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La excepción turca como mediador en Ucrania: "Si todo el mundo quema los puentes con Rusia, ¿quién hablará?"

| DOHA (Enviado especial)
Erdogan, en Estambul ante las delegaciones rusa y ucraniana.

Erdogan, en Estambul ante las delegaciones rusa y ucraniana. EFE

Impresiona reconocer que, en cuestión de minutos y metros, uno cambie de continente. Que pase de Asia a Europa o viceversa sin mudar de ciudad. Es el tránsito que ofrece el icónico puente colgante de Estambul, especialmente cautivador cuando cae la tarde y una constelación de luces ilumina el estrecho del Bósforo. La Turquía de los sinos opuestos y las contradicciones, europea y oriental al mismo tiempo, se ha convertido en un cotizado mediador en la guerra que desde hace más de un mes libran Rusia y Ucrania. El país se ofrece como el último puente en medio de una voladura casi total.

“Si todo el mundo quema los puentes con Rusia, ¿quién va a hablar con ellos al final del día?”, se preguntó gráficamente este domingo Ibrahim Kalin, el portavoz de la presidencia turca en el Doha Forum, una reunión de líderes y analistas políticos celebrada en la capital de Qatar.

Al pronunciarlas, el emisario de Recep Tayyip Erdogan debía estar pensando tal vez en esa pasarela que se eleva sobre el Bósforo uniendo las almas de Turquía, y no solo enlazando geográficamente continentes. “Hay que apoyar a los ucranianos por todos los medios posibles para que puedan defenderse, pero Rusia debe ser escuchada, de una forma u otra”, esbozó públicamente.

En busca del equilibrio

Qatar, la potencia gasística de la península Arábiga, es un estrecho aliado de Turquía y durante los últimos días ha servido de escenario de discretas reuniones entre los bandos involucrados en la contienda, como previa a las negociaciones que rusos y ucranianos celebran en Estambul.

Fuentes qataríes reconocen a El Independiente que se han implicado en las iniciativas de negociación en marcha, no solo la turca, y que han puesto sus canales diplomáticos al servicio del cruce de mensajes entre las partes. Un papel en la sombra para el que han desembarcado algunos de los rostros claves del esfuerzo turco, desde el ministro de Exteriores, Mevlut Cavusoglu, hasta el de Defensa, Hulusi Akar.

Hay que apoyar a los ucranianos por todos los medios posibles para que puedan defenderse, pero Rusia debe ser escuchada, de una forma u otra

Ibrahim Kalin, portavoz de la presidencia turca

Ankara, miembro de la OTAN, está decidida a jugar sus cartas sobre el polarizado tablero internacional. “Turquía es uno de los pocos actores internacionales que ha mantenido el diálogo abierto tanto con Rusia como con Ucrania”, explica a este diario Valeria Giannotta, analista experta en Turquía. “Pese a la posición occidental, Turquía, miembro de la OTAN con el segundo mayor ejército y candidato a ingresar en la UE, ha adoptado un enfoque peculiar hacia Rusia”, subraya esta académica italiana.

“En el seno de la ONU condenó la invasión, pero se abstuvo de votar en el Consejo de Europa, así como de imponer sanciones económicas y cerrar su espacio aéreo a Moscú. Por otro lado, siempre ha participado activamente en el desplazamiento de ciudadanos y refugiados y en la prestación de ayuda humanitaria. Además, aplicó la Convención de Montreux impidiendo el tránsito de los buques de guerra rusos”, arguye Giannotta. Unas de cal y otras de arena sucesivas para cimentar su posición de hacedor de encuentros.

El ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, en el Doha Forum. EFE

Una implicación interesada

La implicación de Erdogan es todo menos casual. Subyace también un interés particular de que el ardor bélico cese cuanto antes. «Mantiene buenas relaciones con ambos países en liza. Turquía depende de Rusia para cubrir alrededor del 50 por ciento de sus necesidades de gas y el 78 por ciento de las importaciones turcas de trigo proceden de Rusia y Ucrania», comenta a este diario Hossein Aghaie Joobani, investigador de la universidad turca de Dokuz Eylül.

