«El próximo presidente de Estados Unidos tendrá que salvar nuestra reputación, reconstruir la confianza en nuestro liderazgo, y movilizar a nuestro país y a nuestros aliados para acometer nuevos desafíos. No habrá tiempo que perder». Cuando escribió estas líneas, publicadas en el número de primavera de Foreign Affairs, Joe Biden tenía en su objetivo volver a la Casa Blanca en enero de 2021 como presidente. Ya estuvo ocho años (2008-2012) al lado de Barack Obama como su vicepresidente.

Joe Biden está convencido de que América ha de volver a liderar el mundo después de cuatro años de America Only (América solamente) más America First (América Primero). Pero, sobre, todo ha de recomponer un país que ha dejado de estar unido y eso va a condicionar su agenda en el exterior.

La polarización ha quedado de manifiesto en unas elecciones en las que han movilizado más ciudadanos que nunca antes. Joe Biden ha sido el candidato más votado de la Historia con 74,5 millones de apoyos. Pero el presidente saliente, Donald Trump, también ha batido récords: más de 70 millones de estadounidenses han votado por él, siete millones más que hace cuatro años.

Joe Biden ha prometido que será el presidente de todos los estadounidenses, también los que no le han votado, pero si bien el odio se propaga con facilidad, las grietas que causa son difíciles de reparar.

La primera dificultad que ha de abordar Joe Biden será la transición, todo un camino de obstáculos. Trump no renuncia al recurso a los tribunales para invalidar los que llama «votos ilegítimos». No parece tener muchas posibilidades de éxito su acusación de fraude, que no fundamenta en pruebas, pero crea incertidumbre y alimenta a quienes creen sus teorías de la conspiración. Hay riesgo de conatos violentos.

Según la tradición, el presidente electo da un discurso en el que acepta el desafío y también el saliente acepta con una alocución su derrota. Así lo hizo, aunque dijo que discrepaba con el dictamen del Supremo, el candidato demócrata en 2000, Al Gore, que perdió tras resolverse en su contra una contienda por recuento en Florida. Hillary, que ganó por tres millones de votos populares, y perdió por unos 77.000 en tres estados, también felicitó al ganador.

No parece que Trump vaya a tener ese gesto con Biden. Será un mal comienzo, pero no impide que Biden asuma como 46º presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2021.

La ciencia contra el coronavirus

Su prioridad será la lucha contra el coronavirus. En su alocución este viernes, cuando ya se sabía victorioso, a pesar de que aún no había alcanzado los 270 votos electorales, aseguraba que ya había empezado a mantener reuniones con científicos y expertos, junto con su número dos, Kamala Harris.

«Hay que mantener al virus bajo control con un equipo bien organizado, con pautas claras, y mandatos a nivel nacional. En paralelo, la nueva Administración tendrá que aprobar un paquete de estímulos económicos para apoyar a los damnificados y ayudas a los empleados», explica Robert Matthews, experto en política exterior de EEUU, desde Nueva York.

La ciencia vuelve a ser quien marque el camino en esta crisis de crisis. Donald Trump había prometido en campaña desembarazarse de Anthony Fauci, el virólogo-en-jefe de la Casa Blanca, por llevarle la contraria sobre la estrategia para combatir el coronavirus.

Joe Biden tendrá que mirar hacia dentro. No podrá hacer una política exterior que sea un elemento de confrontación»

pol Morillas

Este mandato de Biden arrancará en circunstancias muy diferentes a la era Obama. «Es una nueva Administración en nuevas circunstancias. Biden tendrá que mirar hacia dentro. En un país polarizado, con un Senado de mayoría probablemente republicana, no podrá hacer una política exterior que sea un elemento de confrontación. Tiene límites si quiere tejer las costuras rotas», dice Pol Morillas, director de CIDOB.

Parte en situación de debilidad. Las instituciones han sufrido serios envites en los cuatro años de la era Trump. «Joe Biden y Kamala Harris tendrán que rehacer la capacidad de gobernar. La Administración Trump ha debilitado las instituciones, y eso incluye el parcial desmantelamiento de Departamento de Estado. Decenas de puestos de diplomáticos de primer y segundo rango, por ejemplo, no se han designado», señala Mariano Aguirre, associate fellow de Chatham House y autor de Salto al vacío. Crisis y declive de Estados Unidos (Icaria).

