CARMEN VIVAS

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Quién es quién en el laberinto del Brexit

Internacional | Política CRISIS DEL BREXIT

Quién es quién en el laberinto del Brexit

Los que han llevado al Reino Unido al caos y los que son cruciales en esta fase

Si usted es de los que se ha perdido en el laberinto del Brexit, no es el único. Todo el Reino Unido contiene la respiración y se pregunta: ¿Y ahora qué?, como lo hace la revista The Economist en su última portada, “Un país en caos”, sentencia la publicación.

https://twitter.com/TheEconomist/status/1106180515080622080

Esta semana el Parlamento británico ha rechazado por segunda vez el Acuerdo de Salida que suscribieron en noviembre los Veintisiete y la primera ministra, Theresa May. Por 143 votos, incluidos los euroescépticos conservadores y los unionistas norirlandeses. Y no hay plan alternativo que tenga el aval de la Cámara.

A su vez, el miércoles los Comunes han votado en contra de una salida sin acuerdo “en ningún caso y bajo ninguna circunstancia”, gracias a una enmienda aprobada e incorporada a la propuesta del Gobierno que solo se refería al 29 de marzo, fecha prevista para la salida.

Como May no quería descartar la salida sin acuerdo como baza negociadora, acabó votando en contra de la propuesta del Gobierno, aunque no todos los ministros hicieron lo mismo.

Esa hipotética salida sin acuerdo bajo ninguna circunstancia, que salió adelante por 43 votos de diferencia, no es legalmente vinculante, así que en realidad es un brindis al sol.

Más cerca del abismo

Sigue siendo posible, salir sin acuerdo, el abismo, en términos bruselenses, aunque no sea probable. Si no hay un acuerdo sobre la mesa el 21 de marzo, cuando se reúne el Consejo Europeo, dar más tiempo o no quedará en manos de cada uno de los miembros de la Unión Europea. Sin más tiempo habría salida sin acuerdo «por accidente».

“Querían recuperar el control (uno de los lemas de la campaña del al Brexit) y ahora, si no aprueban un acuerdo, el Reino Unido dependerá de cada uno de los Veintisiete para no salir sin acuerdo”, afirma Belén Becerril, subdirectora del Instituto Universitario de Estudios Europeos. El voto sobre la ampliación del artículo 50 es por unanimidad.

La semana no terminó ahí. Tras decidir que no querían salir con el Acuerdo de May, ni tampoco sin Acuerdo, los diputados británicos rechazaron el jueves un segundo referéndum (con la abstención de una mayoría laborista), estuvieron a punto de hacerse con el control del calendario del Brexit (por solo cuatro votos May se salvó). Aprobaron pedir una prórroga hasta el 30 de junio, siempre y cuando den visto bueno a un acuerdo antes del Consejo Europeo del 21 y 22 de marzo.

¿Qué acuerdo? El que los diputados ya han votado dos veces, con garantías adicionales de la UE incluidas. El jueves, en una cabriola jamás vista por los cronistas parlamentarios, el ministro del Brexit, Steve Barclay, votaba en contra de la prórroga, después de haberla defendido “por el interés nacional” minutos antes. También lo hicieron otros siete ministros.

Barclay es el tercer ministro para el Brexit de May, después de David Davis, que dimitió en julio de 2018 y Dominic Raab, antes de firmarse el Acuerdo con los Veintisiete, en noviembre de 2018.

Nadie como Jon Snow, experimentado periodista de Channel Four, para expresar cómo se sienten los británicos después de contemplar estos tres días la representación del caos en donde debería reinar el buen juicio.

Nadie en el país sabe lo que está pasando. El gobierno se va a pique. El país se va a pique. Somos el hazmerreír», estalló el periodista Jon Snow

En una entrevista al ministro de Salud, Jon Snow estalló, presa de la indignación: “Usted sabe mejor que yo que el Parlamento es profundamente representativo del país. Está hecho trizas. Nadie en el país sabe lo que está pasando. Nadie ahí dentro lo sabe. Y tampoco lo saben en el gobierno. El gobierno se va a pique. El país se va a pique. Somos el hazmerreír”.

