El presidente de México, Andrés Manuel Lopez Obrador, conocido como AMLO.

El presidente de México, Andrés Manuel Lopez Obrador, conocido como AMLO. EFE

Internacional

AMLO es México primero

La sociedad mexicana está cada vez más polarizada en torno a la figura del presidente

Hizo historia el 1 de julio de 2018. Era la primera vez que un líder de izquierdas vencía en las elecciones presidenciales en México. Andrés Manuel López Obrador, conocido como AMLO, llevaba intentándolo desde 2006. “La patria es lo primero”, dijo nada más ser elegido. Lleva en el cargo desde el 1 de diciembre.

Nacionalista a ultranza (mexicano tabasqueño), populista declarado y devoto de Benito Juárez, AMLO despierta filias y fobias entre los mexicanos, igualmente intensas.

A la Presidencia le alzaron en gran parte los jóvenes, ante quienes supo presentarse como un candidato del cambio, «de la modernidad, aunque era el más viejo», presumía entonces.

México es su prioridad, hasta tal punto que durante años no tenía pasaporte y defendía como lema:”La mejor política exterior es la buena política interior”, según escribió Enrique Krauze en su memorable perfil El Mesías Tropical, publicado en Letras Libres.

A contracorriente

AMLO (Tepetitán, 1953) se mueve a contracorriente en América Latina, cuando sopla el viento del liberalismo más fuerte que nunca. No es un Chávez porque ni es militar ni México es Venezuela. Logró la victoria con la coalición Juntos Haremos Historia, una alianza en la que tendió la mano a los evangélicos de Encuentro Social.

Es un hombre cultivado, licenciado en Políticas y con vocación de historiador, con un pasado como activista social con una gran capacidad movilizadora, y una obstinación a prueba de maquinarias electorales como la del PRI, en el que militó brevemente, aunque gran parte de su carrera política la hizo en el PRD.

Cuando perdió, por un escaso 0,1% en 2006, frente a Felipe Calderón, organizó un plantón histórico en el Zócalo que mantuvo durante meses para denunciar el fraude.

Elocuente, y ahora remozado gracias “a las benditas redes sociales”, es todavía para muchos “un rayo de esperanza” contra la desigualdad imperante en México, tierra de grandes fortunas (Carlos Slim) y de la ultrapobreza.

Por sorprendente que parezca, el credo del primer presidente de izquierdas de México se acerca más al de Trump, un nacionalismo populista apuntalado en el pragmatismo de los hechos consumados. No libra peleas contra Trump, que sabe perdidas, prefiere mirar 500 años atrás y evocar la conquista de los españoles.

«Con la espada y con la cruz»

“Fue una invasión. Hubo matanzas, imposiciones. La llamada Conquista se hizo con la espada y con la cruz”, ha escrito AMLO al rey Felipe VI, al que conmina a pedir perdón en nombre de España por el daño causado a los pueblos indígenas.

Asegura que la idea es “iniciar juntos un proceso de reconciliación”. Es la primera vez que un presidente mexicano suscribe esta demanda.

El escritor Mario Vargas Llosa ha respondido a AMLO que haga examen de conciencia y empiece por atender como merece a la población indígena que vive en condiciones de pobreza en México en la actualidad. En la misma línea se han manifestado los líderes indígenas.

Curiosamente AMLO es nieto por vía materna de un inmigrante santanderino, originario de Ampuero, de modo que también proviene de esos conquistadores  Hace seis meses recibió un homenaje en esta localidad cántabra.

La excusa es la proximidad del quinto aniversario de la toma de Tenochtitlán, capital azteca, por Hernán Cortés en 1521. Fue precisamente en Tabasco, cuna de AMLO, en donde desembarcó Hernán Cortés y donde conoció a La Malinche. Indígena náhuatl, fue una de las mujeres que entregaron a Cortés los indígenas de Tabasco tras la derrota de Centla. Hizo de intérprete, asesora y madre su hijo Martín.

