Internacional GUERRA EN EUROPA

La primera ciberguerra mundial se libra desde Barcelona: "Vamos a derribar la maquinaria de propaganda rusa"

Hasta 1.200 ingenieros han acudido a su llamada de atacar desde el espacio digital a Rusia. Dmytro Budorin, director ejecutivo de una tecnológica ucraniana, lidera la batalla desde suelo español. El Independiente accede a su cuartel general

Carmen Vivas

De un rascacielos de Kiev a unas oficinas de Barcelona. El cambio de sede social no es la única metamórfosis que en las últimas semanas ha experimentado Hacken, una compañía de ciberseguridad ucraniana convertida ahora en una legión de hackers enrolados en la misión de golpear al enemigo ruso. «Estamos ayudando a Ucrania a combatir contra Rusia en el espacio digital», presume Dmytro Budorin, director ejecutivo de Hacken en conversación con El Independiente.

Budorin es el comandante en jefe del ejército que libra desde un apartamento de la ciudad condal la guerra cibernética, tal vez el lado más oculto de la contienda que inauguró la declaración de guerra de Vladímir Putin el 24 de febrero. «En la ciberguerra la defensa más efectiva es el ataque», responde el ingeniero. Desde su nuevo cuartel general, en suelo español, la cuadrilla de Hacken lanza sus arremetidas contra un ejército anónimo, que deja su firma en códigos maliciosos, gusanos y caídas de servidores.

En la ciberguerra la defensa más efectiva es el ataque

Dmytro Budorin, director ejecutivo de Hacken

«Nuestra principal arma es el cerebro de los miembros de nuestro equipo y la comunidad que estamos formando. Hemos invitado a los hackers de sombrero blanco de todo el mundo a que se sumen a nuestro proyecto, que hemos bautizado como Hacker Forces«, desliza Budorin. Su llamada ha logrado sumar ya a 1.200 entusiastas, tejiendo una red que usa sus conocimientos para detectar las vulnerabilidades de seguridad del adversario y planta cara a los hackers más letales. «Cualquiera que posea un portátil o un ordenador de sobremesa puede enrolarse en este ataque», admite.

La suya no es una batalla defensiva. No se trata de esperar a que los golpes caigan ni tampoco resguardarse de los bombazos o la artillería. Es cuestión de tomar la iniciativa, de ser el primero en asaltar, sorprender y hostigar a las tropas enemigas. «Esta ciberguerra contra Rusia se asemeja a la contienda física. Las fuerzas cibernéticas pro ucranianas están sacudiendo a Rusia siempre que se presenta la posibilidad. Los blancos son las fuentes de propaganda rusa», confirma el máximo ejecutivo de Hacken.

Jaque al Kremlin

Entre sus objetivos figuran las páginas web del Kremlin, el ministerio de Defensa ruso, las fuerzas especiales o la agencia espacial; empresas rusas como Severstal, dedicada al sector del acero y la minería, energéticas, telefónicas o logísticas; medios de comunicación como la radiotelevisión estatal o la agencia de noticias pública RIA Nóvosti; y aplicaciones bancarias. La consigna es también cebarse con las instituciones de Bielorrusia. «Hay que instigar las protestas. Los ciudadanos de ambos países tienen la opción de regresar a la normalidad aplastando a sus dictadores, Putin y Lukashenko«, esgrime un documento al que ha tenido acceso este diario, donde se detallan las instrucciones para los «soldados» de la ciberguerra.

El equipo de Hacken en su cuartel de Kiev, hoy abandonado por la guerra.
El equipo de Hacken en su cuartel de Kiev, hoy abandonado por la guerra. HACKEN

Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, los urdidores de la batalla digital aseguran haber ejecutado con éxito ataques a un centenar de recursos rusos y bielorrusos. «Hemos logrado detectar hasta 450 vulnerabilidades de la infraestructura digital rusa y las fuentes de propaganda», indica. La tarea de vigilancia ha permitido, además, localizar «más de 300 fallas de seguridad en las tripas digitales de Ucrania, lo que ha posibilitado que tanto autoridades como empresas introduzcan mejoras en su protección frente a posibles ciberamenazas que lleguen de Rusia».

