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Misión al Sol con patente española

El INTA lidera parte del proyecto del orbitador de la ESA que obtendrá imágenes y datos únicos del Sol

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Misión al Sol con patente española
Misión Solar Orbiter

Misión Solar Orbiter ESA

Resumen:

El Sol nos da la vida y nos la quita. Es la clave para que la Tierra sea habitable o un día deje de serlo. Y sabemos realmente poco de él. La astronáutica reciente se ha acercado hasta el mismo corazón de los planetas. Ahora quiere tocar el Sol. Primero lo hará la misión Parker de la NASA. En 2020, la Solar Orbiter de la ESA. España lidera el desarrollo del instrumental que “nos regalará las imágenes que recordaremos todos, las que saldrán en los telediarios”, en palabras de Ángel Moratilla, subdirector de investigación del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA).

“Casi todo lo que pasa en la Tierra es por el Sol”, recuerda a su vez José Carlos del Toro, investigador principal del instrumento SO/PHI (IAA/CSIC e Instituto Max Planck). Este ingenio, nacido esencialmente en las instalaciones del INTA de Torrejón de Ardoz, es un “imaginador polarimétrico”; es decir, una especie de cámara de fotos capaz de ver no sólo la luz, sino la manera es que ésta vibra y cómo se comporta magnéticamente el Sol.

En realidad, está compuesto por dos telescopios. Uno de enorme resolución (hasta 150 km por píxel) y otro que recoge el disco solar completo, minuto a minuto. Esto permitirá observar no sólo lo que ocurre en la superficie de la estrella, sino en su interior, el motor del que nacen las tormentas y eyecciones que pueden amenazar a la Tierra.

El telescopio Metis, por si parte, es un coronógrafo que ocultará el disco solar para poder tomar imágenes y datos de la corona del Sol, a modo de eclipse.

Un pronóstico del tiempo solar

Actualmente no es posible predecir con exactitud cómo se comportará el Sol. La misión Solar Orbiter pretende cartografiarlo para anticiparse a sus fenómenos relacionados con el viento solar, su campo magnético, las emisiones de partículas que chocan con la Tierra y, en general, la manera en que el Sol gobierna a quienes estamos bajo su influencia en la llamada Heliosfera.

“A diferencia de la misión de la NASA –que se acercará algo más al Sol–, podremos realizar sondeos a distancia y parte de la ciencia se hará en la propia nave”, precisa Del Toro. El instrumento español es el primer polarímetro hecho con cristal líquido, como el de las antiguas pantallas de TV, móviles o relojes digitales.


Recorremos junto al investigador Alberto Álvarez las instalaciones del laboratorio LINES del INTA

 

Una mirada torcida

Técnicamente, esta nave “no es exactamente un satélite, es un planeta artificial”, ya que dará vueltas completas alrededor del Sol (no de un planeta). Eso sí, no lo hará como la mayoría de cuerpos de nuestro sistema solar. Su órbita tendrá un plano “torcido” respecto al que orbita la Tierra (la llamada eclíptica). Gracias a eso, tendremos imágnes y datos de los polos del Sol.

La inversión española en SO/PHI asciende a 4,3 millones de euros. La tecnología desarrollada ha terminado plasmada en patentes, como la relacionada con el uso de cristales líquidos. Según Alberto Álvarez, jefe científico del INTA en SO/PHI, “tendrá en el futuro aplicación en relojes atómicos, observación de la Tierra, nanosatélites, etc. Varias empresas ya se han interesado en esta tecnología”.

Un ejemplo de cómo no hacer las cosas

Álvarez cree que esta ha sido una historia de éxito, pero a “contracorriente de la estructura administrativa que, en I+D+i, estrangula los proyectos (públicos). Este es un verdadero ejemplo de cómo no hacer las cosas”.

Álvarez habla de situaciones “kafkianas” debido a procesos burocráticos y corsés administrativos que impiden ser lo suficientemente ágiles dentro del mundo de la investigación. Para el investigador, la mayoría de procesos –como licitaciones– “están pensados para otras cosas, pero no para ciencia y tecnología.

Nuestros méritos nos hacen ganarnos la financiación internacional, millones de euros, y luego no podemos mandar algo por paquetería que cuesta unas decenas de euros. Por no hablar de los contratos. Tenemos dinero para persona y no pueden ser renovados adecuadamente por trabas burocráticas”.

En este sentido, Álvarez tiene esperanza en que el nuevo ministro de Ciencia, Pedro Duque, tendrá más sensibilidad al respecto, como buen conocedor de estas circunstancias “y de esta institución –el INTA– con la que, lógicamente ha colaborado en proyectos”, concluye.