Sostiene Moisés Naim que a los dictadores del siglo XXI les gustan las elecciones. “La proliferación de autócratas enamorados de elecciones presidenciales es un sorprendente fenómeno político. No es que a los dictadores les gusten los comicios libres y justos en las cuales ellos podrían perder. Eso no. Lo que buscan es el pasajero aroma democrático que les impregna una elección popular, siempre y cuando su victoria esté garantizada”, ha escrito en su columna en La Tercera. En ese contexto hemos de entender las elecciones regionales que se celebran este domingo en Venezuela, cuando unos 21 millones de venezolanos están convocados a votar por 23 gobernadores, 335 alcaldes, 53 legisladores a los Consejos Legislativos y 2.471 concejales. 

A Nicolás Maduro le gustan las urnas, siempre y cuando ejerza el control. Aún no llega a la farsa que hemos visto en la Nicaragua de Daniel Ortega el 7 de noviembre, donde el régimen detuvo a todos los posibles rivales y a representantes de la sociedad civil antes de la votación, pero el proceso electoral en Venezuela dista mucho de ser justo y libre. No es de extrañar que cada vez menos venezolanos tengan confianza en la democracia: 18 puntos menos que en 2013 cuando asumió el poder Maduro, según una encuesta de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas. 

Los seis millones de venezolanos en el exilio, un 20% de la población, no podrán participar en estos comicios. La abstención se prevé elevada porque la población está desmotivada y no cree que esta convocatoria resuelva sus problemas más básicos. El 94,5% de los venezolanos vive por debajo del umbral de pobreza y el 76,6% por debajo del umbral de la pobreza extrema, según la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi), elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello y dada a conocer en septiembre. 

Es la primera vez en la Historia en que Haití, Honduras y Cuba tienen un salario mínimo y medio más alto que en Venezuela. Así está el país que tenía las mayores reservas petroleras del mundo»

josé manuel puente, economista

“Es la primera vez en la Historia en que Haití, Honduras y Cuba tienen un salario mínimo y medio más alto de Venezuela. Así está el país con mayores reservas petroleras del mundo. Ahora vivimos una locura cambiaria: el dólar domina pero el gobierno se niega a reconocerlo. La moneda en curso es el bolívar que ahora se llama digital. Después de la última reconversión se han eliminado 14 ceros desde 2007”, explica José Manuel Puente, profesor titular de IESA y economista. 

Si hubiera elecciones con garantías, el Gran Polo Patriótico (la coalición gubernamental en la que se agrupa el Partido Socialista Unificado de Venezuela) apenas llegaría al 15%. Sin embargo, el oficialismo es favorito y saldrá reforzado del 21N. Tiene el viento de cara en las instituciones y además se presenta unido. Maduro ha llamado a  «a votar por la dignidad de Venezuela, por el respeto, contra el imperialismo americano”. 

Una oposición dividida y desnortada

Por el contrario, la oposición, que participa por primera vez desde 2017 en unas elecciones acude fragmentada. De hecho, mientras unos llaman al voto (Capriles), otros (Guaidó) insisten en que nada cambiará y que no son unos comicios justos ni libres, aunque no promuevan el boicot abiertamente. Aunque ocho de cada diez venezolanos quieren un cambio la oposición no ha podido capitalizar el descontento.

Hemos perdido la oportunidad de meter el dedo en la llaga de lo que está mal y de lanzar un mensaje unificado. Estas elecciones no solucionan el problema estructural del país»

armando armas, diputado en el exilio

“Hemos echado a perder la oportunidad de meter el dedo en la llaga de lo que está mal y de lanzar un mensaje unificado de todos los candidatos de la oposición. Estas elecciones no solucionan el problema estructural de Venezuela. Las que podrían empezar a solucionarlo serán las presidenciales y legislativas”, explica el diputado Armando Armas, de Voluntad Popular, en el exilio. 

Armas discrepa de la línea de su partido de participar en las elecciones y afirma que en todo caso deberían haberse celebrado primarias en la oposición. “Habría que haber lanzado un mensaje claro de cambio de sistema estructural porque sin esta condición no habrá avances. Puede convocarse una Asamblea Constituyente con las tres quintas partes de los consejos municipales. Así se podría refundar el país”, señala el diputado venezolano. 

Recuerda que la mayoría de los alcaldes opositores que ganaron su mandato en las últimas municipales han tenido que salir del país o están presos y cita como caso extremo a Fernado Albán, al que arrojaron de un edificio estando preso por el Sebin. “Estas elecciones son instrumentales para que Maduro siga en el poder”, sentencia. “Algunos creen que servirá para recuperar el voto y más adelante promover un voto revocatorio y así podrán verse las valencias del sistema y nuevos liderazgos. Pero los costos de asumir esto son mayores que los beneficios de cara a la recuperación de la democracia”. 

Otras figuras relevantes de la oposición como Henrique Capriles, dos veces candidato presidencial, ha llamado a los venezolanos a “reencontrarse con el voto”. Dejaba claro a su vez cómo “el adversario no es ni Guaidó (presidente encargado reconocido por 60 países) ni ningún otro liderazgo de las fuerzas democráticas. El adversario es Maduro”. Según escribió Thays Peñalver cuando se convocaron las legislativas, la jugada de Capriles obedecía y lo hace ahora a “un cálculo político”. Intenta sobrevivir como líder de la fragmentada oposición. 