El país se juega mucho en este conflicto, tanto económica como geopolíticamente

Hossein Aghaie Joobani, universidad turca de Dokuz Eylül

«Turquía comparte, además, frontera marítima con Ucrania y Rusia en el mar Negro. El país se juega mucho en este conflicto, tanto económica como geopolíticamente, y necesita realizar un delicado acto de equilibrio para mantener relaciones estables con ambas partes», agrega Joobani.

Su oferta de mediación ha resultado clave para lograr que ucranianos y rusos se sentaran en torno a una mesa, lejos del campo de batalla. El 10 de marzo los ministros de ambos países se reunieron por primera vez desde el inicio de la invasión y lo hicieron en suelo turco, en la ciudad de Antalya, emplazada en un acantilado sobre el Mediterráneo. Fueron un fracaso rotundo pero sentó las bases.

«Pivotando sobre la protección de sus propios intereses, Turquía está desempeñando un importante papel de mediación: en Antalya, al margen de un foro sobre diplomacia, presidió la primera reunión de alto nivel a la que asistieron los ministros de Exteriores de Rusia y Ucrania, a la que siguió la visita del ministro Çavuşoğlu a Moscú y Kiev», recuerda Giannotta.

«Es un activismo reconocido por sus socios occidentales. Últimamente se han registrado numerosos y continuos contactos a través de visitas y reuniones de Estado, entre ellos, el canciller alemán Scholz, el primer ministro griego Mitzotakis y el presidente israelí. Una demostración del papel crucial de Ankara en esta crisis. Dentro de la OTAN, siempre ha servido de contención de Rusia, un papel que acaba por reafirmarse con la dinámica más reciente», añade.

El presidente turco, Recept Tayyip Erdogan,en un acto reciente en Estambul.

Su función es proporcionar un lugar conveniente y seguro para llevar a cabo las negociaciones y facilitar las conversaciones. Turquía no puede detener la guerra

Paul D’Anieri, profesor de Política Pública y Ciencias Políticas de la University of California, Riverside

Puntos de fricción

Su ejercicio de equilibrismo extremo no está, sin embargo, exento de puntos de fricción. Hace unas semanas, en Moscú y Leópolis el jefe de la diplomacia turca tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para evitar las críticas y el entusiasmo que suscitan en cada extremo los Bayraktar TB2, los drones de fabricación turca que han servido a Kiev para neutralizar eficazmente a los blindados y las tropas rusas.

«Turquía ha despertado la ira de los funcionarios rusos por su venta desde 2019. Aunque aprovecha la profundización de sus relaciones con Ucrania para buscar un cierto equilibrio con Rusia, resulta poco probable que Ankara se aleje demasiado de Moscú mostrando un compromiso excesivo con Ucrania en este conflicto», pronostica Joobani.

Çavuşoğlu trató de calmar los ánimos opuestos precisando que la adquisición de los drones era resultado de una transacción privada entre Kiev y la empresa turca, fuera del radar gubernamental. «Si Turquía aprieta la tuerca a Rusia, Putin puede poner al gobierno de Erdogan bajo presión en otras zonas de conflicto como en Siria y Libia. Por lo tanto, la estrategia más viable para Turquía parece encaminada a mantener lazos estables con ambas partes en conflicto y preservar sus intereses nacionales», sugiere el académico turco.