«Estamos luchando contra la maquinaria de propaganda rusa. Nuestros ataques van dirigidos a los medios propagandísticos del Kremlin y las cuentas de las redes sociales de los separatistas, que están diseminando noticias falsas sobre la guerra en Ucrania. El objetivo de nuestros ataques es llevar la verdad a la gente que vive en Rusia», arguye Budorin. «Cientos de páginas web rusas han dejado de estar operativas, decenas de terabytes de datos han sido filtrados y millones de personas en Rusia han visto fotografías de soldados rusos asesinados en combate o las pruebas de los crímenes contra la humanidad perpetrados por las tropas rusas en Ucrania».

El único fin de los hackers del Estado ruso ha sido hasta ahora robar dinero y causar el mayor daño posible a las democracias occidentales

Dmytro Budorin, director ejecutivo de Hacken

Entre los supuestos zarpazos, se hallan los ataques de denegación de servicio (DDoS) contra sitios web gubernamentales a través de una aplicación que han apodado Liberator (Libertador, en inglés), desarrollado a partir del software inicial disBalancer. Son las mismas ciberarmas, coordenadas y tácticas con la que desde hace años operan los hackers rusos, lanzadas sin piedad contra objetivos occidentales y que han merecido la condena de Estados Unidos o la Unión Europea. Ahora, en cambio, son empuñadas por los ucranianos en contra del invasor. Budorin, no obstante, establece diferencias y escrúpulos frente al uso del enemigo.

«El único objetivo de los hackers bajo amparo del Estado ruso ha sido hasta ahora robar dinero y causar el mayor daño posible contra países democráticos y sus sociedades», comenta. «Simplemente actúan como ciberterroristas. Sus actividades no aportan ningún valor a la sociedad global», agrega quien rechaza proporcionar información de las flaquezas tecnológicas de Moscú. La discreción, también entre números y códigos, es un deber patriótico.

«Nuestro equipo y la estrategia de ciberguerra que seguimos no está enfocada en las ganancias financieras. Más bien al contrario. Las acciones que llevamos a cabo contra Rusia en el espacio digital requieren de gran cantidad de recursos y esfuerzos financieros. Y el objetivo de estos ataques es detener la guerra en Ucrania para salvar miles de vidas, incluidas las de nuestras mujeres y niños», aduce.

El objetivo de estos ataques es detener la guerra en Ucrania para salvar miles de vidas

Dmytro Budorin, director ejecutivo de Hacken

Acciones de sabotaje

En los pasillos de Hacken alegan que abrir los ojos del pueblo ruso -adormecido, a su juicio, por una propaganda que ni siquiera permite el empleo del vocablo «guerra» para definirla- es uno de sus fines últimos. «Esta guerra se puede parar si logramos comunicar la verdad al pueblo ruso. Para ponerle fin a la contienda solo hay que derribar la maquinaria de propaganda rusa», precisa Budorin, a la vanguardia de unas refriegas que cambian de piel vertiginosamente.

«El conflicto ha acelerado nuestro desarrollo. Nos hemos dado cuenta claramente de que la velocidad de los cambios en el mundo de la ciberseguridad van a exceder las predicciones más optimistas», advierte el ejecutivo, al frente de una de las iniciativas que actúan bajo el paraguas del «ejército tecnológico de Ucrania». «Todo el sector tecnológico está activamente cooperando con las autoridades», confiesa.

En la avanzadilla de este pelotón de ingenieros voluntarios se hallan el ministerio de Transformación Digital, los servicios de seguridad, el ministerio de Defensa y el Centro Nacional de Coordinación de Ciberseguridad. Son las autoridades encargadas de coordinar a la comunidad de ingenieros e internautas que se han alistado al que, según el ejecutivo de Hacken, será «el mayor ciberejército del mundo». «Recibimos instrucciones del Gobierno», confirma Budorin, que a pesar estar radicado en España asegura «no haber mantenido ningún contacto con el Ejecutivo español». La OTAN y la UE miran con cierto recelo acciones como las de Hacken, inquietos por su papel en una probable escalada del conflicto bélico.

«Nos establecimos en España a mediados de febrero. La principal razón fue la necesidad de proteger la vida de los miembros de nuestro equipo y garantizar el funcionamiento normal de la compañía bajo cualquier coyuntura geopolítica. Al principio de febrero, la situación cerca de la frontera con Ucrania era muy explosiva y nuestros empleados estaban experimentando una gran presión emocional que afectaba a nuestro trabajo. Tomamos la decisión de cambiar de ubicación», argumenta.

