La construcción del Futuro Caza de Combate Europeo de sexta generación, FCAS, tenía como propósito, entre otras cosas, impulsar la industria europea. Ya que España, a través de Indra, tenía un papel primario en el programa de defensa más ambicioso del continente, toda la cadena de suministro se iba a ver beneficiada.
De hecho, las empresas tractoras que lideraban el proyecto -Indra, Airbus y Dassault- tenían el compromiso de contratar en un 30% a las pequeñas y medianas empresas del sector. Ahora, el impacto para el ejército es importante, pues los retrasos merman la seguridad nacional. Pero ha habido un daño colateral. Las pymes y pequeñas empresas, son también las grandes perjudicadas de que se haya bloqueado el caza de sexta generación de 100.000 millones de euros. "El impacto para pymes es claro", señala a El Independiente una pequeña empresa española que suministra a Indra componentes de electrónica.
Las pymes, grandes perjudicadas del fiasco del caza
Las compañías de menor tamaño del sector tenían buena estima a este proyecto porque, según explican, el impacto económico para las pequeñas empresas iba a ser significativo. "Podríamos haber pillado algo", señalan, ya que Indra, como referente de la defensa española y líder del programa con el 33% de responsabilidad, iba a traccionar al resto de la industria. Precisamente, este es el papel que Indra trata de mostrar. El papel de tractora nacional de la defensa española. Sin embargo, Francia y Dassault han tirado tanto de la cuerda en las negociaciones que se ha roto. Ahora, en 2026, se ha caído en cuenta entre los gobiernos y las industrias de que se han perdido cinco años que se pudieron haber usado para diseñar un avión, ya que las negociaciones iniciaron en 2021 y el caza estaba programado para 2040, un plazo que ya va a ser difícil de conseguir.
Soluciones para desbloquear el caza
Ahora está la esperanza puesta en que el programa reflote en una unión entre España y Alemania, a la que también podría unirse Suecia a través de la gigante Saab. En este sentido, la parte industrial germana ha asegurado que se encuentra "estrechamente ligada" a los socios españoles. Para tratar de salvaguardar el caza de sexta generación, ocho empresas alemanas se unieron para defender la creación, a pesar de la salida de Francia y Dassault, del caza de combate de sexta generación. El mismo paso lo dio España, que anunció la unión con seis empresas líderes del sector aeronáutico. Indra, Airbus, Sener, GMV, ITP Aero y Oesía compartirán capacidades para sacar adelante el FCAS.
El paso es importante, ya que detrás de estas grandes compañías de la industria española se encuentran otras miles de empresas que sostienen la cadena de suministro y todo el ciclo de vida de las aeronaves y otros vehículos. En otras palabras, el fracaso del macroprograma de 100.000 millones de euros que lideraba Indra perjudica y pone en incertidumbre a todo el sector de la defensa española, arrastrando a pymes y pequeñas empresas.
"En general los principales contratistas se ven perjudicados, pero toda la cadena de suministros también: pymes, startups, suministradores… por ello hay que moverse rápido para minimizar el impacto", aseguró a El Independiente el doctor en Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y experto en Artes Militares. Antonio Fonfría. La industria española es clave para la defensa nacional, porque según subrayó Fonfría a este medio, "sin industria es complejo conseguir la seguridad, por lo que ambas han de ir de la mano".
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