Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia de México en diciembre de 2018 impulsado por un duro discurso contra las élites económicas del país, entre las que destacan grandes empresas españolas. Decisiones como la suspensión de la construcción de un nuevo aeropuerto en Ciudad de México o la posibilidad de cancelar la reforma energética aprobada por su antecesor han puesto en jaque los intereses de compañías como CC, Acciona, Sacyr, Aldesa, Repsol, Cepsa o Iberdrola, a las que se suman BBVA y el banco Santander como grandes operadores económicos españoles en el país azteca. Su discurso incluía acusaciones a las empresas españolas por fomentar la corrupción en el país.

Pedro Sánchez intentó calmar esa inquietud con una visita institucional acompañado por una delegación de empresarios en el mes de enero, después de que el rey Felipe VI asistiera a la toma de posesión del mandatario mexicano. El presidente español se esfozó por defender a las compañías españolas. «Nada tenemos que ver con la corrupción, sois actores prosperidad y progreso», aseguró en uno de los actos de su visita, en la que destacó la buena relación entre ambos países y la sintonía de ambos Gobiernos como progresistas. «Una cosa que no es verdad: las empresas españolas no han creado la corrupción en México». «Por mucho que se repita que las empresas españolas son responsables de la corrupción, no es así, aseguró también el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Antonio Garamendi.

Salvada esa crisis, el presidente mexicano, conocido como AMLO se descuelga ahora con unas cartas al presidente del Ejecutivo y al jefe del Estado que reaviva la leyenda negra de España durante la conquista de América. La conexión entre ambos discursos podría generar un ambiente de animadversión hacia España que sería propicio a la hora de tomar decisiones adversas a los intereses económicos del país en México.