De modo que nadie sabe lo que va a pasar con el Brexit con certeza. Ni siquiera tienen una respuesta los brexitólogos más avezados, que cuentan con un tercer o incluso un cuarto voto sobre el Acuerdo de May, o no descartan una salida sin Acuerdo “por accidente”,

Lo que sí conocemos es quiénes desempeñan un papel crucial a la hora de buscar la salida de este laberinto y quiénes han puesto su granito de arena para hacer creer a una mayoría de británicos que la salida era una línea recta fácilmente franqueable.

David Cameron, el culpable

Merece un lugar en la Historia para describirle como uno de los peores primeros ministros del Reino Unido. Cayó en la trampa de aceptar la convocatoria del referéndum sobre el Brexit en 2013 por temor a que los euroescépticos de sus filas (Boris Johnson, Michael Gove) dinamitaran el partido. La presión del UKIP, liderado por Nigel Farage, hacía temer una fragmentación del voto conservador y la victoria laborista.

Con la concesión del referéndum, Cameron ganó por mayoría absoluta en mayo de 2015. Catorce meses después quedaba sepultado por el Brexit. A los 39 años era líder tory, a los 43, primer ministro, y a los 50 había cavado su fosa política.

Dejó hacer a sus contrincantes que tenían una estrategia muy bien diseñada y forzaron a convocar la consulta sobre el Brexit lo antes posible, en junio de 2016.

Lo cuenta el documental de HBO titulado The Uncivil War, donde se describe cómo la campaña de Vote Leave (Vota salir) estaba al mando de Dominic Cummings, un Maquiavelo del siglo XXI. “Ha llegado una nueva forma de hacer política. Una que no podemos controlar”, dice Cummings. Así lo estamos viviendo.

Con lemas como “Take back control (recuperemos el control)” y mentiras como el gasto millonario en la UE, que faltaba en sanidad, por ejemplo, junto a un uso de los datos personales de los votantes, hizo posible el sueño de eurófobos como Boris Johnson y Nigel Farage, quienes dejaron a otros la labor de arreglar el desperfecto.

Nunca explicaron cómo se saldría de la UE. Preguntaron si se quería dejar la UE como quien pide opinión sobre un postre. Y Cameron lo hizo posible por temor -qué paradoja- a una división entre los conservadores, y confiado en que la suerte le acompañaría como cuando se votó en Escocia por la independencia.

Olvidó el entonces primer ministro conservador que en Escocia la campaña a favor de la permanencia en el Reino Unido contaba con un activista muy sólido, el ex primer ministro laborista Gordon Brown. Una de las ventajas de quedarse en el Reino Unido para Escocia era seguir en la Unión Europea. Pero el 23 de junio de 2016 un 51,9% de británicos votó a favor de salir y un 48,1% en contra.

A los escoceses les defiende en el Parlamento británico el jefe del grupo parlamentario del Partido Nacional Escocés (SNP), Ian Blackford, muy combativo en la defensa de la permanencia en la Unión Europea. La unidad del Reino Unido está en peligro.

Cameron asegura que volvería a convocar la consulta. Está ultimando sus memorias, da conferencias y ha creado un fondo de inversión China-Reino Unido de 1.000 millones de dólares.

Theresa May, experta en derrotas

Theresa May fue ministra del Interior con Cameron. Era partidaria de seguir en la UE en el referéndum. Logró el liderazgo conservador, sin enfrentarse al gran brexiter Boris Johnson, que dio un paso atrás. “No soy la persona adecuada para llevar las riendas del poder”, dijo entonces Johnson, después de abanderar la salida de la UE.

May acuñó entonces un lema que luego le pasará factura: “Brexit significa Brexit y haremos que sea un éxito”. No sabía lo difícil que sería su misión. En Westminster Brexit tiene tantos significados como diputados y es el mayor fracaso de la historia reciente del Reino Unido.

Las llaves de una eventual aprobación del acuerdo están en manos de Foster, líder unionista, y de los euroescépticos»

Un año más tarde, convocó elecciones generales con la idea de reforzar su liderazgo, pero los conservadores perdieron su mayoría absoluta y quedaron a expensas de los diez diputados unionistas norirlandeses del DUP, liderados por Arlene Foster, ahora todopoderosa.

