«Estos Diálogos Impertinentes están consagrados a los que quieran
precisamente eso, dejar atrás nuestra estupidez y quitarse del camino los atavismos del amigo y del enemigo, del chavismo y el antichavismo, del castrismo y el anticastrismo. Está dedicado a entender que el futuro ya está aquí, porque los responsables de las repúblicas anteriores ya murieron y solo los jóvenes pueden sacar adelante un proyecto de país para que Venezuela pueda tener su primer intento de vivir en paz. Marca el fin para las generaciones anteriores como la mía y cede el turno a las generaciones por venir.

Por eso, luego de un año de reflexiones y silencio, diseñé con algunos
amigos un consejo editorial de donde emanaran todas las preguntas,
conversaciones e inquietudes del pasado para contestarlas de manera compilada usando un recurso literario, que me permitió hilar toda esta historia haciendo uso de mis artículos, trabajos de investigación, conferencias, entrevistas y foros.

De esta manera en este consejo editorial preguntaron sobre todo y como dijo uno de ellos, debía tratarse de «un libro para ser escuchado», en el epílogo invité también a buenos amigos– quienes no tuvieron nada que ver con los capítulos previos- y les pedí lo mismo, que me preguntaran lo que quisieran y sin limitaciones, a todos respondí honestamente sobre los temas que me plantearon.

Estos Diálogos Impertinentes son mi contribución y también mi despedida del análisis político estrictamente venezolano, pues este capítulo mío con el día a día de la política ha llegado a su fin y ahora les toca a las nuevas generaciones. Quiero dejar constancia al que lo quiera leer, de esos años de devoción y amor por mi país, tratando de buscar explicaciones, salidas, sindéresis y consensos.

Estos Diálogos buscan explicarles un poco el pasado reciente y lo que veo en un futuro cercano, que ya no dependerá de un solo hombre como si fuéramos una manada de monos araguatos. Dependerá de todos -repito-. Y ese futuro comienza por ti (…)

La Intifada venezolana

Consejo Editorial: Pues entonces hablemos de Venezuela y de su oposición. Contra el proyecto comunista de Hugo Chávez influenciado por Cuba, asesorado por el comunismo global y especialmente el europeo, apoyado por una gigantesca red de intereses económicos, industriales y de corrupción. Por una extensísima red más grande de políticos, sindicatos, partidos y grupos de presión a nivel mundial y un trillón de dólares sin control. Cómo definirías esa lucha entre David y Goliat. ¿Qué palabra se te antoja, con cuál podrías definir a la oposición?

Thays Peñalver: Como bien explican algunos escritores, David contra Goliat fue una lucha completamente desigual porque David no era un jovencito inexperto frente a un fiero guerrero todo poderoso. David era el que tenía todas consigo porque era un francotirador contra un hombre de infantería. Goliat es un mito histórico, un hombre corpulento y lento con una espada que no tenía cómo defenderse de un “virtuoso de la honda”, como dice el escritor Malcom Gladwell, acostumbrado a matar lobos de una pedrada, David no era un pastorcillo enclenque, el enclenque era Goliat y por eso la pelea duró segundos. 

Es la diferencia entre unos niños lanzando piedras contra un tanque en la Franja de Gaza y militares entrenados llevando misiles antitanques de largo alcance. Ese monstruo de acero tendría todas las de perder. Por eso la oposición nunca fue David. Tampoco se me antoja la palabra Quijote, porque este tenía armadura, caballo y lanza y cargaba contra manadas de ovejas y campos de olivos. Chávez, sus apoyos internacionales y el trillón de dólares no eran precisamente un molino de viento. Por eso me he inclinado siempre por la palabra: Intifada (…)

Los riesgos en España

CE: ¿Y cuál es el riesgo que percibes en la España actual? 

El riesgo en España es la destrucción de España usando de forma permanente una retórica populista, la vía que consiguieron los comunistas para destruir el sistema desde dentro

TP: El riesgo no es el comunismo, ni mucho menos una guerra civil. Es la destrucción de España usando permanentemente una retórica populista, que es la vía que consiguieron los comunistas para destruir el sistema desde dentro en las sociedades donde hay descontento, la usan como una brecha para colarse y una vez a dentro se comen como un parásito el tejido institucional.

Es algo que no entienden los demócratas, que los comunistas han visto el populismo como la bola de demolición de ese tejido. España debe entender que la economía es algo con lo que no se juega y lo que está en riesgo es precisamente el desarrollo porque todo el mundo apuesta por el fracaso de España, y cuando digo todo el mundo, hablo de todos en Europa, en Asia y en América. Por eso cada vez que alguien habla de separación resuenan los aplausos, como en el caso venezolano ocurre lo que nos dijo el experto ruso. Todos quieren sacarnos del juego y que dejemos de competir y España debe ser muy rusa al respecto, debe encontrar en la política una salida para reencontrarse con el camino perdido y sentirse muy orgullosa de lo que hizo, pero más allá de lo que hará si se ponen de acuerdo.

