Mil y un días después del referéndum del Brexit y 721 después de invocar el artículo 50, el desconcierto en el Reino Unido es cada vez mayor. Faltan ocho días para la fecha en la que se haría efectiva la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la posibilidad de que se vaya sin acuerdo es mayor que nunca.

El Brexit se ha convertido en un laberinto de paradojas. Solo a una minoría (los euroescépticos del European Research Group) le interesa una salida sin acuerdo, pero puede suceder «por accidente», o mejor dicho, por incompetencia de unos líderes que no han estado a la altura de un desafío crucial. Lo expresaba este miércoles el diputado conservador Dominic Grieve: «Siento vergüenza».

Nadie sabe cómo acabará esta intriga, pero podemos hacer un balance de daños y ver qué nos espera a partir de ahora. May ha recordado: los diputados tienen en sus manos salir con acuerdo, sin acuerdo o revocar el artículo 50 y quedarse en la UE.

¿Por qué May ha pedido una prórroga de tres meses a la UE?

La primera ministra, Theresa May, ha jugado con el tiempo como si fuera un elemento a su favor, cuando se ha revelado ahora como su gran enemigo. El Acuerdo con los Veintisiete lo logró el 25 de noviembre de 2017, pero no se votó por primera vez hasta el 15 de enero. Perdió por 230 votos, la mayor derrota jamás vista en los Comunes.

Logró garantías adicionales sobre la controvertida salvaguarda (garantía para evitar la frontera interirlandesa) y volvió a votarse el 12 de marzo. De nuevo fue rechazado, por 143 votos.

May sigue enrocada en el Acuerdo y confiaba en una tercera votación antes del Consejo Europeo de mañana jueves 21 y viernes 22. Le paró los pies el speaker John Bercow, que demanda cambios sustanciales en el Acuerdo, invocando una prerrogativa del siglo XVII.

El obstáculo de Bercow puede salvarse, si se incorpora la prórroga, o bien si hubiera disposición entre los parlamentarios para aprobar el texto. En la noche del miércoles, May ha vuelto a hacer una declaración en la que ha echado la culpa a los diputados, que son curiosamente quienes han de dar luz verde al Acuerdo.

En lugar de seducirles, lanza un guiño a los británicos, «estoy con vosotros», y remarca: «Las opciones están claras: salir sin acuerdo, con este acuerdo, o no salir lo que causará un daño irreparable en la confianza de los ciudadanos».

A su pesar, porque ha lamentado no cumplir con el plazo del 29 de marzo, ha pedido a los Veintisiete tiempo para que sea posible una salida ordenada.

¿De quién depende May para aprobar el Acuerdo?

Lo paradójico es que va a necesitar a los laboristas para conseguirlo porque los brexiters, comandados por Jacob Rees-Mogg, están encantados con esa marcha con portazo. Ante ellos, May ha descartado este miércoles convocar elecciones, pero en una semana puede pasar de todo. En ese caso, habría prórroga justificada por las circunstancias.

Los unionistas norirlandeses, diez, pueden ceder y apoyarlo, sobre todo, para evitar las consecuencias económicas en Irlanda del Norte. Quieren que su destino esté unido al del resto de los británicos  pero una frontera con Irlanda pone en cuestión los Acuerdos de Viernes Santo.

¿Cuál es el problema de una prórroga más larga?

En principio, May quería jugar la baza de la posibilidad de solicitar más tiempo a la UE para que los brexiters y los unionistas vieran mejor salir en tres meses con acuerdo en lugar de dar opción a la UE a darles más tiempo con el riesgo de convocar un nuevo referéndum, como van a pedir en las calles el sábado los defensores de People’s Vote.

Sin embargo, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha dejado claro que solo habrá una prórroga corta, si los Comunes dan el visto bueno al Acuerdo. Los Veintisiete meten así presión a los Comunes, pero el órdago puede tener el efecto contrario al deseado. Los brexiters están encantados con este envite de los Veintisiete.

La barrera de los tres meses está marcada por las elecciones europeas, que se celebran el 23 y el 26 de mayo próximos.  El Parlamento Europeo se constituye el 2 de julio y por eso May señalaba el 30 de junio como tope.

