«Lo que pasa en el mundo afecta a tu vida». Fernando Arancón, director de El Orden Mundial, web especializada en análisis internacional, explica los motivos que llevaron a tres jóvenes estudiantes de Relaciones Internacionales a crear esta plataforma y ahora a lanzar El mundo no es como crees (Editorial Ariel). En la obra desmontan mitos y creencias de la geopolítica con el afán de lograr que algún día en España miremos hacia fuera para tener relevancia y ganar en poder de decisión.

«En España nos hemos mirado demasiado el ombligo. Nos interesaba poco lo que pasaba más allá de nuestras fronteras. La pandemia es el último ejemplo. Surge en Wuhan, en China, y el fondo de rescate, que nos puede aliviar, viene de Bruselas. Si no miras hacia fuera, pierdes relevancia y deciden por ti. Si no miras hacia fuera, siempre serás un país de menor de edad», explica Fernando Arancón, uno de los fundadores de El Orden Mundial, que se creó como blog en 2012.

El problema en España es que durante demasiado tiempo teníamos que focalizamos en la estabilidad interna, con lo que descuidamos nuestra capacidad de influencia externa. Un ejemplo alentador fue la presentación del non paper sobre el Plan Marshall europeo para paliar los efectos del coronavirus que sirvió de base a lo que posteriormente aprobaron los jefes de Estado y de gobierno como plan de ayuda a la recuperación económica.

Según Arancón, El mundo no es como crees, «es un libro optimista». Pecamos de eurocentrismo o de occidentalocentrismo porque quizá nuestro mundo no sea mejor que antes, pero en otros lugares como China o India las nuevas generaciones tienen más posibilidades que sus padres.

«Europa ya no pinta tanto en el mundo. Vive una época de estancamiento. Ha enganchado dos crisis seguidas y nuestro mundo se ha frenado. El pacto social se ha quebrado: no vamos a vivir mejor que nuestros padres con niveles de paro juvenil de un 40%», añade Arancón, licenciado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. La plantilla de El Orden Mundial es jovencísima, Arancón es el mayor con 28 años, por voluntad de ayudar a los más jóvenes en su búsqueda de empleo.

Desde las páginas del libro, que ya va camino de la segunda edición, y los artículos en su web, el equipo de El orden mundial pretende demostrar lo importante que es saber lo que pasa en el mundo.

El primer paso es terminar con falsas creencias que impiden abordar los problemas a tiempo y de forma más acertada y racional. Aquí presentamos una decena de estas leyendas urbanas totalmente erróneas, basándonos en el libro El mundo no es como crees, de El Orden Mundial, donde recopilan muchas más:

1. La pandemia se predijo y el virus no es de laboratorio

Desde hace años gobiernos e instituciones internacionales estaban alertados de que una epidemia era una amenaza real. «Nuestra estrategia de seguridad nacional lo decía desde 2017. También en las estadounidenses, las británicas. Era conocido que era un problema. No era un riesgo tan raro. En España, a raíz de no mirar al exterior, tenemos poca cultura de la catástrofe. Sin embargo, gestionamos bien las cuestiones relacionadas con el terrorismo. Con el tema sanitario no lo hacemos bien, porque nunca nos ha importado. Es el riesgo de no mirar hacia fuera. Nuestros problemas no se acaban en los Pirineos o la verja de Gibraltar», apunta Arancón.

La comunidad científica ha suscrito, con alta probabilidad, que el origen del brote epidémico es animal. La agencias de inteligencia coinciden, e incluso la OMS no ha visto ninguna modificación anormal en el genoma.

Pero es cierto que China puso trabas a conocer a tiempo lo que empezó a alarmarles a finales de 2019. El paciente 1, ya contagiado por otro infectado, dio positivo en noviembre, pero Pekín no hizo saltar las alarmas hasta enero de 2020. Perdimos un tiempo precioso, pero eso no justifica las teorías conspirativas que han surgido desde entonces. Cuanta más oscuridad, menos avance para el ciudadano.

2. El botón nuclear no existe

Lo hemos leído mil veces: los mandatarios al frente de potencias atómicas activan su arsenal con un botón, el llamado botón nuclear. Solemos pensar en Estados Unidos y su presidente.