Ucrania es hoy el cerebro de Europa

Dmytro Budorin, director ejecutivo de Hacken

Su despliegue en Barcelona es, sin embargo, temporal. «En estos momentos estamos en proceso de trasladarnos a Lisboa, que será nuestro cuartel general durante el próximo año», señala. «Lisboa es una de las capitales europeas más desarrolladas en el tema de las criptomonedas. Trabajar allí nos dará la oportunidad de establecer alianzas con proyectos de blockchain y asistir a numerosos encuentros de la industria, entrando en contacto con líderes y figuras del sector».

En Hacken, lanzado en 2017, uno de los ingredientes que explican su rápido crecimiento -con clientes en medio mundo, desde Alemania hasta Canadá o China- es el capital humano. Según una investigación reciente, el número de especialistas en tecnologías de la información se ha doblado en Ucrania en el lapso de los últimos tres años. «Ucrania es hoy el cerebro de Europa. El principal factor que explica nuestro éxito es la alta calidad de la educación universitaria. Es una de las razones por las que los terroristas rusos están destruyendo nuestras instalaciones educativas», esboza Budorin.

Nos establecimos en España por la necesidad de proteger la vida de los miembros de nuestro equipo y garantizar el funcionamiento normal de la compañía

Dmytro Budorin, director ejecutivo de Hacken

Cantera de la Unión Soviética

«Los ucranianos somos una gente muy motivada e imparable, en el sentido positivo de esta última palabra», opina. Un talento, que antes fue granero de ingenieros en la Unión Soviética, y que ahora se ha enfundado el uniforme bajo las circunstancias más duras que ha vivido el país desde su independencia en 1991. Con la artillería rusa carcomiendo el callejero y empujando a la población hacia el éxodo, han optado por emplear el espionaje y el sabotaje.

No siempre los hackers ucranianos fueron un ejemplo. A finales del año pasado las autoridades ucranianas con la colaboración de agencias estadounidense y europea llevaron a cabo una oleada de arrestos contra la ciberdelincuencia local, dedicadas a la «ransomware», un tipo de «malware» que impide a los usuarios acceder a su sistema o a sus archivos personales y que reclama el pago de un rescate para poder recuperarlos.

«El alcance de esta ciberguerra carece de fronteras nacionales. Es la primera guerra mundial cibernética. Cada día que pasa aumenta significativamente el número de cibercombatientes involucrados en esta guerra. Por supuesto, existen riesgos serios asociados a esta contienda», murmura una de sus capitanes. Un efecto aún no calculado que amenaza con sumarse a otros, como la depresión económica.

Es la primera guerra mundial cibernética. Cada día que pasa aumenta el número de cibercombatientes

«Los agresores pueden tratar de beneficiarse del gran volumen de información confidencial filtrada, como los datos de tarjetas de crédito de personas comunes o sus contraseñas. Tras el fin de la guerra, podrían continuar utilizando estos datos para cometer delitos cibernéticos. No existe un registro de los cibercombatientes que participan en esta guerra digital y, por lo tanto, no afrontan responsabilidad alguna por las actividades que realizan. Sin embargo, los beneficios de los ciberataques contra Rusia son mucho mayores que cualquier posible riesgo. Es una proporción de 99 frente a 1».

También son titánicos los desafíos que padecen quienes integran el ejército. «Los principales retos están relacionados con las circunstancias personales de quienes estamos aquí. Muchos parientes de nuestros empleados siguen en estos momentos en Ucrania y permanecen escondidos en refugios para protegerse de las bombas rusas», manifiesta Budorin. «El mayor desafío profesional es la necesidad que tenemos de reunir a todo el personal en una única ubicación. Actualmente estamos diseminados por varias ciudades europeas».

Desde su refugio barcelonés, donde le acompaña medio centenar de efectivos, Budorin admite que «la guerra cibernética por sí sola no puede detener la guerra en Ucrania». «Sin embargo, la guerra cibernética combinada con el poder de las Fuerzas Armadas de Ucrania y las sanciones internacionales impuestas a Rusia sí pueden detenerla», declara. «El sueño de todos los miembros del equipo de Hacken es regresar a nuestra patria, un país libre de las tropas rusas, incluidas las basadas en Crimea y el Donbás. Confiamos en que, después de la victoria, Ucrania se convierta en una de las economías de más rápido crecimiento en el planeta y en el centro del desarrollo innovador», concluye.

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