Arlene Foster no descarta dar el visto bueno al Acuerdo de May. Tiene en sus manos las llaves del laberinto, junto con los euroescépticos.

Defiende las mismas condiciones para Irlanda del Norte que para el resto del Reino Unido pero restablecer la frontera con Irlanda pondría en riesgo los Acuerdos de Viernes Santo, la costosa paz en el Ulster.

En estos dos años y nueve meses, May ha sufrido humillaciones sin fin. Pero la primera ministra cae y vuelve a levantarse con una resiliencia a prueba de dimisiones en su gobierno y votaciones en el Parlamento. Esta semana su ronquera reflejaba su creciente debilidad.

Desde Churchill nadie ha tenido una misión tan compleja como la de May», señala Miguel Ángel Benedicot

“A May le ha tocado el peor papel que le podía corresponder a un primer ministro. Desde Churchill nadie ha tenido una misión tan compleja. Siempre tiene una opción que es la retirada unilateral del artículo 50 para evitar in extremis un Brexit duro. O volver a defender su acuerdo. O puede convocar elecciones anticipadas. Es quien más cartas tiene sobre la mesa”, señala Miguel Ángel Benedicto, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea.

Ha superado una rebelión interna, en forma de moción de confianza promovida por los euroescépticos, y también una moción de censura, planteada por el líder laborista, Jeremy Corbyn. Por apenas 19 votos.

En el Parlamento la voz de los europeístas pragmáticos la encarna un conservador con gran experiencia, Kenneth Clarke, el decano de los diputados y ex ministro de Hacienda y Educación. Defiende el Acuerdo de May, como mal menor.

May ahora lucha contrarreloj para ganarse el apoyo de los unionistas que lidera Arlene Foster y los euroescépticos como Jacob Rees-Mogg. Confía en que a la tercera votación consiga el , aunque sea por la mínima. Es capaz de bailar para celebrarlo. Si pierde, aún tendría tiempo para una cuarta votación in extremis. Si lo permite, el speaker, John Bercow.

Jeremy Corbyn, oportunidad perdida

El líder laborista, Jeremy Corbyn, ha perdido la oportunidad de convertirse en el adalid del europeísmo y plantar cara al extremismo identitario que es lo que representan en realidad los ultranacionalistas que avalaron el Brexit.

Ha insistido en los debates más en unas nuevas elecciones que en buscar alternativas que cuenten con apoyo mayoritario o en defender un segundo referéndum de forma clara. Se ha opuesto al Acuerdo de May con la misma obstinación que la primera ministra lo ha defendido. Aboga por un Brexit más blando pero no ha logrado consensos para que salga adelante.

Solo cuando ha visto que su partido se fragmentaba ha admitido la posibilidad de volver a consultar a los británicos. El Grupo Independiente, abanderado por Chuka Umunna, ha tomado esta bandera.

“Siempre ha sido antieuropeo. Ha mantenido una posición excesivamente numantina. Ha prevalecido su visión euroescéptica antes que pensar en el país”, señala Benedicto.

Han sido otros diputados laboristas como Hilary Benn, hijo de Tony Benn, líder histórico del laborismo, junto a Yvette Cooper, quienes se han unido a conservadores como Oliver Letwin y Dominic Grieve para que el Parlamento se hiciera con el control del Brexit. Perdieron el jueves por apenas cuatro votos.

John Bercow, de árbitro a superstar

El speaker (presidente del Parlamento británico) se ha convertido en la estrella de la interminable serie del Brexit que se rueda en Westminster. Sus potentes llamadas al orden (Order!!!), su sentido del humor y sus reprimendas le han convertido en un personaje atractivo para los medios. Ha confesado a los diputados que tiene un gato llamado Order, con el que ensaya sus intervenciones  parlamentarias.