A esto se suma que, si bien los demócratas tienen mayoría en la Cámara de Representantes, en el Senado es probable que conserven la mayoría los republicanos. El Senado ha de ratificar, por ejemplo, los nombramientos de los miembros del gobierno, y los elegidos por el presidente para el Tribunal Supremo.

Esta cuestión no se ha dilucidado aún porque las dos carreras por dos escaños de Georgia se tendrán que dirimir en segunda vuelta en enero. Si los dos son demócratas, habría empate y el voto de calidad lo tendrá la vicepresidenta, Kamala Harris. Pero es difícil que así suceda y lo más probable es que los republicanos conserven su mayoría.

De ser así, Joe Biden tendrá que llegar a acuerdos con los republicanos y su hombre fuerte en el Senado es Mitch McConnell, reelegido por Kentucky por séptima vez. McConnell sí que ha asegurado que la transición será pacífica.

Joe Biden es centrista y tiene una trayectoria de colaborar con los republicanos. Es posible que incluya a algún moderado o demócratas de centro

robert matthews

«El ala progresista del partido espera que Bernie Sanders o Elizabeth Warren, que harían cambios profundos en la agenda política, formen parte del nuevo gobierno, pero Joe Biden es centrista y tiene una trayectoria de extender la mano por el pasillo, es decir, de colaborar con los republicanos. Es posible que incluya a algún republicano moderado en su gabinete, o que se incline por los centristas dentro de los demócratas», afirma el historiador Robert Matthews.

Joe Biden para llegar a la nominación demócrata tuvo que lidiar con una veintena de competidores demócratas, entre ellos, Kamala Harris, quien va a convertirse en la primera mujer vicepresidenta de Estados Unidos.

Volvió a llegar hasta el final el senador por Vermont, Bernie Sanders, representante del ala izquierda del Partido Demócrata, que hace cuatro años, confiados en que Hillary Clinton ganaría de todas formas a Donald Trump, no llamaron al voto como en esta ocasión. Como decía en la CNN, David Axelrod, ex asesor de Obama, «Biden es el hombre adecuado para este momento». La polarización hacía imposible un candidato del ala más extremista del partido.

«América no puede actuar sola»

En el artículo titulado Why America Must Lead Again, de Foreign Affairs, Joe Biden señala que en lo que se trata de «cambio climático, proliferación nuclear, agresiones de grandes poderes, terrorismo internacional, ciberguera, nuevas tecnologías migraciones masivas… Estados Unidos, ni ninguna otra nación, puede actuar solo».

La gran diferencia entre los cuatro años de Donald Trump y lo que vendrá con Joe Biden y Kamala Harris será una vuelta al diálogo y la cooperación. Estados Unidos vuelve al sistema multilateral y lo hace con una nueva mirada.

«El viraje hacia Asia, mundo multipolar, competición con China… son elementos consustanciales a cualquier nueva relación con Biden. No volvemos a un bloque monolítico transatlántico. Pero Biden podrán por encima la lógica institucional y el entendimiento estructural más allá del entendimiento con líderes fuertes y la diplomacia del personalismo. En suma, volvemos a la diplomacia del acuerdo y dejamos atrás la diplomacia personalista», señala Pol Morillas.

Con China, a quien Trump ha convertido en un enemigo comercial de primer orden, Biden afronta un gran desafío. El presidente saliente le acusaba en la campaña electoral de ser proclive a Pekín, mientras él aludía siempre que podía al «virus chino», en busca de culpables de la pandemia.

Un gobierno demócrata reducirá la hostilidad pero difícilmente podrá construir una alianza de países democráticos para negociar frente al autoritarismo chino»

mariano aguirre

«Recobrar la confianza con China tomará tiempo y las disputas económicas, comerciales y tecnológicas serán muy fuertes. Un gobierno demócrata reducirá la hostilidad, pero difícilmente podrá construir una alianza de países democráticos para negociar frente al autoritarismo chino», apunta Mariano Aguirre.

