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Ucrania, después de la cumbre de la OTAN: buenas palabras y poca ayuda

Para que los ucranianos puedan derrotar a Putin necesitan que la retórica de la Alianza Atlántica lleve a los aliados más reticentes a ayudar a Kiev como lo hacen EEUU, Reino Unido y Polonia

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ante el Consejo del Atlántico Norte.

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ante el Consejo del Atlántico Norte. EFE

«Necesitamos que las armas lleguen de una vez a Ucrania y se cierre el espacio aéreo. ¿A qué esperan? Los siguientes para Rusia serán ustedes». El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, y su hermano Wladimir, trasladaban en las bambalinas de la cumbre de la OTAN este contundente mensaje a los aliados. Es el llamamiento que llevan repitiendo los dirigentes ucranianos desde que empezó la invasión rusa, el 24 de febrero. Ante el Consejo del Atlántico Norte habló telemáticamente el miércoles el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski: «Ayudad a Ucrania ahora a terminar esta guerra en el campo de batalla. Necesitamos dar una respuesta muy fuerte a las acciones de Rusia». ¿Están los aliados más dispuestos ahora a hacerlo después de la cumbre de Madrid?

La OTAN brinda su total apoyo a Ucrania en la declaración política, adoptada en Madrid por los 30 aliados. «Nos solidarizamos plenamente con el gobierno y el pueblo de Ucrania en la heroica defensa de su país. Reiteramos nuestro apoyo inquebrantable a la independencia, la soberanía y la integridad territorial de Ucrania dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas que se extienden a sus aguas territoriales. Apoyamos plenamente el derecho inherente de Ucrania a la autodefensa y a elegir sus propios acuerdos de seguridad. Acogemos con satisfacción los esfuerzos de todos los aliados comprometidos en la prestación de apoyo a Ucrania. Les ayudaremos adecuadamente, reconociendo su situación específica». La OTAN como tal no envía material ni ayuda financiera, sino algunos aliados. La Alianza Atlántica intenta evitar una escalada manteniendo esta formalidad. 

En el nuevo Concepto Estratégico, aprobado en Madrid, se reconoce a Rusia como «la amenaza más importante y directa a la seguridad» euroatlántica y se remarca que una «Ucrania fuerte e independiente es vital para la estabilidad de la zona euroatlántica».

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, insistió en las conclusiones de la cumbre que los aliados están de acuerdo en mantener una ayuda «a largo plazo» a Ucrania. En Madrid se ha aprobado un paquete de asistencia global reforzado, que incluye apoyo en ámbitos como las comunicaciones seguras, los sistemas antidrones y el combustible y ayuda a largo plazo para la transición de los equipos militares a los equipos modernos de la OTAN.

En palabras del presidente de EEUU, Joe Biden: «Apoyaremos a Ucrania tanto tiempo como sea necesario». Biden se mostró convencido de que Rusia no ganará la guerra. «Están pagando un precio muy alto», apuntó el presidente de Estados Unidos en Madrid.

Unidad frente a Rusia

La invasión rusa de Ucrania ha terminado provocando el efecto contrario al deseado por el líder ruso, Vladimir Putin. La OTAN que sale de la cumbre de Madrid está más unida y es más fuerte. Eso es bueno para Ucrania. 

«Ha sido una cumbre transformadora porque se ha consolidado el mensaje de unidad que se trasladó después del 24 de febrero. En las últimas semanas se apreciaba cierta fatiga y preocupación por las consecuencias de la guerra. En Madrid se ha lanzado un mensaje claro hacia Rusia y hacia China. Si en la cumbre de Bruselas de hace un año podíamos decir que EEUU estaba de vuelta, ahora es Occidente quien está de vuelta», señala Carlota García Encina, investigadora principal en el Real Instituto Elcano

«Es cierto que el liderazgo de EEUU tiene su momentum pero es un liderazgo que tiene en cuenta a los aliados. No es la unipolaridad de Trump. Hay fluidez en la comunicación», añade la investigadora. 

Hay que llevar estabilidad a la zona euroatlántica. No fuimos capaces de disuadir a Rusia de empezar una guerra convencional en el corazón de Europa»

carlota garcía encina, r.I. elcano

Una de las lecciones de la invasión rusa de Ucrania, a juicio de García Encina, es que la OTAN se ha dado cuenta de que tiene que fortalecer su capacidad de disuasión y en Madrid se han dado pasos en este sentido, sobre todo por parte de Estados Unidos que ha anunciado que tendrá por primera vez un cuartel permanente en Polonia y aumentará el número de efectivos en Rumanía y los Bálticos. «Hay que llevar estabilidad en la zona euroatlántica. No fuimos capaces de disuadir a Rusia de empezar una guerra convencional en el corazón de Europa. Hay que avanzar en la disuasión más allá de nuestras fronteras», señala García Encina. Suecia y Finlandia han solicitado el ingreso porque ven la necesidad del artículo 5, la cláusula de seguridad colectiva por la que cualquier ataque a un aliado activaría la respuesta del resto. 

