Ni siquiera el 75 aniversario de la Organización de Naciones Unidas ha parado los ataques de Donald Trump a China por su responsabilidad por propagar el coronavirus por el mundo. En un tono mitinero, el presidente de Estados Unidos ha asegurado que América ganará la batalla contra «el virus chino». Las intervenciones de la primera jornada de esta sesión histórica han sido grabadas, para evitar riesgos con una concentración de líderes presencial en Nueva York.

«Hemos de exigir responsabilidades a la nación que ha propagado esta plaga por el mundo», ha dicho Trump, que se ha referido al coronavirus como «el enemigo invisible» y el «virus chino«. En su discurso ha nombrado China más de una decena de veces y siempre en tono desafiante.

«China en los primeros días infectó al mundo y condenó el cierre que decreté. El gobierno chino y la OMS, controlada por China, dijo que no se podía transmitir el virus entre humanos», ha dicho Donald Trump. También ha retratado a China como el país que más contamina del mundo y quien más daño causa con su política comercial agresiva.

A la par Trump ha defendido su gestión de la pandemia, justo el día en que Estados Unidos ha sobrepasado los 200.000 muertos, según la Universidad Johns Hopkins, algo que no ha mencionado en su breve intervención de siete minutos.

El presidente de Estados Unidos ha señalado que el mundo está inmerso en una batalla global comparable a la Segunda Guerra Mundial. Ha asegurado que en EEUU se ha lanzado «la movilización más agresiva desde este conflagración».

A pesar de su tono bronco con China, Trump se ve como un «pacificador», digno de merecedor del Nobel de la Paz, para el que ha sido propuesto por un político noruego. En su favor ha mencionado los acuerdos recientes entre Israel y Emiratos y Bahrein, así como la situación de Afganistán.

Susi Dennison, director del European Council on Foreign Relations (ECFR), explica cómo esta intervención muestra que «Trump sigue con su política de unilateralismo airado». No da muestras de orientarse hacia una posición más conciliadora. Su prioridad es la reelección, y poco le importa si las instituciones internacionales o las relaciones resultan dañadas.

Xi Jinping, el pacificador

Al introducir el mensaje del presidente chino, Xi Jinping, su representante ante la ONU, ha rechazado las acusaciones sin fundamento de Donald Trump.

«No tiene sentido negar la globalización. El mundo no puede volver al aislamiento. Ningún país puede cobrar ventaja de los problemas de otro. Estamos interconectados. Somos una comunidad», ha dicho Xi Jinping, en un tono sereno, en contraste con el desafiante Trump.

Ha dejado claro que China no tiene afán expansionista, pero que es un país grande, con grandes responsabilidades. «Hemos de seguir la guía de la Ciencia y rechazar cualquier tipo de estigmatización…. La Humanidad ganará esta batalla. Pondremos a la gente y a la vida primero», ha destacado.

Xi Jinping se ha referido a los intentos de China por lograr la vacuna al tiempo que volvía a asegurar que el mundo accederá a ella si está en manos de su país. Ha recordado el objetivo de China de acabar con la pobreza extrema en 20130 y se ha sumado a la revolución verde.

Con una imagen de la Gran Muralla como telón de fondo, Xi Jinping se ha presentado como un jefe de Estado amante de la paz interesado en construir unas relaciones internacionales basadas en la cooperación. «Hemos de hacer este mundo un lugar mejor para todo el mundo». Faltaba añadir: palabra de Xi.

Putin, el benefactor

En su discurso, grabado el 18 de septiembre, el líder ruso, Vladimir Putin, ha defendido que los cinco países con derecho a veto sobre las resoluciones de la ONU sigan teniéndolo, sea cual sea la reforma que se emprenda. Rusia es uno de los miembros permanentes, junto con Estados Unidos, China, Francia y el Reino Unido. Son muchas las voces que claman que la fórmula es obsoleta y antidemocrática.

Putin ha aludido a la pandemia, y ha aprovechado para asegurar que la vacuna rusa es fiable. Cuando esté lista ha prometido que la ofrecerá, en primer lugar, al personal de la ONU.

Ha precedido a Putin el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, que ha dedicado casi la totalidad de su intervención a arremeter contra Estados Unidos, país al que acusa de arrogancia y de promover guerras comerciales así como chantajear a los organismos internacionales con su amenaza de retirada.

Díaz-Canel ha defendido a Nicolás Maduro, a quien ha retratado como un benefactor de su pueblo, como su predecesor, Hugo Chávez, y a Daniel Ortega, presidente de Nicaragua.

Guterres y los cinco jinetes del Apocalipsis

El secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, se ha referido a los cinco jinetes del Apocalipsis. Cuatro de ellos planteaban ya una amenaza «para nuestro futuro común». Sería las tensiones geoestratégicas en alza año tras año; la crisis climática; la desconfianza global; y el lado oscuro del mundo digital. A ellas se ha sumado la pandemia, que agrava los efectos de los otros cuatro.

«Cada día el balance de muerte crece, las familias están de duelo, las sociedades se estancas y los pilares de nuestro mundo se tambalean», ha subrayado Guterres.

«Afrontamos simultáneamente una crisis de sanidad mayúscula, la mayor calamidad económica y la mayor pérdida de empleo desde la Gran Depresión, y nuevas amenazas a los derechos humanos», ha concluido el secretario general.

Es un aniversario sombrío, especialmente cuando se escucha las disonancias entre los mandatarios mundiales.