Europa

El Ejército ucraniano resiste

Kiev vive horas cruciales con intensos bombardeos y tiroteos en sus calles, mientras el presidente rechaza salir de la ciudad

Un edificio destruido por los bombardeos rusos en Kiev

Consecuencias de un bombardeo nocturno en una zona residencial de Kiev, Ucrania. EUROPA PRESS

Todas las miradas se centran ahora en las Fuerzas Armadas de Ucrania. De ellas depende el futuro del país. De momento, y con un sacrificio en vidas humanas que aumenta cada hora, está resistiendo a la ofensiva a gran escala del ejército ruso, con especial foco en Kiev, la capital, donde se escuchan tiroteos cerca del centro. Algunas fuentes sitúan a las tropas rusas a apenas una decena de kilómetros de esta bella ciudad de 2,8 millones de habitantes. Es el objetivo principal de la ofensiva de Putin. Estas horas son decisivas.

Las tropas rusas en Ucrania han recibido este sábado la orden de avanzar en todos los frentes, según la agencia RIA. Putin ha dado la orden de ampliar la ofensiva en todo el país vecino, según su portavoz, Dmytri Peskov, que echa la culpa a los ucranianos por no aceptar una oferta de paz. Ni era propuesta ni hubo pausa. Más guerra de propaganda. Los soldados rusos están encontrando una resistencia con la que no contaban. Son encarnizados los combates en Jarkov, segunda ciudad del país, pero hay ataques en el este, la zona del Donbás, el sur, y por supuesto sobre la capital.

En un dramático llamamiento, el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, ha apelado a la población y al Ejército para defender Kiev. «Debemos resistir… No podemos perder la capital». A primera hora de este sábado, ha difundido en Twitter un video en el que asegura que el Ejército no entregará las armas y él sigue a cargo del país. «Necesito munición, no que me saquen de aquí», ha respondido a EEUU que le ofrecía ayuda para salir de la ciudad. En las redes sociales los servicios nacionales de emergencia han distribuido imágenes del impacto de los bombardeos en un edificio.

La policía ucraniana ha difundido una alerta a los ciudadanos de Kiev vía Telegram: «Hay tiroteos en las calles de nuestra ciudad. Mantengan la calma y tengan cuidado en la medida de lo posible. Si están escondidos, no salgan. Si están en casa, no se asomen a las ventanas, ni vayan a los balcones. Escóndanse dentro, por ejemplo, en el baño, y cúbranse con algo que les proteja de fragmentos de bales. Si escuchan las sirenas de alarma antiaérea, vayan a los refugios de forma inmediata».

El alcalde de Kiev, Vitaly Klitschko, ha dicho que él estaba al pie del cañón. «La ciudad está haciendo todo lo posible. Ayudad a la gente de Kiev. Con comida, agua y necesidad es básicas. La gente en los refugios y en los hospitales, y nuestros defensores en el ejercito lo necesitan». Previamente, había anunciado que el metro ya no funcionaba como medio de transporte y pasaba a ser refugio para los ciudadanos frente a los bombardeos rusos.

Putin, imparable contra el gobierno de Kiev

El líder ruso, Vladimir Putin, ha intentado seducir a las Fuerzas Armadas a quienes ha ofrecido ser sus interlocutores. Sabe que si los soldados ucranianos y sus oficiales plantan cara la batalla será larga. Y el tiempo juega en contra de los intereses del Kremlin, que de momento gana el pulso.

Cuanto antes acabe la ofensiva, menos bajas tendrá el ejército ruso y con más moral acabará la contienda. Además, se evita más protestas con miles de arrestos en Rusia, que dejan claro que Putin no es Rusia. De ahí que haya incrementado la presión sobre Kiev y dé mucho énfasis a la toma de ciudades como Melitópol, a 50 kilómetros del mar de Azov, aún en cuestión.