CE: ¿Cuál es tu visión de esa España?

TP: En el año 1959 cuando al presidente estadounidense Harry S. Truman, que fue también el fundador de la CIA, le preguntaron qué pensaba sobre España y su futuro contestó: «España es uno de los países más pobres del planeta». Y añadió: «No puedo decirle, no tengo la menor idea porque los españoles son muy temperamentales y nadie puede saber exactamente lo que pasará allí». Medio siglo más tarde lo que pasó exactamente fue que los “temperamentales españoles» no solo sacaron España de entre las ruinas y escombros, soportaron las limitaciones de su propia Guerra Civil, las causadas por las crisis económicas y la Segunda Guerra Mundial y los pesares de la dictadura, sino que llevaron a uno de los países más pobres a estar entre las diez naciones más ricas y competitivas del planeta.

Contra viento y marea los españoles a partir de 1970 no fueron nunca más los mismos, soportaron la catástrofe de las crisis económicas de Iberoamérica y el colapso económico de todo un bloque geopolítico en la década de los ochenta, la gran depresión japonesa de principio de los noventa que conlleva a la crisis financiera asiática de finales de esa misma década.

A pesar de quince burbujas financieras especulativas, siete quiebras bancarias internacionales, once burbujas de bienes raíces, seis colapsos mayores en los mercados regionales y dos inmensas crisis energéticas, para los primeros años del siglo XXI España se encontraba ya compitiendo para entrar en el listado de las diez economías más grandes del mundo, entre los veinte países con mayor índice de desarrollo, los veinte más competitivos del planeta incluso tecnológicamente  y entre los veinte menos corruptos.

Esa es la España que amo y si alguien resucitara a Harry Truman sería una verdadera sorpresa para él, porque pasó de ser «una odiosa dictadura igual que la de Mussolini y Hitler», a tener un índice de democracia igual al de los Estados Unidos, pero mejorándolos por mucho, en libertades civiles, pluralidad democrática y funcionamiento de gobierno, lo que le llevó un siglo a muchas de las actuales potencias, España lo haría en la mitad del tiempo. Creo que los políticos deberían hablar de eso, de que España es más grande que la suma de esas ideas pequeñas que hoy se debaten en su política (…) 

¿Qué le dirías a Pablo Iglesias?

TP: En realidad solo le preguntaría: ¿cuántos profesores de Ciencias Políticas se necesitan para operar una fábrica? Y antes de que me dijera algo yo misma le respondería: «Ninguno». Una fábrica necesita ingenieros, técnicos y obreros especializados, que dependen de una red gigante de más personal cualificado y que a su vez dependen de miles de científicos de distintas especialidades, pero el resultado de sus magníficas intenciones, en la práctica, es eliminarlos a todos y cerrar las fábricas.

¿Cuánto le costó a Venezuela educar a cien mil ingenieros? ¿Cuánto formar a los 40.000 médicos especializados? Se libró una lucha a brazo partido contra la barbarie. Un médico oncólogo o neurólogo necesita dos décadas para llegar al nivel óptimo de formación y experiencia y los revolucionarios venezolanos expulsaron a casi todos de Venezuela, a sus científicos, al noventa por ciento de los obreros y técnicos especializados. ¿Cuánto tiempo se necesita para tener zapateros, carpinteros y orfebres especializados o cuanto para formar obreros altamente tecnificados? Los echaron a todos. Si la revolución quisiera nuevamente tener la misma cantidad de personas cualificadas requeriría casi un siglo, para volver repito, apenas al punto de partida.

En breve, los revolucionarios venezolanos dirán que les robaron sus cerebros porque nadie se hace responsable

Y esa retórica ya está escrita por Fidel Castro. En breve, los revolucionarios venezolanos dirán que les robaron sus cerebros porque nadie se hace responsable. No es que un neurólogo tenía que ganar tres dólares al mes y trabajar para un revolucionario que llega en un auto de lujo y vestido de Gucci y harto hizo sus maletas, sino que se los robaron.

CE: Por supuesto la parte de la expropiación es fácil, como Chávez que se sentía marxista gritando «exprópiese», pero ese era todo el proyecto, el resto fue demoler el desarrollo.

TP: Si gritas exprópiese, y entonces los trabajadores continúan con la producción de la finca ganadera y la sostienen con ayuda del gobierno, dices: ‘Bueno al menos habrá carne’. Pero si la expropian y se comen las vacas y luego expropian a la de al lado y ocurre lo mismo, tienes la obligación de entender que ese no es el camino. Si sigues expropiando y ni siquiera te importa, entonces eres un anarquista sociópata al que Stalin habría fusilado sin mediar palabra y eso fue lo que ocurrió en Venezuela.