Los oligarcas rusos son bienvenidos

Ankara sigue abierta al negocio ruso, ofreciendo un refugio en suelo europeo a las sanciones que han forzado a los oligarcas rusos a abandonar sus retiros dorados en la UE. “Si algún ciudadano ruso quiere visitar Turquía, por supuesto que puede hacerlo», declaró este fin de semana el ministro de Exteriores turco desde Doha tras su negativa rotunda a secundar las duras sanciones de Bruselas y Washington. A su juicio, el país aplica únicamente “sanciones aprobadas por la ONU”. Un escenario imposible porque Moscú tiene derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

Si algún ciudadano ruso quiere visitar Turquía, por supuesto que puede hacerlo

Mevlut Cavusoglu, MINISTRO TURCO DE EXTERIORES

El legatario del Imperio otomano se ha convertido ya, de facto, en una suerte de vía de escape para la élite empresarial rusa. En los últimos días dos superyates pertenecientes al oligarca ruso Roman Abramovich han fondeado en el país. También en Qatar el jefe de la oficina de inversiones de Turquía, Ahmet Burak Daglioglu, admitió que algunas compañías rusas estaban trasladando sus operaciones al país.

“No estamos persiguiendo ni queremos atraer ninguna inversión o capital que tenga un signo de interrogación”, replicó interrogado por si su “laissez-faire” con Moscú podía terminar beneficiando al entorno de Vladimir Putin.

Esta es una leyenda

El triángulo Ankara-Moscú-Kiev

Por Valeria Giannotta

Ankara-Kiev. Las relaciones de Ankara con Rusia y Ucrania son sólidas y duraderas. A principios de marzo Erdogan visitó Kiev para celebrar el trigésimo aniversario de Ucrania y de sus relaciones bilaterales. Con motivo de tal ocasión se estableció una zona de libre comercio y se decidió ampliar la producción de drones Bayraktar, que ya se vendían a Ucrania. Desde el punto de vista militar, los drones de Turquía están aportando importantes contribuciones en el conflicto actual.

Es una relación basada también en algunos elementos culturales relacionados con la minoría de los tártaros de Crimea, que es un grupo de habla turca. Dentro de este ámbito, en el último año Turquía y Ucrania se alinearon dentro de algún mecanismo internacional con la finalidad de protegerlos. Turquía reclamó constantemente la importancia de la integridad territorial de Ucrania.

Ankara-Moscú. Turquía tiene intereses estratégicos muy importantes con Rusia, que giran principalmente en torno a la economía, la energía y la seguridad. El intercambio bilateral asciende a 30.000 millones de dólares y los sectores más importantes son el turismo y la energía, ya que la Riviera Turca es uno de los primeros destinos para los turistas rusos.

Aunque Turquía se ha centrado en la diferenciación energética, sigue siendo muy dependiente de Rusia

En el ámbito de la energía, destaca la construcción del gasoducto Turkstream que conduce el gas desde Rusia por debajo del mar Negro hasta Turquía con destino final al mercado europeo. Ambos países han participado conjuntamente en la construcción de la primera central nuclear en la región sureña turca de Mersin. Aunque Turquía se ha centrado en la diferenciación energética, sigue siendo muy dependiente de Rusia. Y este asunto es actualmente crucial, ya que la economía turca está experimentando algunas turbulencias.

En el sector de la defensa, no podemos olvidar que cada vez que Turquía ha tenido problemas con Washington las relaciones con Moscú se han vuelto más relevantes hasta la compra del sistema S-400. Las buenas relaciones con Rusia son de gran importancia en los escenarios regionales. En Siria, por ejemplo, en el cantón de Idlib la situación sigue siendo muy frágil, así como el equilibrio de poder. Ya en 2020, algunos soldados turcos murieron a causa de los bombardeos de Rusia y este episodio mantiene todavía un recuerdo vivo en la psique colectiva turca: Ankara es consciente de que en Siria necesita en cierta medida a Rusia, ya que por sí sola no tiene el poder de cambiar la dinámica. Turquía sabe muy bien lo que significa una crisis con Rusia, ya que en 2015, tras el derribo del avión ruso en Siria, las relaciones se congelaron con algunas repercusiones a nivel económico.

En otras palabras, Turquía no está en condiciones de soportar otras crisis por varias razones internas. También debe ser tenida en cuenta la perspectiva estratégica. Por último, pero no por ello menos importante, a Erdogan le interesa vivir en una región estable evitando en lo posible la expansión de Rusia hacia sus propias fronteras.