AMLO ha señalado al enemigo exterior con un viaje en el tiempo de 500 años, apenas dos meses después de la visita del jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, la primera que recibía de un mandatario extranjero ya como presidente.

Es una muestra de su espíritu nacionalista, que se rebela contra el enemigo exterior, la España de hace 500 años», dice Jordi Bacaria

“Su política exterior es poco hábil y poco medida, al contrario de la tradición diplomática mexicana. Es una muestra de su espíritu nacionalista que se rebela contra el enemigo exterior, no contra Trump y el Muro,, sino contra la España de hace 500 años”, señala Jordi Bacaria, editor de la versión latinoamericana de Foreign Affairs.

Aviso a empresas españolas

Apunta Bacaria dos razones que tienen que ver con la actualidad. “Sería una llamada de atención a las empresas españolas a las que están y a las que pueden estar. Supone una actitud beligerante en el ámbito de las inversiones, cuando las necesita curiosamente”.

En la actualidad hay unas 6.000 empresas españolas con inversiones en México, y cada vez es mayor la preocupación por la incertidumbre que despierta esta actitud del presidente.

Otra razón sería Venezuela. AMLO, que fue muy crítico con la dictadura de Augusto Pinochet, ahora confiesa “no conocer bien a Maduro” y por ello ha defendido la opción del diálogo con el líder chavista.

Aunque no fue a la toma de posesión de Maduro en su segundo y cuestionado mandato, como sí lo hicieron los presidentes de Cuba, Nicaragua y El Salvador, dista mucho de apoyar al presidente interino Juan Guaidó. España ha reconocido a Guaidó como presidente encargado de convocar elecciones.

Tabasqueño apasionado

Si bien López Obrador es un hombre con una personalidad compleja, su origen tabasqueño explica en gran medida su carácter.

En uno de sus dos libros sobre este estado,  AMLO explica cómo el tabasqueño es pasional y ha de aprender a controlar sus emociones para adaptarse al Altiplano.

Los tabasqueños no sabemos disimular… Aquí todo aflora y se sale de cauce», escribió López Obrador

“En Tabasco la naturaleza tiene un papel relevante en el ejercicio del poder público. En consonancia con nuestro medio los tabasqueños no sabemos disimular. Aquí todo aflora y se sale de cauce…”.  Pasó su infancia y juventud en ese ambiente donde todo se desboca fácilmente. De allí procede el apelativo cariñoso con el que muchos le conocen, El Peje, por el pejelagarto, pez típico tabasqueño.

Nada le gusta más que hablar de Tabasco, sobre historia de México y de béisbol, pasión que comparte con su hijo menor, Jesús, de 11 años, fruto de su segundo matrimonio con Beatriz Gutiérrez Müller, 25 años más joven, a quien conoció en una entrevista. Tiene otros tres hijos de su primer matrimonio.

Ferviente servidor público, como se ve, asegura que tiene una guía clara: “El pueblo nunca se equivoca”. AMLO entiende que la guía para la llamada cuarta transformación en México no está en referentes externos, sino en el pasado nacional. “Hay que ser como Lázaro Cárdenas en lo social y como Benito Juárez en lo político”, según confesaba a Enrique Krauze.

Primeros cien días

Coincide este arranque de nacionalismo anti español de AMLO con sus primeros cien días en la Presidencia, ya que juró el 1 de diciembre, cinco meses después de su sonada victoria electoral.

En este momento, pese a sus llamamientos a la reconciliación nada más lograr su ansiado objetivo de ser presidente, la sociedad mexicana está cada vez más polarizada.

O estás con AMLO o estás contra AMLO. Si estás, recibes sus beneficios: si vas en su contra, eres enemigo del cambio social», dice Bacaria

O estás con AMLO o estás en contra de AMLO. Si estás, recibes sus beneficios; si vas en contra, eres enemigo del cambio social. Esto es muy peligroso. No es una polarización entre ricos y pobres”, señala Bacaria. “Puede que se encauce pero de momento genera incertidumbre”.