Los ucranianos y sus Fuerzas Armadas están dando la batalla por todo el país. Las fuerzas rusas han perdido impulso y no están avanzando tan rápidamente como los servicios de inteligencia de Estados Unidos habían estimado que lo harían, según dijo un alto funcionario del Departamento de Defensa, que cita The New York Times. Hay informaciones aún no contrastadas que apuntan a que han sufrido numerosos bajas y que los soldados rusos padecen hambre y les falta apoyo logístico.

La Inteligencia estadounidense destaca que hay combates en varias ciudades y sus alrededores, y que las fuerzas ucranianas están defendiéndose con todas sus fuerzas. Según fuentes de la Inteligencia occidental, las fuerzas rusas no están consiguiendo todos sus objetivos. Por ello se han focalizado en tomar Kiev y deponer al gobierno.

El Kremlin no había utilizado hasta ahora toda su capacidad. En la noche del viernes y el sábado está concentrándose en la capital de Ucrania. Los refugios esta noche estaban llenos. Estremece ver a los niños aterrorizados bajo tierra. Difícilmente olvidarán estos días en los que han sido dejados a merced del tirano del Kremlin.

Especialmente simbólica es la defensa de Kiev, la capital, donde no sonaban las sirenas antiaéreas desde 1941 cuando fue objetivo del régimen nazi. Qué paradoja que Putin llame «neonazis» a los dirigentes ucranianos. En una muestra del surrealismo del Kremlin, el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, ha llegado a decir que Ucrania no es una democracia.

En Kiev ya van dos noches que parecen un viaje en el tiempo. Muchos hogares se han quedado vacíos: en las primeras 48 horas de conflicto se han desplazado unas 50.000 personas, según ACNUR. A última hora de la tarde del viernes se escucharon cinco explosiones en cinco minutos en el noreste de la ciudad donde hay una planta eléctrica, según informaba en redes sociales el alcalde, Vitaly Klitschko. A los ciudadanos los dirigentes les han aconsejado que se hagan con armas y que fabriquen cócteles molotov. Las tropas rusas se están empeñando a fondo para llegar al corazón gubernamental. Quieren deponer a Zelensky y colocar un gobierno títere.

El presidente ucraniano ha hecho un dramático llamamiento pasada la medianoche local. «Esta noche será la más dura… Debemos resistir. Será dura, pero amanecerá», ha dicho a la nación. «Muchas ciudades de nuestro país están siendo atacadas: Chernihiv, Sumy, Jarkov, nuestros niños y niñas en el Donbas, las ciudades del sur, y especial atención a Kiev… No podemos perder la capital». Ha vuelto a aparecer en sus redes este sábado para demostrar que sigue en Kiev y que es el primero en mantenerse en pie. «Protegeremos nuestro país, porque la verdad es nuestra arma. La verdad es que esta es nuestra tierra, nuestro país, nuestros niños, y los protegeremos. Es lo que quiero contaros. Gloria a Ucrania».

En el este del país, en la región de Sumy los bombardeos rusos amenazan los gasoductos, que son vitales para el suministro energético del país. La comisaria de derechos humanos de Ucrania, Lyudmyla Denisova, recordaba que son infraestructuras protegidas por el derecho internacional. Los combates son tan cruentos que incluso Médicos sin Fronteras ha cesado sus operaciones sobre el terreno.

China presiona para negociar

Al tiempo que las bombas caían sobre la capital, y su población optaba por irse con lo puesto o buscar cobijo en los refugios por la noche, y defenderse por el día, desde el Kremlin llegaban el viernes cantos de sirena en forma de supuestas ofertas de diálogo. El portavoz de Putin aseguraba que delegaciones de Exteriores y Defensa podrían sentarse con representantes ucranianos en Minsk, capital de Bielorrusia, para negociar.