Recordemos que en la era Trump, EEUU ha salido hasta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en plena pandemia. Trump retiró a EEUU del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, rechazó el Pacto Global sobre Migraciones de Naciones Unidas y canceló la participación de su país en la UNESCO.

Los aliados europeos

A los aliados los ha presionado para que aumentaran el presupuesto de defensa a un 2% del PIB y ha llegado a amenazar con retirarse de la OTAN. Lo nunca visto en un país que forjó el vínculo transatlántico como una barrera contra el comunismo. Volverá EEUU en la OTAN, según Mariano Aguirre, «a la línea del presidente Obama de ‘liderar en cooperación con otros’, tratando de mantener el liderazgo de Washington».

Empieza un tiempo de reconciliación nacional, transatlántica e internacional»

luis garicano

Como escribe el eurodiputado español Luis Garicano, en El Independiente, con Biden empieza «un tiempo de reconciliación nacional, transatlántica e internacional». Si bien aclara el jefe de la delegación de Ciudadanos en el Parlamento Europeo, que Biden será un presidente educado y sensato, pero mucho menos dependiente de Europa, y menos generoso, que en el pasado».

En Europa, si hay un damnificado de la victoria de Joe Biden, este es Boris Johnson, que había apostado fuerte por la relación especial con Donald Trump. «Seguirán siendo Estados Unidos y el Reino Unido, pero para Biden la relación especial pasará a ser secundaria y preferirá consolidar alianzas con países fuertes en el seno de la Unión, como Francia y Alemania», comenta el director del CIDOB.

En cuanto a la relación con España, el gobierno de Pedro Sánchez lo ve como un líder que está en su misma dinámica. «En asuntos como la lucha contra el cambio climático, la economía verde, hay base para establecer alianzas. El punto de partida es más favorable», añade Pol Morillas.

América Latina, asignatura pendiente

Donald Trump no ha viajado a América Latina en sus cuatro años de mandato. Sin embargo, su política sobre Cuba y Venezuela le ha valido su contundente victoria en Florida, donde la comunidad cubana de Miami Dade le ha dado su respaldo. Su estrategia ha funcionado: ha logrado que los cubanos y venezolanos que huyeron de dictaduras vean a Joe Biden, un moderado con experiencia de gobierno, como un socialista radical.

«Trump ha estigmatizado a los demócratas como socialistas. Es una estrategia que lleva más de cuatro años. También Obama cuando era presidente buscó cierta reconciliación con Cuba y eso no fue bien recibido por los cubanos de la Florida. Para Biden el desafío va a ser a la vez ayudar al pueblo cubano sin las medidas de Obama y sin dejar de presionar al régimen y al presidente Díaz-Canel», afirma desde Washington John Polga-Hecimovich, profesor de Política Comparada en la Academia Naval.

Hay una gran diferencia con Trump con respecto a Cuba y Venezuela: Biden no admira a los dictadores»

john polga-hecimovich

«No creo que haya un gran cambio de política. Hay una gran diferencia con Trump en el sentido de que Biden reconoce que son dictadores pero Biden no admira a los dictadores», añade Polga-Hecimovich, quien destaca cómo el Partido Republicano ha sabido vender su mensaje con éxito. A su juicio, ha ayudado el hecho de que parte de los demócratas sí se reconocen como socialistas.

No tiene duda de que Biden mantendrá su política de apoyo al presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó. Sobre las sanciones, el profesor Polga-Hecimovich, anticipa que «para Biden son una herramienta para lograr un fin y pueden plantear suavizarla si el régimen venezolano cumple con determinadas condiciones».

Lo que sí ha prometido Joe Biden son cambios en la política migratoria. Ha asegurado que trabajará por la reunión de niños separados de sus familias y va a estudiar que los venezolanos accedan al permiso de protección temporal, algo que Trump no había concedido.

Es cuestión de políticas hecha realidad, no de eslóganes identitarios. En palabras de Joe Biden, «como nación, hemos de probar al mundo que los Estados Unidos están preparados para liderar otra vez, no con el ejemplo de nuestro poder sino con el poder de nuestro ejemplo».