2016 ha vuelto. La noche electoral más emocionante desde el año 2000 parece una nueva edición de la vivida el 8 de noviembre hace cuatro años. Las encuestas predecían la victoria clara del candidato demócrata Joe Biden. Sin embargo, la realidad muestra un país muy dividido, en el que con una participación histórica el presidente Donald Trump cuenta con un respaldo que no reflejan los sondeos.

La victoria de Donald Trump en Florida, el codiciado estado del Sun Belt (cinturón del sol) con mayoría latina, es una señal de la fortaleza del presidente, cuya victoria dependería de los estados del Rust Belt o cinturón del óxido (Pensilvania, Michigan y Wisconsin), como hace cuatro años.

No es mi papel ni el de Trump proclamar al ganador. Son los electores. Tenemos fe en ganar esto»

joe biden

En estos estados, que dieron la espalda a Hillary Clinton en 2016, habría que esperar al recuento del voto por correo y anticipado, que sobre el papel favorece al candidato demócrata.

«Quiero dar las gracias a todos los que han votado en estas elecciones: republicanos y demócratas. No es mi papel ni el de Trump proclamar al ganador. Son los electores. Hemos de seguir teniendo fe porque vamos a ganar esto», ha dicho Joe Biden, que ha comparecido en la madrugada, cuando aún no se sabe quién será el ganador.

El candidato demócrata ha comparecido con su esposa Jill y sus seguidores le han animado desde su coche con bocinazos.

Casi al mismo tiempo, el presidente Donald Trump anunciaba en su cuenta de Twitter, que iba a comparecer en la noche americana y sentenciaba: «¡Un gran triunfo!». El Partido Republicano está pidiendo fondos para librar la batalla legal que se avecina.

En otro tuit, que ha sido censurado por la red social, el presidente acusaba a los demócratas de intentar «robar» la elección por el recuento del voto por correo. Trump insiste en que ha de terminar la revisión de las papeletas en la jornada electoral, porque sabe que el voto por correo no le será favorable.

Ha sido quien fuera su estratega electoral hace cuatro años, Steve Bannon, un auténtico incendiario en jefe, quien en un canal en YouTube ha dicho: «En algún momento de la noche del 3 al 4, habrá guerra… La partida sigue abierta».

Pensilvania, cuna de Biden

Pensilvania, con 20 votos electorales, será decisiva, una vez que Trump ha logrado imponerse en Florida. Ha sido el estado más visitado por los dos candidatos. Joe Biden, consciente de la relevancia de Pensilvania, terminó su campaña en el que es su estado natal.

El ex vicepresidente nació en Scranton, donde estuvo el martes por la mañana, después de rezar en la tumba de su hijo Beaue, en Wilmington, Delaware, donde reside.

En esta ocasión, Donald Trump ha ganado en Florida por 300.000 votos, una diferencia tres veces mayor que la que tuvo respecto a Hillary Clinton en 2016. Son 29 votos electorales. Si hubiera perdido Trump en Florida, habría quedado sentenciado. No ha sido así; al contrario, ha catapultado sus posibilidades.

Ha arrasado en Miami Dade, el condado cubano por excelencia donde se enclava Miami. La estrategia de Trump de mostrarse como un muro de contención frente a la Cuba de Castro y la Venezuela de Maduro ha dado sus frutos.

John Bolton, en su libro La habitación donde sucedió, explica cómo a Trump realmente el destino de Maduro no le resulta relevante, pero sí le importa, y mucho, el voto latino en Florida y sabe que su política con Cuba y Venezuela le da miles de apoyos en el estado soleado.

El buen ritmo de la economía antes de la pandemia y las expectativas de una rápida recuperación han compensado las críticas por la gestión de la crisis del coronavirus, y de ahí que Trump haya resistido la llamada a la movilización de los demócratas.

Los estadounidenses se volcaron antes del Election Day con el voto anticipado y por correo: más de cien millones de votantes ya habían depositado su papeleta antes del 3 de noviembre. La participación puede llegar al 64%, lo que sería histórico. En 2016 apenas alcanzó el 55%.

Muchos habrán evocado la pregunta que planteaba Ronald Reagan a los votantes: ¿Está usted mejor que hace cuatro años? Más del 50% de los estadounidenses consideran que hoy les va mejor que hace cuatro años. Y así es, a pesar de que Estados Unidos es el país con más casos, más de 9,3 millones de contagios, y más muertos por el coronavirus, más de 232.000, el doble de los soldados caídos en la Primera Guerra Mundial.

El presidente Donald Trump, que ha seguido el recuento desde la Casa Blanca acompañado de 250 invitados, ha ganado en Ohio. Este estado es el barómetro electoral en Estados Unidos. «As Ohio goes so goes the nation (la nación va como va Ohio) es un dicho que se cumple desde hace décadas. Ningún candidato republicano ha ganado sin los 18 votos electorales de Ohio.

La venganza de McCain

Una de las alegrías de la noche para los demócratas ha sido Arizona, con 11 votos electorales, un estado que se inclina claramente hacia Joe Biden. Es la herencia que le ha dejado el fallecido senador republicano John McCain, gran amigo del ex vicepresidente, y furibundo enemigo de Donald Trump.

El senador McCain representaba a un Partido Republicano que nada tiene que ver con el excéntrico magnate neoyorquino, que le criticó en vida sin piedad. Llegó a decir que era un «perdedor» por haber pasado años como prisionero de guerra en Vietnam.

McCain fue candidato republicano frente a Barack Obama en 2008. La viuda de John McCain ha hecho campaña a favor de los demócratas con el lema: «Primero está el país, luego el partido».

La buena noticia para Biden es que ha ganado Minnesota, con 10 votos electorales. Es el estado en el que empezaron las protestas por los abusos policiales tras la muerte del afroamericano, George Floyd, el pasado 25 de mayo después de que un agente le asfixiara con su rodilla.

En una elección en la que cada voto cuenta, los demócratas han logrado el segundo distrito de Nebraska, que puede ser vital en caso de empate.

La Cámara de Representantes mantiene su dominio demócrata, como ha anunciado con satisfacción su presidenta, la demócrata, Nancy Pelosi. El Senado está muy reñido. Los demócratas confían en recuperar la mayoría aún, pero será difícil.

Polarización extrema

Dos hechos son claros, si bien hay que esperar para saber quién será el próximo presidente de Estados Unidos, la polarización está más acentuada que nunca: los Estados más desunidos que nunca antes.

Otro es el nuevo fracaso de las encuestas que preveían la victoria de Joe Biden y volvieron a infravalorar la gran capacidad de movilización de Donald Trump, a pesar de la pandemia, a pesar de su aliento a los supremacistas, a pesar de sí mismo. El voto oculto hizo que fallaran en 2016 y ahora se repite el mismo escenario en 2020.

Hay que remontarse a 1948, cuando venció el presidente demócrata Harry S. Truman, ganó contra pronóstico contra el republicano Thomas E. Dewey en una noche muy disputada. El Chicago Tribune incluso dio por ganador a Dewey, que era el favorito.

Aún es pronto para saber cuál será el resultado en este sorprendente 2020. De momento, el show de Trump continúa.