También es una novedad que éstas serán unas elecciones con observadores de la Unión Europea, Naciones Unidas y el Centro Carter por primera vez en 15 años. Las últimas declaraciones de Maduro sobre los observadores de la UE dejan claro su talante democrático. «¿Puede algún veedor internacional dar un veredicto sobre la validez de un proceso nacional y soberano de un país? No. Así que se bajan de esa nube, comisión de la UE. Se ponen bien humilditos y respetan la legalidad de Venezuela», ha dicho el líder chavista, ante la ex senadora colombiana Piedad Córdoba, justo quien le introdujo a Saab, y el cofundador de Podemos Juan Carlos Monedero, los dos aliados del régimen.

«Si me respetas, te respeto. Y si pretendes traer veredictos, violar la soberanía, y pretendes exponer tu complejo de superioridad e inmiscuirte en asuntos internos de Venezuela, tendrás la respuesta política, institucional y diplomática que Venezuela sabe dar, en su momento», ha remarcado. Así que Maduro no aceptará ningún dictamen que ponga en duda la limpieza de las elecciones.

El Alto Representante de Política Exterior, Josep Borrell, sin embargo, dijo en octubre que sabía que “las elecciones en Venezuela no son como en Suiza. Nadie puede pretender que lo sean”. Al diputado Armando Armas no le gustan nada estas declaraciones porque “aspiramos a unas elecciones como las que hubo en Venezuela y que fueron referentes incluso para España”. A su juicio, hay que esperar el informe sobre las elecciones. “De momento han minimizado las irregularidades e incluso la violencia”, señala Armas. Sin embargo, sí defiende la acción del Parlamento Europeo sobre Venezuela. 

Acaba de anunciar el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que defiende al régimen de Maduro sin ambages. Es el gran avalista del régimen en el proceso de diálogo, suspendido desde que se procedió a la extradición de Alex Saab por blanqueo de dinero, a quien Maduro considera diplomático a su servicio a Estados Unidos desde Cabo Verde. Maduro busca en esa mesa el levantamiento de las sanciones internacionales. 

La posición de Zapatero está en las antípodas del también ex presidente socialista Felipe González, quien sostiene que solo podrá haber democracia en Venezuela si sale Maduro. La Corte Penal Internacional acaba de abrir una investigación a Venezuela por la comisión de presuntos delitos de lesa humanidad contra manifestantes opositores. Este paso dado por la Corte Penal Internacional va contra ese objetivo del levantamiento de sanciones. 

Maduro, miembro de Autocracia SA

Pero Maduro resiste. En 2013 Capriles veía cercano su final. En 2019 el entonces secretario de Estado Mike Pompeo decía que sus días estaban contados. Pero sigue en el poder sin señales de que sea inminente su final. 

En el último artículo publicado por The Economist confirma cómo Maduro está avanzando a pasos agigantados hacia la autocracia. En primer lugar, ha subvertido las instituciones desde que perdió el control de la Asamblea Nacional en 2015. Ya entonces aseguró que no volvería a suceder y así fue en diciembre de 2020 aunque antes había ido restando poder a la Asamblea Nacional. Maduro difícilmente va a convocar unas elecciones que sepa que va a perder.

El Tribunal Supremo es leal al régimen. Sin embargo, en el Consejo Nacional Electoral dos de sus cinco miembros ahora ya no responden al gobierno. Los medios de comunicación están bajo el control del régimen, salvo algunos destacados digitales que operan desde fuera del país. Pero las televisiones obedecen al oficialismo. 

En segundo lugar, cuenta con la élite del ejército gracias a las prebendas que obtienen y con el respaldo de la Inteligencia cubana. Los disidentes acaban como el general Baduel, muerto en prisión recientemente tras años encerrado. La versión oficial dice que sufrió Covid pero su hija denuncia su asesinato. 

La gente con menos recursos está sufriendo mucho. Esa necesidad que padecen muchos le sirve para apuntarle porque de ellos dependen: comen o no comen»

josé manuel puente, economista

En tercer lugar, se ha librado de muchos críticos que se han visto forzados al exilio. Y el país ha sufrido una sangría con la emigración de seis millones de personas. Muchos de los que quedan dependen del Estado. “La gente con menos recursos está sufriendo mucho. Esa necesidad que padecen muchos le sirve para apuntarle porque de ellos dependen: comen o no comen. Controlan el aparato clientelar”, apunta José Manuel Puente. Los que reciben ayuda estatal tienen una tarjeta que luego se controla cuando votan. Han de ser leales para seguir recibiendo esa ayuda. 

Paradójicamente, como señala The Economist, la dolarización da cierto balón de oxígeno que beneficia a la clase media. En los comercios de las zonas ricas de Caracas puede encontrarse de todo a precios de capitales europeas. Lo llaman la pax bodegónica (por las bodegas, tiendas). Junto a los que dependen de la canasta básica conviven esos privilegiados que tienen a su alcance sofisticadas delicatessen. 

Así Maduro forma parte del grupo de lo que Anne Applebaum llama en The Atlantic los “chicos malos” que van ganando. Y los pertenecientes a ese club no solo cuentan con dinero y seguridad, sino también algo tan intangible como importante: la impunidad. Así ha sido hasta ahora. La Corte Penal Internacional, sin embargo, acecha a Maduro.