Al intelectual Enrique Krauze es precisamente el escaso apego a la libertad lo que más le preocupa de López Obrador. “No valora la libertad ni entiende la naturaleza moral, política e histórica del liberalismo. Esa incomprensión entraña peligros muy serios para la democracia mexicana”, escribía el intelectual en El Pais.

Al tomar posesión cargo del Distrito Federal, en 2000, ya expuso que su guía era la democracia popular. “El gobierno es el pueblo organizado, o para decirlo de otra manera, el mejor gobierno es cuando el pueblo se organiza y se gobierna a sí mismo”.

Resuenan ecos bolivarianos. De esa época al frente de la capital federal se recuerdan los programas sociales, especialmente el plan de pensiones y de ayuda a sectores marginados. De ahí que en estas elecciones fuera recibido como quien pudiera luchar contra la corrupción y la desigualdad.

La escritora Elena Poniatowska, aún esperanzada con el presidente, opinaba sobre aquel periodo de López Obrador en The New York Times en español: “AMLO se ocupó no solo de dar útiles escolares a niños y adolescentes, proteger a madres solteras, implementar medidas para discapacitados, desempleados y dar atención médica y medicamentos gratuitos a familias sin seguro social, sino que construyó nuevas preparatorias en las zonas más pobres de nuestra ciudad y fundó la Universidad Autónoma de la Ciudad de México… Redujo su sueldo y el de sus funcionarios; demostró que la austeridad no era una limitante”.

Como anécdota y reflejo de su incansable actividad, eran famosas entonces sus convocatorias de prensa a las seis de la mañana. Ahora primero se reúne con sus asesores a las seis y a las siete con la prensa.

En la última se fue la luz y la situación recordó a los apagones venezolanos por un instante. “Es un complot”, se le oyó decir en tono de broma.

En estos primeros cien días se han observado muchos gestos grandilocuentes y  pocas políticas efectivas. Jorge G. Castañeda, ex ministro de Exteriores de México, lo exponía en un artículo en The New York Times en español.

“Les quitó a los ex presidentes sus pensiones, optó por volar en aviones comerciales en vez de usar el Boeing presidencial (aunque el gobierno aún deberá seguir pagando el arrendamiento anual hasta que se venda) y convirtió a la residencia presidencial de Los Pinos en un museo abierto al público”. He aquí los gestos, muy aplaudidos.

Recuerda Castañeda cómo AMLO prometió en campaña todo lo que puede prometerse, incluido un sistema de salud universal tipo escandinavo.

Hasta ahora apenas ha tomado decisiones, siendo la más loable la subida del salario mínimo, incluso duplicarlo en la frontera norte. La más incomprensible es la cancelación de las obras del aeropuerto capitalino, ya a medio construir.

Va a formar una Guardia Nacional para combatir el delito. Parece una señal de militarización de la lucha contra las drogas y el crimen organizado, que se ha cobrado 250.000 víctimas desde 2006.

Ha anunciado la creación del tren maya, hacia la Península del Yucatán, y asegura que habrá más becas a los estudiantes y prácticas pagadas. Los ingresos del Estado cayeron en enero un 7,5% así que cada vez es más dudoso saber de dónde tendrá fondos para financiar sus políticas.

Sin embargo, elimina la financiación de organizaciones sociales para favorecer a los usuarios, lo que puede ser la base del clientelismo. Según Castañeda, cada vez concentra más poder, al nombrar a afines en la cúpula judicial, mientras la oposición está desbaratada.

Es cierto que apenas son cien días y los desafíos a los que se enfrenta México son enormes. Lo más inquietante es que se agrave la polarización en la que se fundamentan los populismos y los autoritarismos de todo pelaje. Está a tiempo de frenar la cadena del odio.

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