Fuera del paraguas de la OTAN

Ucrania solicitó su ingreso en la OTAN en 2008, junto con Georgia, pero los aliados no dieron el paso porque muchos temían la reacción del Kremlin. Ucrania había firmado el Memorándum de Budapest por el que obtenía garantías de seguridad de Rusia incluida a cambio de renunciar a su arsenal nuclear. Sin el paraguas de la OTAN ni armas nucleares, su situación era más frágil como se vio en 2014, cuando Rusia se anexionó Crimea y entró en guerra en el este, y ahora, con la invasión. 

«En pleno conflicto Ucrania nunca sería admitida en la OTAN. Eso significaría la guerra con Rusia y ni Estados Unidos lo apoyaría. No habría consenso para apoyar su ingreso», afirma Nicolás de Pedro, investigador en The Institute for Statecraft de Londres

La Alianza Atlántica ha reafirmado su política de puertas abiertas en la cumbre de Madrid con el apoyo al ingreso de Suecia y Finlandia, dos países nórdicos que hasta la invasión rusa de Ucrania preferían mantenerse como asociados. Sus requisitos polacos, económicos y militares distan mucho de los ucranianos y salvo Turquía que vetó la incorporación y sigue exigiendo la extradición de 73 supuestos terroristas, el resto de los aliados ve su adhesión como una excelente noticia y una bofetada a Putin.

Ucrania y Georgia han sido engañadas sobre su incorporación en la OTAN, pero Finlandia y Suecia fueron invitadas de inmediato. Los ucranianos somos ciudadanos de segunda»

taras kuzio, investigador de la henry jackson society

«Ucrania y Georgia han sido engañadas desde 2008 sobre su incorporación a la OTAN, pero cuando Finlandia y Suecia expresaron su deseo, fueron invitados de inmediato. Los ucranianos somos ciudadanos de segunda clase en Europa», afirma el ucraniano Taras Kuzio, investigador asociado de la Henry Jackson Society y profesor del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Kiev Mohyla Academy. 

Dado que no cuenta con la garantía de seguridad del artículo 5, el apoyo que expresan los aliados debería traducirse en envíos de armamento y financiación para que no sea mera retórica. «El resultado de la cumbre es positivo para Ucrania porque traslada el compromiso de los aliados en prestar ayuda a Kiev. La retórica es importante porque crea una serie de obligaciones que hay que cumplir. Si se transfiere armamento y se ayuda a las Fuerzas Armadas, Ucrania sería como un miembro de la OTAN sin serlo», dice Alexander Motyl, historiador estadounidense experto en Rusia. 

Ayuda de EEUU, Reino Unido y Polonia

Ucrania ha dejado claras cuáles son sus necesidades. Zelenski volvió a recordar a los aliados que precisan 5.000 millones de dólares al mes para afrontar la situación creada por la guerra. Poco antes de la cumbre, Mijail Podolyak, asesor del presidente ucraniano, detalló el inventario de lo que esperan en el campo de batalla para tener alguna posibilidad de victoria. Serían un millar de howitzers de 155 milímetros; 300 sistemas de lanzamiento múltiple; 500 tanques; 2.000 vehículos blindados y un millar de drones. De todo lo que han ofrecido los aliados hasta ahora tan solo ha llegado a Ucrania el diez por ciento. 

«El respaldo efectivo sobre el terreno sigue siendo cosa de algunos aliados, en concreto de Estados Unidos, Reino Unido y Polonia, más los Bálticos. Sin Estados Unidos no se podría sostener el respaldo en términos de armas y municiones», afirma Nicolás de Pedro, que considera que países como Alemania, Francia, España o Italia podrían hacer mucho más. 

España ha sido muy poco transparente a la hora de concretar qué ha enviado realmente a Ucrania. Oficialmente serían unos cientos de miles de cartuchos y diverso material no letal.

Los Leopard que en teoría iba a hacer llegar a los ucranianos necesitarían meses para estar operativos. Además, son carros de combate de fabricación alemana que necesitarían el visto bueno del gobierno de Berlín. Ningún país aliado ha entregado este tipo de material, ni siquiera EEUU con los Abrams, así que es dudoso que finalmente los Leopard lleguen a tierras ucranianas. 

En plena cumbre Estados Unidos anunció otros 800 millones de dólares en ayuda militar y un sistema de defensa antiaérea avanzado. Sus aportaciones son las más importantes. Polonia es el segundo país más generoso con Kiev. El Reino Unido también destinará 1.150 millones de libras más y figura el tercero en el ranking. 

