América Latina

Réquiem por Maradona... y por Argentina

El peronismo busca sin éxito instrumentalizar la figura del futbolista en un país sumido en una megacrisis

Carmen Vivas

El peronismo suele enterrar bien a sus ídolos. Perón, Evita y la superproducción televisiva que organizó para despedir al presidente Néstor Kirchner con Cristina Fernández, su viuda, como gran estrella, dan fe de su talento como sepulturero. El kirchnerismo ha querido hacer lo mismo con El Diego: apropiarse de Maradona una vez muerto. Sin embargo, el velatorio en la Casa Rosada terminó con un espectáculo tan patético como caótico. Hoy entonamos un réquiem por Maradona… y por la Argentina de la insalvable grieta.

La muerte de Diego Armando Maradona llega en un momento en que Argentina necesita llorar por sus oportunidades perdidas. Sumida en su enésima crisis económica, el país ha sufrido uno de los confinamientos más extremos y prolongados del mundo.

La incertidumbre asfixia tanto como una punzante polarización. Esa grieta de la que habló el periodista Jorge Lanata que ni siquiera la unánime devoción por Maradona ha podido tapar. Esta Argentina deprimida ha presumido de ser cuna de un ídolo global pero todo ha sido tan efímero como la portada de un diario.

En una Argentina angustiada por la crisis económica, y por la pandemia, el duelo por Maradona implica una catarsis importante»

carlos malamud

«Los argentinos de todos los colores, con independencia de su afiliación política y extracción social, admiran a Maradona. Cualquier crítica a Maradona se considera antinacionalista. En una Argentina angustiada por la crisis económica, y por la pandemia, el duelo por Maradona implica una catarsis importante», afirma el argentino Carlos Malamud, investigador senior del Real Instituto Elcano.

El kirchnerismo, esa versión remozada del peronismo, dispuso que al Diego había que rendirle culto en la Casa Rosada, la sede presidencial, donde levantó la Copa del Mundo en 1986. Maradona marcó en ese Mundial dos goles históricos a la selección inglesa: uno con la «mano de Dios», y otro tras regatear a la mitad del equipo rival. Era la venganza tras la derrota en la Guerra de las Malvinas. «Pensé en los muertos», dijo entonces Maradona.

El plan del gobierno que encabeza Alberto Fernández y su número dos, Cristina Fernández de Kirchner (CFK), era que el velatorio se prolongara todo el fin de semana, pero la familia de Maradona se opuso. Apenas estuvo expuesto el cuerpo unas horas y, mientras miles hacían cola para rendirle homenaje, cerraron las puertas. Eso sí, antes se había despedido del Pelusa la todopoderosa CFK.

El presidente asegura que la situación estuvo bajo control, pero hubo decenas de personas, muchos de ellos barrabravas (fanáticos futboleros), que irrumpieron en la Casa Rosada, derribaron el busto de Hipólito Irigoyen y Alberto Fernández tuvo que pedir calma megáfono en mano desde el segundo piso del edificio. Fernández echó la culpa a la policía de Buenos Aires y al jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma, Horacio Rodríguez Larreta, de la oposición al kirchnerismo, a quien ha denunciado ante la Justicia.

Despedida masiva en pandemia

Así pues, un gobierno que ha tenido encerrada a la población durante casi ocho meses de repente levanta todas las restricciones y organiza una despedida al ídolo nacional en un lugar cerrado, sin coordinación alguna con las autoridades capitalinas, de orientación conservadora.

El partido liberal Republicanos Unidos ha presentado a su vez una denuncia contra el presidente, Alberto Fernández, por violar las normas sanitarias de su propio gobierno. Le acusan de romper con el principio de equidad, ya que no se ha cumplido con lo establecido para los funerales en pandemia.

Argentina presenta unos datos alarmantes. Ha superado los 1,4 millones de casos de coronavirus y los 38.000 muertos, según la Universidad Johns Hopkins. Está en el noveno puesto en número de positivos y el décimo segundo en fallecidos.

La gestión ha sido nefasta, a pesar de las restricciones. Y los datos económicos son desalentadores: una caída de 12 puntos del PIB, casi cuatro millones de parados (13,1%, un récord en 15 años), la mitad de la población corre riesgo de pobreza, y siempre con la amenaza del default.

En ese escenario el gobierno buscó a Maradona como bálsamo. Pero improvisó tanto que todo lo que podía salir mal salió mal. Miles de personas se agolparon a las puertas de la Casa Rosada, donde hubo quien entró y causó destrozos, sin distancia social y muchos sin mascarilla. La policía recurrió a los gases lacrimógenos y la familia tuvo que salir protegida de la sede presidencial.

«Maradona era inequívocamente argentino, un genio universal. Pero los desmanes en su velorio relevan que no podemos despojarnos de nuestros tribalismos ni de nuestra afición al conflicto», ha escrito Hugo Alconada Mon en La Nación.

En esta ocasión, al kirchnerismo le ha salido mal la jugada. La familia no quería que utilizaran políticamente al Diego, que murió solo y deprimido.

Maradona encarna la tragedia argentina. Tiene un enorme potencial pero se frustra por culpas propias»

fernando a. iglesias

«La unión por Maradona les salió mal. Hubo un gran descontrol. Y fue un desastre un acto así en plena pandemia. Era fácil haber mantenido la normalidad. Podría haberse organizado la despedida en un campo de fútbol. Pero no, lo hacen en un lugar cerrado. Ha sido una vergüenza, pero no es de extrañar: este gobierno es el peor de la historia de Argentina», señala Fernando A. Iglesias, diputado nacional por Cambiemos y autor de El Medioevo peronista y la llegada de la Peste.