John Bercow, de 55 años, es el primer speaker que ha sido reelegido tres veces desde la Segunda Guerra Mundial. Lleva en el puesto desde 2009. Es el maestro de ceremonias de esas votaciones en las que los diputados se trasladan al pasillo del , a la derecha del aye (sí) o del no, a la izquierda, a la espera del recuento de dos tellers por cada lado.

Está empeñado en que el Parlamento recupere su voz y no duda en aceptar enmiendas que ponen en serio peligro al Gobierno. Para muchos conservadores es un traidor.

Es defensor de la permanencia en la Unión Europea, pero también lo fue May. Para sus críticos se ha escorado a la izquierda. Su esposa, Sally Illman, lleva en el coche una pegatina de la Unión Europea.

Su padre era vendedor de coches y taxista en Londres, y estudió en Essex, al contrario que Carmeron, Johnson o Rees-Mogg, que se han formado en Eton. Para muchos de ellos es una figura incómoda, un don nadie que se cree parte de la realeza por su cargo.

De origen judío (su apellido era Berkowicz), fue ultraconservador en su juventud, mientras que ahora es de centro izquierda. Vive en un apartamento en el Parlamento, que remodeló a costa del contribuyente por 25.000 libras.

El ‘speaker’ puede desestimar la votación del Acuerdo de May por tercera vez», señala Carlos Campillos

Su papel es crucial en estos días. Es quien tiene la última palabra a la hora de aceptar enmiendas de los backbenchers (diputados sin cargos) que modifican la propuesta del Gobierno, o la invalidan. Por ejemplo, esta semana pasada aceptó que se votara sobre un segundo referéndum, pero descartó que se rechazara por completo esa opción. «Puede desestimar la votación del Acuerdo por tercera vez», como nos puntualiza Carlos Campillos, cofundador de Con Copia a Europa.

En su cuenta de Twitter reproduce una imagen que refleja bien cómo ve su papel con sentido del humor

Geoffrey Cox, la encarnación de la ley

Este abogado adinerado, de 58 años, atrajo las miradas en el congreso conservador de octubre de 2018, cuando hizo un alegato, marcado de teatralidad, del Brexit.

Por su voz de barítono y su exposición de los hechos le llaman el Gandalf de los tories. “El precio de pertenecer a la UE era demasiado alto”, dijo en el congreso conservador.

En julio había sido nombrado abogado general del Reino Unido. Representa a la reina y aconseja al Gobierno.

Hasta entonces era sobre todo conocido por ser uno de los diputados con más ingresos extra (840.000 libras en 2014, por ejemplo), Aún así, se atrevía a pasar gastos por un refrigerador (95 libras) o botellas de leche, según ha publicado The Daily Mirror.

De su último dictamen sobre las garantías adicionales que ha dado la Unión Europea sobre el backstop o la salvaguarda (para evitar una frontera entre las dos Irlandas) depende en gran parte que los unionistas norirlandeses y los euroescépticos cedan y vean más conveniente el Acuerdo de May que una espera más prolongada.

La cuestión legal sobre el ‘backstop’ permanece inalterable, aunque el riesgo es menor», dijo Cox

El martes 12 se esperaba que emitiera un juicio favorable a las garantías obtenidas por May in extremis, pero sobre el papel Cox dijo que la cuestión legal de la salvaguarda permanecía “inalterable”, si bien los riesgos se habían “limitado”.

Fue un duro golpe que impidió que el Acuerdo saliera adelante, aunque ante los Comunes Cox defendió que el Acuerdo era una cuestión política y no jurídica. Cox estuvo en las negociaciones con la UE de esas garantías, junto al equipo británico que lidia con Michel Barnier, el responsable de la UE para el Brexit.

Sin embargo, ahora los expertos jurídicos están considerando que se puede considerar aplicable la Convención de Viena, según el cual los tratados se pueden romper “si cambian las circunstancias”. Con este argumento, y el riesgo de que se revoque el artículo 50, o se convoque otro referéndum, May quemará las naves la próxima semana con otra votación.

Jacob Rees-Mogg, la vuelta al siglo XIX

Junto a Boris Johnson, ex periodista en Bruselas fabricante de bulos antieruopeístas, ex alcade de Londres y ex ministro de Exteriores, entre los euroescépticos destaca Jacob Rees-Mogg. De los dos se habla desde hace tiempo como sucesores de May en el liderazgo conservador.