«Estados Unidos es, con diferencia, el país que más ayuda bilateral presta a Ucrania, ya que ha comprometido 42.700 millones de euros, es decir, el 50% del total de los compromisos de nuestra base de datos de 38 donantes. Todos los gobiernos de los países de la UE se comprometieron a aportar 11.640 millones de euros, más 13.540 millones de euros de la Comisión Europea y otros 2.000 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones. Esto eleva el total de los compromisos de los países de la UE a 27.200 millones de euros. Es notable que sólo Estados Unidos haya comprometido una cantidad considerablemente mayor que la de todos los países de la UE juntos, en cuya vecindad inmediata se está librando la guerra», señala el último informe del Institute for the World Economy de Kiel.

«El asunto de fondo es que hay algunos aliados que tienen muy claro que es una guerra que hay que ganar y que hay que derrotar a Rusia mientras que otros no quieren que Ucrania pierda pero no creen que sea bueno que Rusia sea derrotada. Por eso la posición de Alemania y Francia oscila y eso debilita a Ucrania», indica De Pedro. 

El tiempo, en contra de Ucrania

Sobre el terreno el tiempo corre en contra de Ucrania. Rusia domina prácticamente todo el Donbás y de vez en cuando ataca Kiev o bien Odessa, como justo después de la cumbre, para mostrar hasta dónde puede llegar todavía. Su retirada de la Isla de las Serpientes es un tanto simbólico a favor de Ucrania. Kiev sabe bien cómo amplificar sus éxitos en la batalla del relato pero en el campo de batalla los rusos dominan las tácticas del desgaste del enemigo.

El Kremlin sabe que las opiniones públicas en Occidente van a verse afectadas por las consecuencias de la guerra. La inflación hará que pierdan nivel de vida y pueden sufrir cortes de suministro de energía en invierno. Cuando vean conveniente un alto el fuego para reforzarse, Moscú puede presentarlo como la antesala de una salida negociada. Si los estragos son fuertes, algunos países pueden inclinarse por cerrar en falso este conflicto, como ya se hizo en 2014. Turquía, que sirvió de anfitriona al inicio de las negociaciones, trata de retomar la vía de las conversaciones, como explicó en Madrid el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. De momento no hay indicios de que se puedan retomar.  

El mayor problema para los ucranianos es la falta de munición y artillería. Mientras Rusia puede lanzar entre 40.000 y 60.000 misiles al día, Ucrania apenas llega a los 5.000. Y los aliados carecen de la munición para los sistemas soviéticos que aún emplea Ucrania. Además, han perdido 700 vehículos blindados en los últimos tres meses. 

Ucrania necesita artillería y mucha munición, de cuanto más alcance mejor…. Además, tendría que poder evitar que la aviación rusa castigue sus líneas»

christian d. villanueva, director de la revista ejércitos

«Ucrania necesita artillería y mucha munición, de cuanto más alcance mejor. Para estar realmente en condiciones de ganar habría que suministra a Ucrania más lanzacohetes múltiples autopropulsados o MLRS (M270, Himars) y munición como mínimo D31 con 80 km de alcance. También más artillería de tubo como los obuses Caesar y PhZ200, y si puede ser con munición de alcance extendido. Además, tendría que poder evitar que la aviación rusa castigue sus líneas, es decir, rehacer su artillería antiaérea», explica Christian D. Villanueva, director de la Revista Ejércitos

«A partir de ahí, si quieren recuperar territorios perdidos serían fundamentales fuerzas móviles: carros de combate, vehículos de combate de infantería IFVs, o APC.. y formar unas fuerzas homogéneas y modernas con las que golpear a Rusia y romper sus líneas como en Jersón, pero una vez rotas no quedarse quietos y aprovechar las victorias tácticas para penetrar en su retaguardia y hacerlos colapsar», añade Villanueva. 

A juicio de Villanueva, «nadie en Europa está dispuesto a suministrar ese material y Estados Unidos podría hacerlo pero si envía un centenar de carros de combate Abrams, sabe que habría riesgo de una escalada». Es un equilibrio complicado para los aliados: ayudar a Ucrania sin pasar la línea roja que lleve al Kremlin a una represalia sobre territorio aliado. 

Difícilmente Ucrania podrá llevar a cabo una contraofensiva si los aliados no siguen el ejemplo de Estados Unidos, Polonia o el Reino Unido. Sobre el papel la OTAN es llamativo que la OTAN vaya a aumentar a 300.000 sus efectivos dispuesto al despliegue rápido, el mayor desde la Segunda Guerra Mundial, pero es una medida que refuerza la disuasión, sirve a los aliados, pero no se traduce en inclinar la balanza de la guerra hacia Ucrania en el Donbás. 

Cuando a Zelenski le ofrecieron desde Washington salir de Kiev al principio de la guerra, respondió: «Necesito armas, no un paseo». Cuando ya enfilan los cinco meses de guerra, respondería a los aliados: «Queremos armas, no más cumbres o un concepto estratégico». 

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