Se habla de los fuegos de sexta generación desde hace años, pero en España no hemos sufrido ninguno. Esto puede haber cambiado con el gran incendio forestal de Sierra Bermeja en Málaga. “En el caso del incendio de Portugal de 2017 se habló a posteriori. Este de Málaga tiene todos los elementos, es un incendio de altísima intensidad que genera su propio clima, estamos hablando del pirocúmulo y de un incendio que genera una energía tan brutal que los propios expertos están diciendo que se han tenido que replegar porque es un monstruo de una energía brutal”, afirma Mónica Parrilla, responsable de Bosques de Greenpeace España.

Esta especialista considera que, más allá del origen del incendio -que parece intencionado-, lo importante es analizar cómo llega un incendio a adquirir esas magnitudes. “En el caso de España estamos hablando de que nuestras masas forestales tienen el escenario perfecto, fruto de olas de calor y sequías prolongadas por el cambio climático con una gestión forestal deficitaria que hace que nuestras masas forestales sean muy vulnerables”, afirma Parrilla. A estos elementos la ecologista suma “un abandono del medio rural que hace que haya más combustible mayor y que ya no tenemos cultivos que reduzcan la base del  fuego y además tenemos urbanizaciones fruto de que la planificación urbanística no ha tenido en cuenta el riesgo de incendio”. En Málaga se han producido decenas de desalojos preventivos ante la magnitud del fuego.

Marc Castellnou, inspector de bomberos de la Generalitat acuñó el término de sexta generación . Esta es su definición: “Un incendio de sexta generación es la demostración plausible de que las cosas están cambiando. Tiene su base en el Cambio Climático. Es una consecuencia. Su origen está no ya en la sequía (que también), sino en la aridez extrema. Los bosques que van quedando fuera de rango climático están extremadamente disponibles para quemar. Estos incendios liberan tanta energía que además de tener una atmósfera que les favorece, la aprovechan y la modifican, generando tormentas de fuego.”

“Si cambia el paisaje, y si cambia el clima, cambia el comportamiento del fuego los incendios se apagan, o no, de otra forma. Y el riesgo no es el mismo”, asegura Parrilla. En este sentido la responsable de Bosques de WWF en España, María Melero, en declaraciones a EFE, coincide con la visión de Parrilla y entiende que se dan las características de un incendio de sexta generación con la aparición de pirocúmulos, potentes columnas de aire caliente que se desprenden con la suficiente fuerza como para producir «sus propias nubes».

La ecologista de WWF ha explicado a EFE que, además, estos pirocúmulos provocan la propagación de pavesas, es decir, cenizas que caen a mucha distancia y que «pueden generar nuevos incendios», lo que hace que la extinción «sea mucho más complicada».