Contar con un Rasputin como asesor es arriesgado. Más aún si no se entiende con la zarina. En este caso con Carrie Symonds, novia oficial del primer ministro británico, Boris Johnson. Como spin doctor, Dominic Cummings fue el ideólogo de la campaña del Brexit. Así Boris Johnson le convirtió en el Rasputin del 10 de Downing Street, de donde tuvo que salir el pasado noviembre como un apestado. Encumbró a Boris y ahora parece dispuesto a sepultarlo.

Cuando apenas faltan ocho días para las elecciones municipales, cada día Boris Johnson se despierta con una novedad más escandalosa que la anterior. Este miércoles la Comisión Electoral del Reino Unido ha encontrado pruebas para emprender una investigación formal al primer ministro por la supuesta financiación indebida de la redecoración del 11 de Downing Street.

La investigación determinará si la reforma del apartamento donde vive Boris y su novia, Carrie Symonds, madre de su sexto hijo, se pagó por una donación al Partido Conservador, que luego el primer ministro habría reembolsado. Los partidos británicos pueden recibir donaciones pero han de declararlas. Boris Johnson lo ha negado.

Los primeros ministros tienen un presupuesto de unos 30.000 libras para reformar esta vivienda cuando toman posesión. Pero a Carrie no le daba ni para empezar. Tiene unos gustos sofisticados. La remodelación habría costado más de 200.000 libras esterlinas. Y la sospecha apunta a que Cummings ha puesto el ventilador.

Boris Johnson lo niega todo. Como también rechazó categóricamente que hubiera dicho que prefería «ver cadáveres apilados en las calles, antes que volver a confinar». Lo que acabó haciendo, a su pesar. Y con buenos resultados.

El Reino Unido está lidiando con la pandemia mejor que la Unión Europea. Juega a su favor que inició la campaña de vacunación antes y que cuenta con vacuna made in UK, la de Oxford y AstraZeneca, que allí ha seguido aplicándose.

La historia de Boris Johnson está llena de declaraciones suyas de las que se desdice. Y si alguien lo sabe es Dominic Cummings, quien conoce bien todos los puntos flacos de su ex jefe. Y, desde su época de periodista en Bruselas, Boris Johnson muere por la boca.

Las bombas de Cummings

El ex spin doctor de Boris Johnson lanzó la primera bomba el viernes 23 de abril con un comunicado en el que acusaba al primer ministro de intentar frenar una investigación en el seno del gobierno.

En realidad, Cummings reaccionó al ataque de Boris Johnson que le relacionó con la filtración de unos mensajes entre el primer ministro y el empresario James Dyson. En ellos Dyson, inventor de la aspiradora que lleva su nombre, se ofrecía a fabricar respiradores a cambio de ventajas fiscales.

Cummings negó cualquier relación con esa filtración, aunque tenía parte de los mensajes porque se los envió Boris Johnson. En su mensaje a los medios, aludió a cómo el primer ministro se enfureció por la filtración del segundo confinamiento a The Times.

Sospechaba de Henry Newman, asesor del gobierno, y como era amigo de su novia, le pidió a Cummings que hiciera lo posible por parar la investigación y así no tener que despedirle.

También decía el ex asesor de Boris Johnson en ese texto que se había opuesto a que la reforma del apartamento se hiciera de forma poco transparente, como pretendía el primer ministro.

Según Cummings, la idea era crear una fundación para enmascarar esa redecoración bajo la apariencia de una intervención en un edificio histórico. Finalmente se recibió una donación, que podría ser de Lord Brownlow, de 58.000 libras. «Le dije que esos planes no eran éticos, eran estúpidos y estaban contra las normas», dic en el comunicado. Y se ofrecía a declarar en el Parlamento sobre todos estos asuntos.

Fueron Tony y Cherie Blair los primeros en utilizar el apartamento del número 11 de Downing Street, más amplia que la vivienda ubicada en el número 10. Los Blair se gastaron unos 127.000 libras en adecuar la residencia, de cuatro habitaciones, a sus usos y costumbres. Los Cameron también redecoraron el primer piso.

La primera dama, o primera novia como suelen llamarla los medios británicos, quiso convertir»la pesadilla» de la decoración que se encontraron tras el paso de Theresa May y su esposo en «un refugio de la alta sociedad» de la mano de la diseñadora de interiores Lulu Lytle.

De acuerdo con lo que publicó The Times on Sunday, Cummings va a ir más allá cuando comparezca ante el Parlamento. Va a presentar informes y datos sobre la responsabilidad de Boris Johnson en las muertes por coronavirus, especialmente en la primera oleada, cuando se resistió a aplicar el segundo confinamiento y no cerró fronteras.

Lady MacBeth entre bambalinas

Quien más chocó con Dominic Cummings cuando estaba en el 10 de Downing Street fue Carrie Symonds, que acaba de cumplir 33 años, 24 menos que el primer ministro. A diferencia de sus predecesores como primera dama, no está casada pero es madre del sexto hijo de Boris Johnson, Wilfred Laurie Nicholas Johnson, quien cumple un año este jueves. El niño lleva los nombres de los médicos que atendieron a Boris Johnson cuando estuvo enfermo de coronavirus.

Carrie Symonds conoció a Boris Johnson cuando ella era una jovencísima veinteañera que trabajaba en su campaña para la reelección como alcalde de Londres. Entonces Boris Johnson era un mujeriego inagotable. Symonds le ha transformado. Hasta cuida más su imagen.

Y Symonds, hija de una relación extramatrimonial de uno de los fundadores de The Independent y una abogada del periódico, accedió a una educación exquisita sufragada por su acaudalado progenitor.

Primero quiso ser actriz, tras estudiar teatro en la Universidad de Warwick, pero fracasó. Tuvo el acierto de reciclarse como experta en Comunicación, y pudo encontrar hueco en el Partido Conservador, donde conoció al volcánico Boris.

A ella le atribuyen no solo la marcha de Cummings, sino también la de Lee Cain, responsable de Comunicaciones. También el giro hacia el consenso del primer ministro y su interés por mejorar las relaciones con los parlamentarios conservadores. Es ecologista aunque milita en la causa conservadora y pro Brexit.

Boris miró a otro lado cuando salió Dominic Cummings del 10 de Downing Street y pensó que así eliminaba fricciones en casa. Sin embargo, el maquiavélico spin doctor ha esperado su momento. A una semana de las municipales, y de las elecciones en Escocia, el 6 de mayo, los escándalos están colocando a Boris Johnson en una posición de debilidad.

Boris Johnson insiste en que a la población le preocupa la vacunación, y va sobre ruedas ya que ya han empezado con los treintañeros. Pero falta una eternidad en política, ocho días, para acudir a las urnas, y cada día los británicos conocen nuevas supuestas ilegalidades cometidas por su jefe del gobierno.