horizonte justo cuando está saliendo o poniéndose.

Hacia las 18.30 o 19.00, hora de Madrid, se observará un disco lunar enorme y rojizo. No está muy claro por qué nos parece tan grande a esas horas, ya que es una mera ilusión, lo que sí sabemos es que es anaranjada porque las ondas de luz rojas son más largas y atraviesan más cómodamente la gran cantidad de atmósfera y partículas que debe cruzar desde el ángulo de salida del horizonte hasta nuestros ojos (luz rasante).

No volveremos a tener la Luna tan cerca de la Tierra hasta 2034, si bien el mes que viene habrá otra superluna, no tan ‘inmensa’. Cada año se producen de tres a cinco superlunas (lunas llenas en el perigeo).

Lluvia de leónidas

 

Lluvia de estrellas

Lluvia de estrellas NASA

 

Aunque ya no esté en fase llena, la Luna seguirá siendo grande la noche del 17 al 18. Es en ese momento cuando se produce el pico de actividad de las leónidas. Es una lluvia de estrellas producida por el cometa 50P/Tempel Tuttle.

Cuando está cerca del Sol puede llegar a dejar cerca de 200.000 estrellas fugaces, como un espectáculo de fuegos artificiales que dura horas. En el siglo XIX sembró el pánico entre la población que «creía que se caían todas las estrellas del cielo», según las crónicas y grabados de la época. Sin embargo no será éste el caso. Se calcula que no superarán las 15 por hora este 2016.

Se trata de fragmentos de cometa que entran a unos 70 u 80 km/h en la atmósfera. Al hacerlo ‘de cara’ se calcinan dejando un color rojizo y una estela verdosa que dura hasta un par de segundos en el cielo.

Mitos y leyendas

Hay muchos mitos en torno a las lluvias de estrellas y superlunas. Pero los registros no muestran un repunte significativo de la violencia, ni aumentos en la pilosidad de los hombres como para que se conviertan en lobos. Sí que la cercanía lunar afecta a las mareas. Sin embargo, ni su efecto es inmediato, ni significativo, ya que el movimiento de las aguas pertenece a un sistema complejo.

Según el psicólogo de la Universidad de Emory, autor de 50 grandes mitos de la psicología popular, «diferentes estudios han documentado una gran cantidad de nada» relacionada con las lunas llenas.