«Conozco a Xi Jinping desde hace tiempo. Cuando dejé de ser vicepresidente había pasado con Xi Jinping más tiempo que ningún otro líder mundial… Es muy, muy directo. No tiene ni un hueso democrático en su cuerpo. Pero es inteligente, un tipo inteligente. Es uno de los que cree, como Putin, que la autocracia es la ola del futuro y que la democracia no puede funcionar en un mundo siempre complejo». Así se refería el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, al líder chino, en su primera rueda de prensa tras asumir el poder.

Y puntualizaba aún más: «Lo que admiro de tratar con Xi es que comprende que ningún líder puede mantenerse si no representa los valores de su país. Y por eso le dije: ‘Los americanos valoramos la noción de libertad. América valora los derechos humanos. No siempre vivimos de acuerdo a nuestras expectativas pero somos un sistema basado en valores. Estamos fundados sobre ese principio. Y en la medida en que su país siga violando los derechos humanos, vamos a continuar, de una manera implacable, llamado la atención del mundo sobre lo que sucede».

No sabemos lo que contestó Xi Jinping, el hombre que dirige el destino de China desde 2013 y probablemente siga haciéndolo muchos años más. Por lo que dicen quienes se han reunido con él es alguien que escucha mucho y habla poco. Lo que sí sabemos es que considera que el pueblo chino quiere que sus dirigentes les garanticen seguridad y estabilidad. Y defiende que, igual que China no se inmiscuye en los asuntos internos de otros países, espera en que tampoco injieran en los suyos.

Estados Unidos, con Joe Biden al frente, es el adalid de las democracias liberales. Es todavía la gran superpotencia económica, política y militar. Biden repite una frase a sus tradicionales aliados: «America is back» (América ha vuelto) para indicar que la fase de unilateralismo de la etapa Trump está superada.

China es la gran potencia del siglo XXI, capaz de superar una pandemia, con datos de crecimiento antes de un año. En 2021 prevé un PIB del 6%. Con Xi Jinping al frente, China sabe que su crecimiento económico está apuntalado en la estabilidad social.

La sociedad china tiene un pacto implícito con sus dirigentes: a cambio de prosperidad aceptamos el control. Por el bien del país y para no volver a los tiempos en los que los chinos solo conocían penurias.

[Condenamos] el genocidio que se está cometiendo contra los uigures musulmanes y otras minoría en Xinjiang»

antony blinken

En un año 2021 marcado por la incertidumbre ligada a la pandemia del nuevo coronavirus se libra un pulso entre las democracias liberales, encabezadas por Joe Biden como presidente de Estados Unidos, y las autocracias, lideradas por el líder chino, Xi Jinping. La Unión Europea es aliada de Estados Unidos, si bien hay países con tendencias autocráticas. La Rusia de Vladimir Putin apoya a la China de Xi y busca su respaldo cuando desafía a Bruselas o a Washington.

En la presentación del Human Rights Report de 2020, el secretario de Estado, Antony Blinken, aludió el 30 de marzo al «genocidio que se está cometiendo contra los uigures musulmanes y otras minorías en Xinjiang». También se refirió a «los ataques y encarcelamiento de políticos opositores, activistas anticorrupción, y periodistas independientes en países como Rusia, Uganda y Venezuela».

Días antes, en el primer encuentro entre el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, y el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, y el jefe de la oficina de Exteriores del Partido Comunista Chino, Yang Jiechi, en Alaska saltaron las chispas. Blinken acusó a China de poner en peligro la estabilidad global con su actitud en Hong Kong, Xinjiang y Taiwan.

«La alternativa a un mundo basado en reglas es un mundo el que los ganadores se lo llevan todo. Eso haría que el mundo fuera más inestable y violento», dijo Blinken.

Yang Jiechi se lanzó al ataque y recriminó a Blinken por «la mentalidad de guerra fría» de Estados Unidos. «Nosotros no creemos en invasiones, ni estamos pensando en deponer regímenes.. o masacrar a gente de otros países», dijo Yang, quien recordó a Blinken que Washington usa su capacidad militar para «incitar a otras naciones a atacar a China».

Asimismo, le recordó cómo muchos estadounidenses reprochan a sus autoridades por el trato dado a las minorías y denuncian casos de racismo.

¿Una nueva guerra fría?

¿Estamos ante una nueva guerra fría con dos bloques, autócratas versus demócratas? Hay claras diferencias porque vivimos en un mundo multipolar y porque las ideologías se quedaron en el siglo XX.

Sin embargo, hay paralelismos, como destaca Gideon Rachman en el Financial Times. «De nuevo tenemos un eje Rusia-China contra una alianza occidental, encabezada por Washington. La semana pasada, mientras Joe Biden se dirigía a la cumbre de la UE, su jefe de la diplomacia daba un discurso a los aliados a los que instaba a frenar las ambiciones militares chinas y la ‘agresión’ rusa. Mientras tanto, Serguei Lavrov, el ministro ruso de Exteriores, estaba en China, reclamando a Pekín y Moscú que reaccionaran contra el poder de EEUU».

Gideon Rachman señala cómo la tensión entre Washington, Pekín y Moscú es cada vez mayor. «Pekín argumenta que las tensiones se deben a la incapacidad de Washington de asumir el ascenso de China. Y hay un elemento de verdad en esta idea… Pero la narrativa de Pekín ignora hasta qué punto ha contribuido al cambio en las actitudes estadounidenses y europeas. El incremento de la represión, el culto a la personalidad de Xi y el mayor músculo militar chino hacen más fácil vender las visiones de los halcones en EEUU y Europa».