Moscú daba así por hecho que no sería el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, el interlocutor. Es decir, el Kremlin impondría el lugar del encuentro, al interlocutor ucraniano que previamente habría depuesto a Zelensky, y la hoja de ruta. En realidad, se trataba de lanzar el anzuelo a ver si pican los altos cargos del ejército y hacen el trabajo sucio en nombre del Kremlin.

El portavoz del presidente ucraniano, Serhiy Nikiforov, ha aclarado que Ucrania estaría dispuesta a hablar de alto el fuego y de paz bajo la guía de Zelensky. Habría que fijar fecha y ubicación. Minsk no es aceptable por ser la capital de Bielorrusia, aliada del Kremlin.

La opción del diálogo volvía a resucitar después de una conversación telefónica entre el líder ruso, Vladimir Putin, y el presidente chino, Xi Jinping. Si bien China ha criticado las sanciones de las potencias occidentales, también es cierto que a Pekín no le ha gustado que el Kremlin haya emprendido la ofensiva. Lo dejó caer el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, en Múnich al asegurar que había que respetar la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. Zelensky también ha apelado al primer ministro de Israel, Neftali Bennet, para que medie con Putin.

Sin embargo, este sábado el portavoz del líder ruso, Dmytri Peskov, ha enterrado la vía del diálogo porque, según el Kremlin, el gobierno ucraniano la ha rechazado. Y por esa razón se han recrudecido los combates. Al tiempo, en Rusia se ha prohibido la difusión de datos de víctimas y el uso de palabras como «invasión» y «guerra». El Kremlin sabe que tiene que imponer su verdad, como esa justificación de la operación militar especial por el hostigamiento que sufre el idioma ruso en Ucrania, según explicaba el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, a los periodistas, previa reprimenda por plantearle preguntas que no le gustaban.

Si hay alguien que se ha echado de menos en esta crisis es a la ex canciller alemana Angela Merkel, quien por primera vez hacía unas declaraciones este viernes a la agencia Dpa: «No hay justificación para una violación tan flagrante de la ley internacional. Lo condeno en los términos más estrictos». Hay quienes creen que Putin habría escuchado mejor sus argumentos que a ningún otro líder europeo. Y además en ruso, ya que Merkel habla bien el idioma de Pushkin.

A su vez, la presión sobre Rusia por parte de Estados Unidos y la UE ha subido de tono. La UE ha aprobado un tercer paquete de sanciones en el que incluye a Putin y a su ministro de Exteriores, Serguei Lavrov, a quienes congela sus activos financieros en sus territorios. Estados Unidos se ha unido a esta medida de castigo.

Hasta dónde llegará Putin

Si bien la OTAN sigue sin abrir la puerta a Ucrania a corto plazo, ni por supuesto se plantea el envío de tropas, este viernes ha aprobado reforzar aún más su flanco oriental. Desplegará «en cuestión de días» las Fuerzas de Respuesta Rápida para aumentar la defensa colectiva en plena invasión militar rusa de Ucrania.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha dicho que los objetivos de Putin «no se detienen en Ucrania». Lo que pretende el líder ruso es cambiar la arquitectura de la seguridad en Europa. La advertencia a Suecia y Finlandia estremece. El Kremlin ha avisado de que habrá represalias si estos países ingresan en la OTAN.

Putin ha demostrado que es mucho más impredecible de lo que nadie imaginaba. En principio, salvo en Polonia, que recelan del líder ruso, parecía imposible que tuviera en mente amenazar a un país de la OTAN, pero como dice la ministra alemana de Defensa, Christine Lambrecht, ha dicho; «Hay esperanza en que no vaya más allá, pero honestamente no tengo ninguna certeza».

Como no la tienen los ciudadanos y los soldados ucranianos que están haciendo frente al invasor ruso. Uno de estos militares le decía al enviado del New York Times a punto de marchar al frente: «Llevamos ocho años de guerra y no sabemos lo que nos queda aún. Pero estoy convencido de que el pueblo ucraniano seguirá siendo libre».

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