Según Fernando A. Iglesias, Maradona «encarna la tragedia argentina. Tiene un enorme potencial: un país que fue primero en el mundo pero que se fue frustrando por culpas propias. Maradona también fue el mejor pero cayó en las drogas y se malogró. Terminó solo. Me sorprendió la soledad en que vivía y en que murió. Es la encarnación de la locura argentina».

En vida, Maradona se definió como peronista y, sobre todo, fue admirador del Che y de Fidel Castro. Quiso el destino que los dos murieran un 25 de noviembre.

Maradona llevaba el rostro del Che tatuado en un brazo y el de Fidel en su pierna izquierda, su legendaria zurda. También se dejó querer por Hugo Chávez, el Comandante venezolano, y por Nicolás Maduro, a quien visitó a principios de este año 2020.

Con el ex presidente argentino Mauricio Macri, que fue presidente del Boca Juniors, tuvo diferencias porque acabó por abrirle la puerta de salida del club. Pero Maradona es una de las únicas figuras que había logrado unificar, aunque fuera de manera temporal, a los argentinos.

El país lleva ya muchas décadas dividido por grietas políticas y sociales… Ni Diego nos permite superar nuestras peores tentaciones»

Hugo alconada mon

«El país lleva ya muchas décadas dividido por grietas políticas y sociales. La polarización deja pocos aspectos al margen de ideologías o bandos en nuestra vida cotidiana. Pero Maradona había sido una de las pocas figuras que, al menos en ciertos momentos, logró unificarnos: su destreza, sus logros, su mito y su legado trascendieron a sus aficiones futbolísticas (siendo como era ídolo del Boca Junios) o políticas (promotor de la izquierda latinoamericana)…. Pero ni Diego como figura de reconciliación nos permite superar nuestras peores tentaciones», escribe Hugo Alconada Mon.

Rumbo a ‘Argenzuela’

La polarización no es nueva en Argentina. Lanata acuñó el término «la grieta» para referirse a la situación creada por la dictadura pero ganó popularidad en relación con la profunda división entre kirchneristas y antikirchneristas. Para los kirchneristas quienes no están con ellos, están en contra, y por elevación, contra Argentina.

Vamos hacia atrás. La crisis económica es descomunal, pero también lo es la crisis política. La gran tensión es entre democracia y populismo»

norma morandini

«Vamos hacia atrás. Estamos, en términos económicos, a niveles africanos. La crisis económica es descomunal pero también lo es la crisis política. La gran tensión es entre democracia y populismo», afirma la ex senadora y periodista Norma Morandini, autora de La mala bestia.

Cristina Fernández de Kirchner, que curiosamente fue quien designó al candidato a presidente, reservándose ella el cargo de vice, está inmersa en una campaña encaminada a someter al poder judicial al ejecutivo. Tiene casos pendientes con la Justicia.

Quiere protegerse y, sobre todo, proteger a sus hijos. Máximo, uno de los dirigentes de La Cámpora, es diputado nacional. Sería su claro heredero. Su hija Florencia ha sufrido problemas de salud, de los que se ha tratado en Cuba.

«CFK pretende que la elección y remoción de los fiscales sea por mayoría simple (cuentan con ella) y no por dos tercios. De ser así, deja los nombramientos y ceses a merced del gobierno. Esta reforma condicionaría el futuro de la institución. CFK quiere ganar, más que poder, tranquilidad. Necesita una Justicia más dócil», dice Malamud.

Esta deriva autoritaria lleva a muchos críticos a las calles. Este 2020 las protestas se han llamado banderazos, por la presencia del emblema nacional, y comenzaron como críticas a la gestión de la pandemia, pero también los asistentes se quejaban por estos abusos encaminados a que la Justicia se subordine al poder político y deje de lado las causas contra CFK.

«La dirección es Argenzuela. Están haciendo lo mismo que ya intentaron antes, pero no sé si lo conseguirán. Argentina es algo distinta. Intentan consagrar la impunidad de Cristina. Quieren subir los impuestos a los que no los votan: las empresas más modernas, las provincias más modernas, persiguen a la prensa independiente. Al tiempo, subordinan a sus seguidores, el conurbano, el desierto patagónico y parte del norte. Así construyen su poder político», explica Fernando A. Iglesias.

Muchas empresas se van de Argentina. Mercado Libre, la empresa más valiosa de Argentina con una capitalización de 27.370 millones de dólares, acaba de trasladarse a Uruguay, debido a la imposición de nuevas tasas. «Muchos profesionales argentinos salen del país porque creen que, aunque perdieran las próximas elecciones (en 2023) la recuperación será muy difícil», añade Iglesias.

Para el autor de El Medioevo peronista y la llegada de la Peste, uno de los grandes males que explica el drama de los argentinos, «buenos en las relaciones cercanas pero un desastre en el espacio público», es que en Argentina «el nacionalismo reemplaza a la ciudadanía. Nos enseñan a ser nacionalistas, no buenos ciudadanos».

Argentina parece condenada al mismo destino que el mayor de sus ídolos. Maradona ha acabado derrotado por sí mismo. Argentina lleva esa deriva.

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