En sus primeros diez años se perdió el sesenta por ciento de los medios de producción, un tercio de la renta petrolera y el ochenta por ciento de las restantes materias primas sin haber hecho el mínimo esfuerzo por controlarlos o sin que siquiera importase y no había una sola sanción internacional, lo hicieron ellos solitos.

El problema de Podemos es que lo que dicen se parece al modelo chavista y todo fracaso lo justifican con la contrarrevolución

Por eso los destructivos son tan peligrosos. Repito, no conozco el proyecto de Podemos, no está por ninguna parte. El problema es que lo que dicen se parece al modelo chavista y todo fracaso lo justifican con la contrarrevolución y los errores que se deben rectificar. Cuando una fábrica cerró eso es algo que ya no se puede corregir porque lo que se destruyó fue un sistema complejo, si veinte mil industrias cerraron y expulsaste a cien mil ingenieros del país y a medio millón de técnicos y obreros especializados, ya no se trata de un error que hay que enmendar. Se trata de un genocidio industrial por incompetencia, no es la contra, es la anti revolución bananera y nunca vas a enmendarlo y debes detener la destrucción hasta que llegues a Somalia.

La sociopatía de Chávez

CE: Pero entonces si hay cierto grado de sociopatía en el proceso de Chávez.

TP: Y de algunos asesores europeos también que avalan cualquier barbaridad por dinero. Comienzan con una retórica de adulación de la revolución, luego analizan los procesos políticos revolucionarios que son lugares comunes y muy fáciles, pero después en la letra chiquita que nadie lee dicen claramente: el riesgo es no poder sustituir el modelo productivo por otro que funcione. Eso es una locura real porque saben que el control de los medios de producción es lo primario, lo indispensable y no la retórica revolucionaria, pero nunca lo dicen abiertamente.

De hecho, hay algunos que sí son delincuentes, que cuando les consultan sobre la gente pasando hambre justifican con una retórica homicida, que la hambruna es parte de la dinámica de los cambios y que ha ocurrido en todas las revoluciones. Frente a nueve millones de hambrientos usan las palabras de Vodovozov sobre Lenin de que la hambruna es necesaria y «crea al proletario» o que «debe ser un factor progresivo para cambiarle la mentalidad al campesino y hacerlo reflexionar sobre el capitalismo», esos si son psicópatas homicidas.

O llegan y sueltan que una vez que has destruido todo, que tienes a nueve millones de almas con hambre y a otros ocho millones refugiados, cuando ya no hay industria, ni desarrollo, te avalan una teoría de que llegaste al clímax socialista. Sin darse cuenta de que llegaste al apogeo somalí.

CE: Lo que no le dicen al chavismo es que ahora los campesinos abandonan el campo y se marchan a otros lugares porque están en el siglo XXI y lo que hicieron fue pasar hambre todos.

TP: Después explican que ellos lo alertaron y no es cierto, pusieron en la agenda la producción y el desarrollo industrial como un punto irrelevante porque estaban adulando a los que pagaban y lo único que estaban haciendo era armar a un grupo para asesinar al otro, sin alguna intención de tomar los medios de producción y continuar el camino del desarrollo. Igual que el descarado que después de haber destruido veinte mil industrias y todo el sistema de agroindustria, junto con todo el tejido de servicios turísticos suelta: «Ahora el reto es saber cómo producir».

Una vez que rompes el tejido industrial y económico, y expulsas al millón de trabajadores capacitados, que era con quienes debiste ejecutar una supuesta revolución socialista, no hay nada que puedas hacer

Una vez que rompes el tejido industrial y económico y expulsas al millón de trabajadores capacitados, que era con quienes debiste ejecutar una supuesta revolución socialista, no hay nada que puedas hacer, necesitas sesenta años de educación de nuevo solo para llegar al punto de partida, retrasaste el socialismo o retrasaste el desarrollo un siglo. 

Y eso en buena parte se lo debemos a los europeos, si todos esos supuestos asesores hubiesen tenido las pelotas de decir que no existía la manera de construir el socialismo a partir de una economía atrasada y monoproductora, que ineludiblemente tendría que enfrentar al planeta entero al violar los derechos de millones, Venezuela no estaría así.

CE: Es como lo que nos dijiste de Castro, que llega ya al final de sus días y soltó que «el único error había sido no saber como construir el socialismo».

TP: Sí, a la manera de «ups, disculpen se me pasó este minúsculo detallito». Después de cincuenta años y con todos quebrados, resulta que no sabía de qué iba todo aquello. Creo que esa y solo esa, debe ser la frase de su epitafio.


Thays Peñalver es abogada y periodista. Es autora de La conspiración de los 12 golpes. Su último libro es Diálogos impertinentes (Forrest Media). Aquí hemos reproducido, con autorización de la autora, parte de la introducción y del capítulo titulado España.