Pero el procedimiento es distinto. Es un militar que acompaña al presidente de Estados Unidos allá donde va y es quien lleva una bolsa en la que está el mecanismo para desencadenar el lanzamiento de las armas nucleares así como información sobre el arsenal y las consecuencias del ataque. El presidente tiene una tarjeta con la que confirma su identidad.

Otros países con armas nucleares como China, Reino Unido o Francia tienen un sistema similar: un equipo de comunicación se encargaría de activar el proceso.

3. China no es un país comunista

La China actual, tal y como exponen los autores de El mundo no es como crees, tiene ya poco que ver con la república fundada en 1949. Conserva la bandera, y gobierna el Partido Comunista, pero el despegue de la que ahora es segunda potencia global, y en ascenso, comienza tras su muerte en 1976. Será Deng Xiaping el artífice del desarrollo chino.

La liberalización controlada de la economía, combinada con un férreo control del poder político, han favorecido un crecimiento que hasta la pandemia del coronavirus era vertiginoso. En este 2020 la China de Xi Jinping ha sufrido un frenazo su evolución, pero es una economía con gran capacidad de reactivación.

4. No todos los territorios tienen derecho a la autodeterminación

La confusión suele venir por mirar lo que ocurrió en el pasado con los ojos del presente, según los autores de la obra. «Lo cierto es que cualquier territorio del mundo no tiene por defecto ese derecho a la autodeterminación, o al menos no como se entiende normalmente».

En el mundo de posguerra, según se fija en la Carta de la ONU, el derecho a la autodeterminación se aplica a las colonias que aún existían, donde vivía gran parte de la población mundial. La ONU definió colonia como «todo territorio cuyo pueblo todavía no ha alcanzado un nivel pleno de autogobierno». Es lo que algunos interpretan como el derecho a convertirse en países independientes.

«Cualquier país independiente puede considerarse que, en teoría, tiene un nivel de autogobierno pleno, pero también pueden alcanzarlo otros territorios no independientes», concretan en la obra.

La ONU lo dejó claro en la resolución 2625, en la que se puntualiza que «todas las disposiciones de la autodeterminación no debían tenerse en cuenta en aquellos países que ya respetasen plenamente las distintas religiones, etnias o nacionalidades en su territorio y gozasen de los mismos derechos políticos y de representación».

5. Una monarquía no es menos democrática que una república

La calidad democrática de un país depende de otros factores diferentes a la forma de elección del jefe del Estado. Si bien una monarquía tiene un déficit democrático en relación a una república, su influencia es mínima en la calidad de la democracia de un país. Lo dejan claro los autores al comparar a Suecia o Países Bajos con Chad o Turkmenistán. ¿Qué países son más democráticos?

Según el Indice de Democracia de The Economist, de los 20 países considerados como «democracias plenas» siete son monarquías y otros tres podrían añadirse (Canadá, Australia y Nueva Zelanda, porque reconocen a Isabel II como su soberana de forma simbólica.

Lo que determina que un país sea o no democrático son las libertades políticas y civiles, el respeto a los derechos humanos, su nivel de corrupción, o la separación de poderes.

6. Los pobres no son pobres porque quieren

Como exponen en El mundo no es como crees, la pobreza es consecuencia de multitud de factores: el lugar de nacimiento, la familia, el entorno, incluso hasta la suerte. También influye el esfuerzo, por supuesto, y la voluntad, pero no siempre que uno quiere salir del pozo puede.

Ni uno es pobre porque quiere, ni lo es porque no se esfuerce. En Dinamarca un pobre puede ascender socialmente a clase media en dos generaciones. Es el ascensor social más rápido que se conoce. No ocurre lo mismo en España, mucho menos en Sudán. Difícilmente no serás pobre si naces en un país asolado por las guerras.

En los países ricos, como ocurre en Estados Unidos, cada generación actualmente es más pobre que la anterior. Es una de las razones por las que los obreros blancos depositaron su confianza en Donald Trump en 2016. Les prometía cambiar esta tendencia, de la que culpaba al que viene de fuera y quita el empleo y las potencias que producen más barato y a quienes se va el empleo.