Hasta ahora en Bruselas interpretaban que mientras no se rebasara esa fecha, no haría falta que el Reino Unido participara en los comicios.

Sin embargo, la Comisión Europea ahora ha estrechado más el margen temporal. El Reino Unido deberá salir antes del 23 de mayo. Si siguen hasta el 30 de junio, han de participar en las elecciones europeas, aunque luego se retiren antes de que se constituya el Parlamento. Parece una medida de precaución por si hubiera más aplazamientos.

Los eurodiputados elegidos en el nuevo reparto tras la salida de los británicos pasarán a ocupar sus puestos una vez que se marche el Reino Unido. Es decir, desde la primera sesión si la fecha fuera el 30 de junio.

¿Puede votarse el Acuerdo una tercera vez?

Como ha escrito May a Tusk, es su idea, pero se celebraría la sesión la semana que viene en los Comunes. La primera  ministra habrá de justificar ante el speaker esta tercera vez, pero no parece un escollo insalvable. Una opción sería que la reina suspendiera el periodo de sesiones y diera comienzo a otro, pero se buscarán alternativas que no compliquen a la monarca.

Lo más complicado es conseguir la mayoría a favor del texto, dado que la última vez aún cosechó 143 votos en contra. Los unionistas norirlandeses pueden terminar cediendo pero son una decena. Los laboristas tendrán en su mano esa salida ordenada para evitar un final de la relación con la UE sin acuerdo. Quieren una salida más suave, o incluso un nuevo referéndum.

En caso de que se vote y se apruebe, los Veintisiete, pese a las reticencias de Francia, harán probablemente caso a Donald Tusk y darán más tiempo al Reino Unido, hasta el 23 de mayo o el 30 de junio. Pero se necesita unanimidad, es decir, que todos y cada uno de los Veintisiete estén de acuerdo. Es decir, el Reino Unido, que votó el Brexit para recuperar el control, está a merced de los Veintisiete.

¿Puede revocarse el artículo 50?

Un grupo de diputados, entre ellos del Partido Nacional Escocés, y el liberal demócrata Vincent Cable han propuesto que el Parlamento se mantenga en guardia, celebre sesiones de forma permanente hasta encontrar un consenso, y como último recurso revocar el artículo 50. No es una opción que cuente con apoyo mayoritario a no ser que cunda el pánico.

Además hay una iniciativa popular, puesta en marcha por Margaret Anne Georgiadou, para demostrar  «El Gobierno afirma repetidamente que salir de la UE es ‘la voluntad del pueblo'», escribió la organizadora de la petición, Margaret Anne Georgiadou. Llevan ya cerca de 800.000 firmas. El Reino Unido puede hacerlo unilateralmente.

¿Y podría haber un segundo referéndum?

El Parlamento rechazó la semana pasada con un resultado abrumador (solo 85 votos favorables) la posibilidad de un segundo referéndum, pero este sábado veremos la fuerza en las calles de People’s Vote.

En Westminster defienden volver a consultar al pueblo los miembros del Grupo Independiente, con un 18% de apoyo en los sondeos, y también los  liberal demócratas. Prueba del nerviosismo de los laboristas con estos disidentes es el espectáculo que ha dado el líder laborista, Jeremy Corbyn, que dio la espantada en una reunión el miércoles por la presencia de su líder, Chuka Umunna.

¿Habrá salida sin acuerdo si May fracasa de nuevo?

Los parlamentarios británicos han votado en contra de una salida sin acuerdo «en ninguna circunstancia». Incluso May votó en contra de su propia propuesta para rechazar esa salida sin acuerdo porque quería que quedara claro el límite temporal del 29 de marzo. Su objetivo era negociar con ese miedo al abismo. Pero ese voto no es vinculante. Y más allá de la legalidad, si no hay acuerdo, y el reloj marca la medianoche del 29 marzo, ese abismo será un hecho.

En ese caso, la Unión Europea podría dar más tiempo in extremis para amortiguar el impacto y controlar la salida sin acuerdo. Sería una caída por el precipicio con paracaídas, pero nadie saldrá indemne.