Aunque hasta el propio Erdogan se ha implicado personalmente en el esfuerzo de mediación, llamando insistente a un alto el fuego inmediato, hay quien rebaja las expectativas e incluso el rol de Ankara en el acercamiento de Kiev y Moscú. «Su papel es principalmente el de anfitrión y coordinador de las negociaciones, más que el de mediador. No veo que Turquía participe activamente en la búsqueda de una solución», responde a este diario Paul D’Anieri, profesor de Política Pública y Ciencias Políticas de la University of California, Riverside.

«Su función, más bien, es proporcionar un lugar conveniente y seguro para llevar a cabo las negociaciones y facilitar las conversaciones. Turquía no puede detener la guerra, y no puede hacer mucho para empujar a Rusia y Ucrania hacia las concesiones que serán necesarias para ponerle fin», opina. D’Anieri subraya que los lazos de Ankara con el Kremlin no son los mejores. Les separan ciertas prioridades.

Unos soldados vigilan el centro de Estambul, empapelada con carteles electorales del presidente Erdogan.

Pese a la posición occidental, Turquía, miembro de la OTAN con el segundo mayor ejército y candidato a ingresar en la UE, ha adoptado un enfoque peculiar hacia Rusia

Valeria Giannotta, analista experta en Turquía

Diferencias y semejanzas

«Es una relación más complicada que la de Turquía con Ucrania. Unos lazos en los que algunos intereses comunes, como el de hacer frente a las críticas de EEUU y la UE por el autoritarismo interno, se ven compensadas por el hecho de que apoyan a bandos diferentes en los conflictos de Siria y Azerbaiyán-Armenia», esboza. «Turquía derribó un avión de combate ruso en 2015, lo que provocó un deterioro de las relaciones, y desde entonces ambas partes se han esforzado por dejar atrás ese incidente. Turquía ha tratado de caminar en la cuerda floja en esta guerra, apoyando a Ucrania pero sin imponer sanciones a Rusia».

A Turquía y Rusia les unen su autoritarismo interno. Les separan el apoyo a bandos diferentes en los conflictos de Siria y Azerbaiyán-Armenia

Paul D’Anieri, profesor de Política Pública y Ciencias Políticas de la University of California, Riverside

De caminar en la cuerda floja a hacerlo por una pasarela dista poco espacio. Puede incluso depender de simples percepciones. «Turquía ha sido muy activa. Erdogan ha mantenido varias llamadas telefónicas tanto con Putin como con Zelensky y el hecho de que Estambul sea el lugar de esta nueva ronda de negociaciones indica la importancia concedida a Turquía como garante del proceso de negociación», valora Giannotta. Y Joobani, por su parte, alerta: «El éxito o el fracaso de los esfuerzos de mediación depende en gran medida de que Rusia y Ucrania estén dispuestas a ceder en las cuestiones candentes, como el destino de la región del Donbás y Crimea y el alineamiento de Kiev con Occidente».

Una tarea diplomática que ha ayudado a la rehabilitación de Erdogan en Europa, tras una sucesión de agrios desencuentros. «Una baza es que ha recuperado el nivel de credibilidad tras varias crisis con Occidente. Cuando esta coyuntura acabe, Occidente y Turquía deberán iniciar una reflexión sobre su papel y su visión», vaticina la experta. «Está claro que Turquía es un actor crucial en la arquitectura de defensa occidental, pero como siguen existiendo algunas frustraciones mutuas -debido a las sanciones de Estados Unidos, los programas F-35, el apoyo estadounidense a los grupos kurdos en Siria y el S-400- habrá que despejarlas».

El papel de Ankara en la invasión rusa de Ucrania y su intento de empezar a resolver el nudo gordiano tiene poco de arma secreta. «Lo que marca la diferencia es el diálogo y las relaciones directas de Erdogan con Putin y Zelensky», indica. Su fórmula radica, básicamente, en mantener los puentes abiertos, cuando casi todos los demás saltaron por los aires. Es el «valor estratégico» de tener un pie en cada continente, bajo las luces titilantes del Bósforo.

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