7. Ni salto de valla ni patera

Según Fernando Arancón, «pretendemos abordar debates que son muy falaces: se trata de combatir la deshonestidad intelectual». Así afirmamos alegremente, o damos a entender, que los inmigrantes vienen en su mayoría saltando la valla o en patera. No es así. Ni es lógico ni es cierto.

Nos interpela para plantearnos qué haríamos si nuestro país estuviera en guerra o hubiera un dictadura sanguinaria. Lógicamente trataríamos de buscar el camino más fácil. Hay quienes no tienen otro remedio que huir en patera, pero hay otras opciones, y la mayoría optan por ellas. Los inmigrantes suelen venir en avión, o por carretera, cualquier vía que no sea tan arriesgada.

8. EEUU no es el país de las oportunidades

Hay un mito instalado en el consciente occidental que es falso: el sueño americano. Lo fomentan los políticos estadounidenses para crear un halo de país donde todo es posible. Quizá fuera así para quienes desembarcaron en el Mayflower.

Sin embargo, no todo el mundo que llega ahora a Estados Unidos y trabaja duro logra triunfar. Los datos lo demuestran: Estados Unidos es el sexto país más desigual de los 38 que contabiliza la OCDE. Con desigualdad, no se puede crecer. En cuanto a bienestar social, el nivel de EEUU es similar al de los países emergentes.

El nivel educativo ahora influye menos que la herencia paterna en Estados Unidos para lograr el ascenso social. Muy lejos del sueño americano. Un sueño solo acceso de unos pocos.

9. Franco no evitó que España entrase en la IIGM

Al contrario de lo que se encargó de propagar, el dictador Francisco Franco intentó a toda costa que España entrara en la Segunda Guerra Mundial. Fueron las grandes carencias que vio Hitler en la España de posguerra la que hicieron que el Führer fuera reticente. Pero Franco construyó ese mito al finalizar la guerra con sus aliados derrotados. Franco propagó la idea de que él había resistido a las presiones de Hitler.

10. El mundo no es como lo ves en los mapas

En un mapa en dos dimensiones no se representa el mundo como es. Es imposible trasladar las distancias y superficies de una esfera (el mundo) en una superficie plana. Para hacerlo hay que distorsionar algunas variables. La proyección que realizó el geógrafo Mercator, base de Google Maps, exagera las dimensiones de Groenlandia (del mismo tamaño que África, que es 14 veces mayor) o de Rusia o Canadá.

Es la metáfora que refleja mejor el espíritu del libro. Igual que un mapa bidimensional no refleja cómo es el mundo muchas de las creencias instaladas no son veraces. Algunas son anecdóticas (el botón nuclear) pero otras no, porque si pensamos que los pobres lo son porque quieren jamás daremos la importancia que tiene a la desigualdad, ni lucharemos para combatirla.

¿Y el mundo de mañana?

Arancón no cree que la pandemia nos vaya a llevar a un cambio drástico porque en realidad la decadencia de nuestro mundo ya había comenzado. «El mundo va a acelerar su cuesta abajo: Estados Unidos seguirá cansado de ejercer el poder mundial, la Unión Europea, a medio gas, y China en ascenso pero sin tener claro su liderazgo», afirma. «Hay que empezar a asumir que en las próximas décadas Europa y EEUU van a pintar menos. No somos el centro del mundo».  

Sobre la pandemia, sí que convendría asumir que las víctimas no solo son los que enferman y mueren directamente del coronavirus, sino también quienes sufren las consecuencias económicas, que tendrán efecto durante mucho tiempo. Ese impacto económico dejará huella en la salud de muchos de nosotros, lo que hace imprescindible una revisión del sistema sanitario. Esta pandemia ha dejado claro que debe ser un sector estratégico en todo país desarrollado.

Y concluye con un aviso: «Las consecuencias no van a acabar con la vacuna. Quedarán secuelas. Y de momento no estamos siendo resilientes. Nos limitamos a poner parches. Si aquel disparo contra el emperador Francisco Fernando en Sarajevo desencadenó la Gran Guerra, veremos a qué nos lleva este virus que se originó en Wuhan».