Impulsor del paradójico European Research Group (ERG), más que investigar dinamita todo lo europeo, defiende una salida sin acuerdo y asegura que sigue siendo la mejor opción posible.

Promovió una moción de confianza de los conservadores contra May, en noviembre de 2018, pero perdieron, lo que daba a la primera ministra un año de oxígeno, en teoría, dentro de sus propias filas.

«Parece sacado de una máquina del tiempo de 1850», dice John Carlin de Rees-Mogg

Según el periodista John Carlin, “parece sacado de una máquina del tiempo de 1850”. Rees-Mogg viste siempre con traje de tres piezas y corbata, y sus modales son exquisitos.

Cumple 50 años en mayo, y proviene de una adinerada familia de Somerset, que hizo fortuna con las minas de carbón. Su padre fue editor de The Times y él presume de leer el Financial Times desde los 12 años y asistir desde la adolescencia a las juntas de accionistas de las empresas en las que era inversor.

Es católico y es padre de cinco hijos. De su sentido del humor da cuenta cómo incluyó en su cuenta de Twitter una parodia que se difundió en YouTube.

Umunna y la fuerza de People’s Vote

«No se trata de reescribir la historia, ni de traicionar la voluntad popular expresada en el primer voto», reitera en las manifestaciones Chuka Umunna, portavoz del Grupo Independiente en el Parlamento. «Se trata de cerrar el proceso democrático igual que empezó: dando a la gente la oportunidad de pronunciarse sobre el acuerdo final».

Chuka Umunna, ex laborista, crítico con el viraje a la izquierda de Corbyn, y Anne Soubry, ex conservadora, encarnan en el Parlamento la fuerza de People’s Vote, que demandan que se celebre un segundo referéndum. El 23 de marzo medirán su fuerza en las calles con una gran manifestación.

Contar con más tiempo juega a su favor. En los sondeos ya rondan el 18% de los apoyos y en sus filas militan diputados liberaldemócratas y verdes también.

Umunna, con 40 años cumplidos, lleva desde 2010 en el Parlamento. De padre nigeriano, empresario dedicado a la importación y exportación, y madre angloirlandesa, los medios le calificaron como el Obama británico. Es nieto de uno de los fiscales de los juicios de Nuremberg.

Susana del Río, profesora del Máster Unión Europea del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, destaca entre los protagonistas del Brexit al movimiento People’s Vote: “En el bumerán continuo que es el Brexit, la voz de los ciudadanos británicos que quieren quedarse en la UE ha podido encauzarse con esta campaña. A través de movilizaciones en el Reino Unido y en otros países aclaman la necesidad de un nuevo referéndum”

En People’s Vote están mostrando más unidad y organización que los parlamentarios británicos», afirma Susana del Río

Según del Río, “al referéndum fueron los ciudadanos a votar desinformados respecto a lo que significa no formar parte de la Unión Europea. La desinformación y las noticias falsas invadieron el referéndum. Ante un error histórico y político de esta dimensión, ciudadanos unidos en la plataforma People’s Vote están mostrando más unidad y organización que los propios parlamentarios británicos”.

En conclusión, la investigadora destaca cómo “People´s Vote, reivindica que, ante la situación de que no hay mayoría parlamentaria para ninguna opción, la de avanzar es volver a dar voz y voto a los ciudadanos británicos. La democracia representativa y la política están olvidadas en el Parlamento de Westminster. People’s  Vote da visibilidad a ciudadanos que se mueven y luchan de manera ordenada por una causa común: quedarse en la UE”.

Volver a los Rolling Stones

Como referentes no les faltan a los británicos, el propio Cox en su discurso en octubre de 2018 ante los conservadores evocaba una canción de los Rolling Stones, unos gentlemen de la música pop. “You cant’ always get what you want, but if you try sometime you get what you need”. No siempre puedes tener lo que quieres, pero si lo intentas a veces tienes lo que necesitas.Tomen nota, sus señorías.