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El lado oscuro de las misiones médicas: 622 sanitarios contra Cuba ante la ONU

El 'ejército de batas blancas' de Fidel Castro cumple 15 años bajo acusaciones de violaciones de los derechos humanos

Cuba misión médica

Miembros de una misión médica cubana a su regreso de Guinea tras ayudar con la pandemia. TWITTER

Es conocido como el caso de los 622 médicos cubanos contra el Estado cubano. Acaba de ampliarse la denuncia presentada ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra y la Corte Penal Internacional. Los sanitarios denuncian un trato abusivo y de pseudoesclavitud en esas misiones médicas, de las que presume Cuba ante el mundo. A su vez, suponen una sustanciosa fuente de ingresos.

Uno de estos 622 sanitarios es Manoreis Rojas, especializado en traumatología y ortopedia, que reconoce que aceptó la misión para salir del país. «Era la única vía de escape que tenía», explica en una rueda de prensa virtual Manoreis, quien dejó la misión y por esa razón no puede volver a la isla. Lleva separado de su familia desde entonces. Ni siquiera le dejaron ver a su hija cuando intentó suicidarse. Tampoco su familia puede unirse a él donde vive, primero en Ecuador y luego en Estados Unidos.

Entre 5.000 y 10.000 padres no pueden ver a sus hijos por haber dejado una misión o no haber regresado a Cuba después. Esta acción se considera delito y está penado con ocho años de prisión, en principio, que se convierten en ocho años de separación familiar.

Leonel Rodríguez Álvarez, médico internista de 50 años, de La Habana, estuvo en Guatemala de 2010 a 2012 y en Ecuador de 2015 a 2018. «Me apunté para poder ayudar a mi familia. En cualquier misión siempre tienes más remuneración que lo que obtienes en Cuba. Es doloroso hacerte especialista con gran esfuerzo y luego cobrar tan poco. Por supuesto no puedes decir que te apuntas por razones económicas en Cuba», explica desde Quito este médico que ahora se dedica a impartir clases en la Universidad.

Viví represión verbal, acoso, vigilancia férrea, y me obligaban a ir a actividades políticas… Ahora temo por mi familia y por mi vida», dice el internista Leonel Rodríguez Álvarez

«Viví represión verbal, acoso, vigilancia férrea, tener que estar en actividades políticas obligatoriamente», explica este internista. Cuando están de misión tienen prohibidos los contactos con los nacionales y han de cumplir horarios (volver a los domicilios a primera hora de la tarde, salvo cuando asisten a actividades políticas.

«Teníamos que falsear datos para justificar sus contratos y, si te oponías, te podían retirar de la misión», añade. «No quise regresar porque sabía que me podía costar muy caro volver. A los internistas les impiden salir y les vigilan mucho. Yo había sido muy crítico con lo que había visto en la misión».

«Me preocupan mis hijos y mis padres. Van a las casas y amenazan. Son nuestros familiares los que cargan con el peso de la represión por nuestras demandas de justicia», cuenta Rodríguez Álvarez. «Les digo que si me pasara algo, duden, porque temo por mi vida también. Cuando somos frontales, las consecuencias pueden ser graves».

Quince años de misiones

Cuba ha celebrado el sábado 19 de septiembre los 15 años de la creación del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias, que lleva el nombre de un estadounidense, Henry Reeve, un brigadier que se unió al Ejército de Liberación de Cuba en la Guerra de la Independencia.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, felicitaba por Twitter «a los más de 9.000 profesionales de la salud del contingente Henry Reeve, que llevan 15 años enfrentando y venciendo el dolor y la muerte en el mundo. Gracias por la generosidad y el ejemplo».

Durante la pandemia, según los datos oficiales del gobierno cubano, han servido en estas misiones unos 3.800 sanitarios, que se han desplazado 39 países, entre ellos México, Honduras, Venezuela, Haití, Catar, y Sudáfrica.

Estas misiones fueron obra de Fidel Castro, quien se refería a su ejército de batas blancas. Lo impulsó para auxiliar a Nueva Orleans tras el paso del Katrina. Washington rechazó la ayuda. Es lo que dice la historia oficial.

Sin embargo, Maria Werlau, investigadora sobre las misiones médicas cubanas y fundadora de Archivo Cuba, explicaba a El Independiente cómo la fórmula empezó a pergeñarse en Chile en el terremoto del 60. «Hasta 2010 los pagos por esta labor eran secreto de Estado. Es un arma muy potente de ingresos y de influencia», señala Werlau, autora de La intervención de Cuba en Venezuela: una Ocupación estratégica con implicaciones globales. Es en Venezuela cuando las brigadas se transformaron en fuente de ingresos para Cuba.

Lucrativa fuente de ingresos

De acuerdo con el informe de Prisoners Defenders, la venta de servicios por parte de las misiones internacionalistas, que incluye atención médica pero también enseñanza, ingeniería, arquitectura o música, ha sido la principal fuente de ingresos del gobierno de Cuba en el extranjero al menos desde 2005. Representa al menos el 40% de su balanza de pagos en el exterior. Genera unos 8.500 millones de dólares anuales.

Los gobiernos que aceptan estas misiones pagan por los médicos y por las medicinas que suelen estar incorporadas en el contrato. Varía de unos casos a otros pero el gobierno de Cuba se puede quedar hasta el 85% de lo que paga el país receptor por sus servicios. Aún así fuera cobran diez veces más que en Cuba.

Los testimonios de los médicos que se han sumado a la denuncia ante la ONU y la Corte Penal retratan situaciones de sumisión total y vetos a la libertad de movimientos durante las misiones.

Todos los médicos que estuvimos en Venezuela sabemos de las estadísticas falsas, restricciones horarias y todo tipo de amenazas si incumplías las reglas», dice un testimonio de la misión en 2016

«Creo que todos los médicos que estuvimos en Venezuela sabemos de las estadísticas falsas, de las restricciones de horario, de las obligaciones políticas, y de todo tipo de amenazas si incumplías las reglas. Todos mis compañeros de misión pasaron por situaciones similares, aunque nadie se atreve a denunciarlo. Todo el que regresa a Cuba también lo sabe, pero el miedo a represalias les impide declarar nada contra el gobierno», recoge el testimonio protegido como xow5e de la Misión en Venezuela de 2016.

Las violaciones de derechos humanos recogidas en la denuncia, basada en el testimonio de 622 médicos cubanos, se refieren a esclavitud, servidumbre y trabajo forzado; libertad de circulación; derecho a la privacidad; derecho de los menores y de la familia; libertad de expresión y de opinión; derecho a la propiedad personal; derecho a la documentación de la identidad; y derecho a un nivel de vida mínimo.

Cuando la Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, hizo pública en enero de 2020 una comunicación pública en la que se acusaba a Cuba de esclavitud y trabajo forzoso, el gobierno cubano respondió aludiendo a que todo era una campaña promovida por el gobierno de EEUU «en contra de la humana labor que desarrolla la cooperación médica internacional de Cuba».

En su informe de julio de 2020, titulado Cuba: 60 Years of Revolution; 60 Years of Oppresion, la Human Rights Foudation indica que las misiones médicas cubanas son «una forma moderna de esclavitud». Human Rights Watch señala que en su informe de julio de 2020 cómo la legislación que Cuba aplica a los médicos en misión viola los más elementales derechos.

Muchos se apuntan para ahorrar y facilitar una vida mejor a sus familias, pero su vida en las misiones está lejos de ser lo idílica que retrata el régimen cubano, el principal beneficiario de los ingresos que genera el el ejército de batas blancas.

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