En la denominada segunda guerra fría el conflicto puede caldearse en varias regiones sensibles. Serían, según Rachman, la península coreana y Taiwán. En Europa, Ucrania es donde se focaliza la tensión con Moscú. Y también en Bielorrusia.

La idea de Biden de crear un frente común de países democráticos se encontrará con que en el mundo actual los Estados se alían por intereses pragmáticos y no por ideologías»

mariano aguirre, chatham house

Sin embargo, según Mariano Aguirre, miembro asociado de Chatham House, «la idea de Biden de crear un frente común de países democráticos se encontrará con que en el mundo actual los Estados se alían por intereses pragmáticos y no por ideologías, como durante la Guerra Fría. Y las alianzas son flexibles. India puede formar un frente con Washington y, a la vez, comprar armas a Rusia y estrechar su comercio con China». 

Para Mario Esteban, investigador senior del Real Instituto Elcano, hay diferencias con la guerra fría pero hay dos o tres elementos coincidentes. «Hay una división ideológica que ya no es capitalismo versus comunismo sino democracia versus autoritarismo. Además, vuelve a verse todo desde el prisma de la seguridad. Las dinámicas de cooperación se mantienen pero son más selectivas».

Subraya Esteban cómo el gobierno chino es hábil a la hora de explicar estas tensiones a sus ciudadanos. «Para evitar que se inclinen hacia el liberalismo recurren al nacionalismo y saben transformar esas críticas del exterior en más apoyo. Esas presiones externas generan más respaldo al gobierno frente a lo que consideran injerencias del exterior».

Pekín está confrontando económica y estratégicamente el dominio estadounidense en América latina al transformarse en el principal socio comercial e inversionista»

augusto varas, equitas

Un ejemplo de cómo actúa China como potencia económica del siglo XXI es su acción en América Latina. «Pekín está confrontando económica y estratégicamente el dominio estadounidense en la región al transformarse en el principal socio comercial e inversionista extra regional, proveedor de recursos para grandes proyectos de infraestructura, e incrementando su presencia militar a través de la venta de armamento y vehículos ligeros», explica Augusto Varas, presidente de la Fundación Equitas.

«Lo más importante ha sido la decisión china de involucrar a América Latina en la confrontación estratégica con EEUU a partir del acuerdo con Argentina de la instalación de una base de observación y control satelital de uso civil (y militar) en Neuquén. A cambio China ha otorgado a Argentina un millonario swap de monedas y un plan de inversiones a largo plazo, además de ser un mercado clave para sus productos, como lo es para muchos países de la región. Sumado lo anterior a la política china de una mayor presencia en la Antártida, Beijing ha bloqueado en los hechos la posibilidad de que América Latina avance en la construcción de una zona de paz regional», añade Varas.

La UE y Rusia buscan su sitio

Mariano Aguirre apunta cómo «los miembros de la UE no escapan a esta forma de actuar (alianzas pragmáticas). Alemania, por ejemplo, tiene un fuerte acuerdo con Moscú sobre compra de gas, y toda Europa sabe que tiene que contar con China. Para la UE sería un riesgo cerrar filas con una potencia en declive como Estados Unidos, sin tener una política clara hacia China y Rusia».

La Unión Europea aprobó en marzo sus primeras sanciones contra China desde la masacre de Tiananmen en 1989. Se refieren a cuatro funcionarios a los que responsabilizan de abusos contra los derechos humanos en Xinjiang. EEUU y Reino Unido aplicaron medidas similares inspiradas en las aplicadas por la UE.

Pekín reaccionó de inmediato y sancionó a diez europeos, entre ellos diputados de Alemania, Francia, Bulgaria y Eslovaquia. China reprocha a la UE que difunde mentiras y daña su soberanía. Desde 2019 la UE considera a China como socio y rival sistémico. También la Administración Biden está en esa línea. Hay asuntos en los que han de cooperar, pero eso no es óbice para señalar las violaciones de derechos humanos.

Con Rusia las relaciones atraviesan un mal momento con EEUU y con la UE. Joe Biden admitió en una entrevista en la cadena ABC que veía a Putin como «un asesino». Rusia llamó a consultas a su embajador. Y después de las críticas a Moscú por el encarcelamiento del disidente, Alexei Navalni, el Kremlin ha retirado a su embajador en la UE, si bien mantiene sus relaciones con los Veintisiete. El desencuentro previo entre Lavrov y el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, fue épico.

El objetivo de Rusia es mantener la confrontación de manera responsable, evitando la colisión militar y ser tratada como un actor importante»

mira milosevich, r.I. elcano

A juicio de Mira Milosevich, investigadora senior del Real Instituto Elcano, «Biden intentará garantizar la estabilidad estratégica y por otro lado seguir con las sanciones. Lo que será diferente es el apoyo abierto a los enemigos de Putin: Bielorrusia, Ucrania, Georgia e incluso a figuras de oposición como Alexei Navalni. Eso supone un paso más allá porque esto enfada a los rusos». 

Putin si tiene que escalar el enfrentamiento con Washington lo hará a través de proxys, en Oriente Medio, por ejemplo. «Rusia quiere renovar los canales de comunicación. Biden ha dicho que quiere renovarla y eso para Rusia ya es una ganancia porque EEUU los trata así como gran potencia, con alguien con quien hablar. El objetivo es mantener la confrontación de manera responsable, evitando la colisión militar, garantizar la estabilidad estratégica, y ser tratada como un actor importante». 

Ahora será el poder tecnológico, focalizado en el 5G y la inteligencia artificial, lo que definirá el avance de los colosos. A diferencia de lo sucedido en el siglo XX, nuestra economía está integrada de forma global. Lo hemos visto con la pandemia. Y si una potencia ha entendido cómo funciona la globalización esa es China.