Los peores vaticinios se han cumplido. El presidente Donald Trump ha dado por segura su victoria, cuando todavía está el recuento en curso, y ha acusado a los demócratas de fraude, sin pruebas, y de plantear ahora la pelea en los tribunales por no conformarse con los resultados. Ha anunciado que irá al Supremo para detener el escrutinio.

«Esto es un fraude con el pueblo americano. Es una vergüenza para nuestro país», en alusión a las posibilidades de victoria de Joe Biden. Y ha añadido: «Estamos listos para ganar esta elección. Francamente, ganamos esta elección».

Y ha ido más allá: «Iremos al Supremo. Queremos que detenga el escrutinio». Así ha hecho realidad sus amenazas durante la campaña. Trump es reacio a que se sumen los votos por correo y los votos por anticipado, ya que teme que sean favorables a Joe Biden.

El Tribunal Supremo ya intervino en el año 2000, cuando la elección se decidió por 537 votos a favor de Bush hijo que se enfrentó al demócrata Al Gore. Los 29 votos electorales de Florida fueron a parar a Bush hijo.

Después de la incorporación de la juez ultraconservadora Amy Comey Barrett, el Supremo se decanta claramente hacia los conservadores. Tres de los nueve jueces del Supremo han sido nombrados por Donald Trump en sus cuatro años de mandato.

Los demócratas: indignante

Ha sido la directora de campaña de los demócratas quien ha contestado a Donald Trump. Jen O’Malley Dillon ha señalado que el anuncio del presidente de impedir el recuento de los votos por correo es «indignante, incorrecto y no tiene precedentes».

«Es indignante porque es un esfuerzo vano de usurpar los derechos democráticos de los ciudadanos americanos. No tiene precedentes porque nunca en nuestra historia un presidente de Estados Unidos ha intentado acallar la voz de los americanos en una elección nacional… Y es incorrecto porque no va a pasar. El recuento seguirá. Continuará hasta que se cuente cada voto. Y pasará así porque nuestras leyes, las que protegen que cada americano tiene derecho a votar, lo requieren», señala el comunicado.

Casi simultáneamente a los primeros tuits de Donald Trump, el candidato demócrata, Joe Biden, comparecía en Wilmington, Delaware, y decía: «No me corresponde a mí, ni a Donald Trump, proclamar un ganador. Es el voto de los americanos». Y se mostró esperanzado de ganar, si bien reconocía que habría que esperar.

A estas declaraciones se ha referido su jefa de campaña en el comunicado posterior al anuncio de Trump. «Es el pueblo americano el que decide quién gana esta elección. Y el proceso democrático debe continuar y continuará».

Victorias «fenomenales»

Donald Trump ha empezado suave, pero luego ha provocado en su estilo más mitinero. «Quiero dar las gracias a los millones y millones de estadounidenses que nos han apoyado. Hay quienes están intentando acabar con eso. Esto es una gran celebración. Estamos ganando todo. Los resultados son fenomenales. Estamos listos para celebrar algo maravilloso», ha dicho Donald Trump.

Ha celebrado la victoria en Texas, por 700.000 votos, también Ohio, y Florida. Incluso ha dicho que en Arizona «nos queda mucha vida y podemos dar la vuelta a ese estado». Ha remarcado que «tampoco nos hace falta».

Y lo más importante, ha subrayado que va por delante por 600.000 votos en Pensilvania. «Es casi imposible que nos alcancen». Y ha reconocido su asombro de la ventaja en Michigan y Wisconsin.

Donald Trump había lanzado un par de tuits previamente. En uno de ellos se refería a «una gran victoria». El presidente ha pasado la noche electoral en la Casa Blanca, con 250 invitados.

«¿Qué ha ocurrido? Advertí que iban a mandar decenas de millones de tribunales porque, ganaran o no, nos iban a llevar a los tribunales», ha dicho Trump.

En otro mensaje, censurado por la red social Twitter acusaba a los demócratas de «robar» las elecciones. En línea con lo que ha dicho en la campaña, insistía en que el recuento termina la jornada electoral, en un intento de invalidar el recuento del voto por correo y anticipado, que queda pendiente en el disputado rust belt o cinturón del óxido (Pensilvania, Michigan y Wisconsin).

El presidente Trump se ha impuesto claramente en Florida, en el llamado cinturón del sol. Esa victoria le ha dado aliento y ha anticipado que la contienda electoral sería reñida y duraría su tiempo. También ha ganado Trump en Ohio, el llamado barómetro electoral de Estados Unidos.

El candidato demócrata habría arrebatado, según AP, a los republicanos Arizona, el bastión del senador John McCain. También ha conseguido Minnesota, con diez votos electorales.

Debe ganar en Pensilvania y otro de los estados del rust belt, bien Michigan o Wisconsin. Como en 2016. Esa vez fue por 77.000 votos. Y también, como entonces, las encuestas han fallado. Quedan por saber los resultados de Georgia, Carolina del Norte, Nevada y Alaska.

La participación ha sido histórica, la mayor desde 1900, un 66,9%. Han votado 239 millones y 100 millones lo hicieron de forma anticipada y por correo. Los demócratas estaban convencidos de que la movilización les favorecía, pero no ha sido como pensaban. También han acudido a votar masivamente los seguidores de Trump.

La batalla por la Casa Blanca será durísima. Y ya ha dicho Trump que intervendrán los tribunales. Si finalmente perdiera el presidente, y no lo aceptara, las consecuencias serían gravísimas. La democracia puede tambalearse en América.