Catorce días antes de cumplir 78 años, Joseph Robinette Biden Jr. roza su sueño desde hace décadas. Quien fuera vicepresidente durante los dos mandatos de Barack Obama está a punto de lograr los 20 votos electorales de Pensilvania con lo que sumaría 273 votos electorales y con ello la Presidencia.

En Georgia Biden lleva una ventaja de 1.602 papeletas. Si el margen es muy estrecho, habrá recuento para garantizar el proceso. Son 16 votos electorales que impedirían a Trump llegar a la Presidencia, si bien Biden se quedaría a un voto de la mayoría. En todo caso, Biden va en cabeza en Arizona (11 votos electorales) y Nevada (seis). Si el ex vicepresidente lograra todos estos estados, sumaría 306 votos electorales, una victoria clara.

Joe Biden ha logrado más votos populares que ningún otro candidato en la Historia: más de 73,7 millones de estadounidenses le ha elegido en las urnas, más del 50% de los votos. Biden es católico, como lo era John F. Kennedy.

«De aquí a la Casa Blanca. Firmado Joe Biden», dejó inscrito en el salón de la casa en la que vivió hasta los 11 años en Scranton, Pensilvania. Y su profecía va camino de cumplirse: Joe Biden y a la senadora Kamala Harris están ya en el umbral de la Casa Blanca.

Con 56 años recién cumplidos, Kamala Harris es el complemento perfecto de quien será el presidente de más edad en el cargo. Biden no completaría dos mandatos, de modo que Kamala Harris se situará en buena posición para convertirse en la primera mujer presidenta.

Una votación marcada por la pandemia

El presidente, Donald Trump, reacio a aceptar la derrota, denuncia que se ha cometido fraude y quiere llegar hasta el Supremo por esos votos por correo que tan poco le han favorecido. Da por hecho que la mayoría de jueces conservadores le favorecerá.

Trump se resiste a ser el quinto presidente que no renueva mandato desde principios del siglo XX. El último fue George H. W. Bush, que fue desbancado por el demócrata Bill Clinton en 1992.

Dadas las excepcionales circunstancias de este 2020, marcado por una pandemia que ha paralizado el mundo, unos 100 millones de estadounidenses ya habían votado, bien por correo o de forma anticipada, el 3 de noviembre, el llamado Día Electoral.

Quienes más animaron a votar de esta forma, por precaución para evitar aglomeraciones, fueron los demócratas y de ahí que hay una mayor proporción de papeletas favorables a Biden y Harris en las emitidas de esta manera. El voto por correo es legal en Estados Unidos desde su guerra civil. Era una manera de no excluir de este derecho ciudadano a los soldados en el frente.

Conocedor de este hecho, el presidente empezó a decir en campaña que esos votos eran fraudulentos, sin aportar ninguna prueba. Esa misma acusación la formuló desde la Casa Blanca la noche electoral. Incluso fue más allá al exigir que se parase el recuento y asegurar que iría al Supremo a denunciar el fraude. En su defensa, dijo que en ese momento él iba en cabeza en varios estados y que eso iba a revertirse por las trampas.

Bien sabía que sería así porque esos votantes eran, en gran parte, demócratas registrados como tales, o bien independientes temerosos del coronavirus. Trump, a pesar de haber padecido coronavirus, lo sigue quitando importancia. Ha dicho en un mitin que quiere desentenderse de Anthony Fauci, el virólogo-en-jefe, uno de los especialistas más prestigiosos del país.

En la misma línea, ha intervenido este jueves para destacar que lo demócratas estaban orquestando un fraude para arrebatarle la elecciones. Ha llamado «votos legales» a los que corresponden al voto presencial, y «votos ilegales» los emitidos de forma anticipada o por correo.

Recuento agónico

La movilización de estas elecciones ha sido histórica. La participación ha sido la mayor desde 1900: superior al 66%. Donald Trump ha cosechado cinco millones de votos más que hace cuatro años, es decir, más de 69,6 millones. Hace cuatro años perdió el voto popular pero ganó,gracias a 77.000 papeletas a su favor, en votos electorales.

En 2016 fueron decisivos tres estados del llamado rust belt o cinturón del óxido (Michigan, Wisconsin y Pensilvania). Biden ya cuenta con los 26 votos electorales de Michigan y Wisconsin desde el miércoles. Pensilvania está a su alcance porque está recortando distancias con Trump. Y son 20 votos electorales. Con los 16 de Georgia sumará 269 y puede añadir más.

Los otros estados disputados a última hora son Georgia, Nevada, Arizona y Carolina del Norte. Arizona se atribuyó en la Fox a Biden cuando el recuento apenas llegaba al 70%, y se inclina por el ex vicepresidente, pero avanza lentamente el proceso.

El estado donde nació Joe Biden, en una familia de clase media, ha sido el más visitado por el candidato demócrata. Fue donde terminó su campaña y justo el día de la votación fue a Scranton, su ciudad natal.

Antes había rezado en Wilmington, Delaware, ante la tumba de su hijo Beau, su hija Naomi, y su primera esposa, Neilia, que falleció a los 30 años junto a Naomi, que era una bebé, cuando volvían de compras un día lluvioso. Era 1972 y acababa de ganar su escaño por Delaware en el Senado.

Los dos hijos, Hunter y Beau, resultaron heridos. Beau moriría de un tumor cerebral en 2015 a los 47 años.

Una promesa a su hijo

Joe Biden, que ya intentó otras dos veces ser presidente, prometió a su hijo Beau, que era fiscal general de Delaware, muy amigo de Kamala Harris, que fue fiscal general de California, que volvería a intentarlo. Se lo planteó antes de terminar el mandato de Obama pero decidió volcarse en su hijo, quien le pidió que siguiera con sus planes cuando tuviera ocasión.

Sintió que su vida terminaba justo cuando estaba en lo más alto, con 30 años, pero se había criado escuchando a sus padres decirle: «Cuando te sientas derribado, levántate, levántate».

Sus hijos le dieron el empuje necesario para seguir adelante: hacía 300 kilómetros entre Washington DC y su hogar en Delaware todos los días para poder acostarlos. Rehizo su vida con Jill, profesora, con quien tuvo otra hija, Ashley. Y siguió adelante hasta el mazazo de la enfermedad de Beau.

Su hijo, que ya sabía que su enfermedad era mortal, le dijo: «Papá, sé que me amas más que nadie en el mundo. Pero prométeme que estarás bien. Yo estaré bien, papá». Todas esas pérdidas le han convertido en una persona que sabe lo que significa la sanación a través del acercamiento al otro. Tendrá que enseñárselo al pueblo americano.