Europa

Boris Johnson, el regreso

El ex primer ministro sondea sus posibilidades de competir por la sucesión por Liz Truss para lo que necesitaría el apoyo de al menos 100 diputados de los 357 del grupo parlamentario

Boris Johnson, en una reunión de gabinete.

Boris Johnson, en una reunión de gabinete. EP

«Hasta cierto punto todos los políticos hacen apuestas. Intentan prever lo que ocurrirá y se sitúan en el lado correcto de los acontecimientos». Boris Johnson hace esta reflexión en El factor Churchill, el libro sobre su héroe. El ex primer ministro británico, a quien la crisis política en el Reino Unido ha sorprendido de vacaciones en el Caribe, está haciendo cálculos con el número 100 en la cabeza. ¿Podrá sumar este número de apoyos en el grupo parlamentario del Partido Conservador? Es el mínimo para competir como candidato a la sucesión de Liz Truss, forzada a dimitir este jueves después de apenas mes y medio en el 10 de Downing Street. Rishi Sunak, quien le dio la puntilla al dimitir como ministro del Tesoro en julio, ya cuenta con el respaldo del centenar de diputados.

Boris Johnson, que ha aterrizado este sábado en Londres, ha contactado con sus fieles para tantear sus opciones. El ministro de Defensa, Ben Wallace, se ha descartado de la contienda y se inclina por el ex primer ministro. El ministro de Igualdad Territorial, Simon Clarke, ha difundido un comunicado en el que señala que “Boris es la persona que necesita nuestro país y nuestro partido”. Sunak y Boris Johnson han mantenido una reunión de 11 horas el sábado con el fin de llegar a un acuerdo.

El influyente Jacob Rees-Mogg, secretario de Estado de Empresa, Energía y Estrategia Industrial, está haciendo campaña y pide que se escuche la voz de los afiliados, ya que las bases están con Boris Johnson. «Solo Boris tiene un mandato del pueblo. Solo Boris ha acertado en los grandes problemas. Solo Boris puede cumplir con la igualdad territorial. Solo Boris puede ganar las próximas elecciones». A sus amigos en el partido Boris les estaría asegurando que se impondrá una «nueva cultura» en Downing Street. 

Christopher Hope, editor asociado del Daily Telegraph, escribía este viernes: «La segunda oportunidad de Johnson ha de ser diferente a la primera. Ha de mostrar que ha escuchado las críticas sobre su comportamiento personal. Y demostrar que aplicará otros estándares en el puesto. Y tiene que empezar con una disculpa. Ha de pedir perdón a los diputados, los miembros del partido y el país. Y tiene que sentir lo que dice». Parece claro que para el Telegraph, que le condenó el pasado verano, Boris Johnson es ahora el salvador. 

El declive del Partido Conservador

La vertiginosa caída en desgracia de Liz Truss, que fue elegida por los afiliados del Partido Conservador pero no era la favorita del grupo parlamentario, y el hecho de que haya voces que apuestan por la vuelta de su antecesor, a pesar de que tiene una investigación pendiente en el Parlamento, da idea del declive del que hasta ahora ha sido el partido más exitoso en el Reino Unido. 

En julio pasado Boris Johnson tuvo que presentar su dimisión, tras una oleada de hasta 60 renuncias en todo el equipo de gobierno, debido al escándalo del Partygate (las fiestas a las que acudió en pleno confinamiento y las mentiras que dijo para justificarse). El comité de disciplina de la Cámara de los Comunes aún investiga el caso.

En este caso el proceso de elección del sucesor se demoró hasta que el 4 de septiembre se conoció el nombre de la sucesora: Liz Truss, que se enfrentó en la fase final a Rishi Sunak, que había sido ministro del Tesoro con Boris Johnson, y fue quien acabó por sentenciarlo al dimitir. 

Rishi Sunak ya dejó claro que el plan económico de Liz Truss era insostenible. Es una de sus bazas ahora. Es el favorito del grupo parlamentario, según los recuentos de los medios británicos. Truss, sin embargo, defendía que gracias a las bajadas de impuestos que promovía, sobre todo a las rentas altas, Reino Unido sería una especie de Singapur. Designó a Kwasi Kwarteng como ministro del Tesoro y la reacción de los mercados tras anunciar una rebaja de ingresos de 60.000 millones de euros (más gasto social y menos impuestos) fue alarmante. 

Los errores de Truss eran revocables pero no tenía apoyos. No ha tenido periodo de gracia»

Ángel rivero, UAM

«Querían ser una especie de Singapur pero con dimensión social porque la atención sanitaria está bajo manimos. A Truss le ha pasado eso. Lo quieren todo. Los errores de Truss eran revocables pero no tenía apoyos. No ha tenido periodo de gracia», indica Angel Rivero, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid.

Los mercados, como predijo Sunak que ahora puede presumir de ello, rechazaron tal cuadratura del círculo y la libra se despeñó. Truss no puedo salvarse ni siquiera sacrificando a Kwarteng y dando un giro de 180 grados a su política económica con Jeremy Hunt al frente. Así hasta su renuncia el jueves después de que la víspera dimitiera la titular del Interior y el grupo parlamentario acabara en una votación a gritos. Truss había perdido toda autoridad política.  

Las normas para designar al sucesor se han cambiado para que el próximo viernes 28 de octubre ya haya nuevo líder en el Partido Conservador y en consecuencia nuevo primer ministro. Hasta el lunes pueden presentarse las candidaturas. Ya lo ha hecho Penny Mordaunt, líder de los Comunes, y se da por hecho que lo hará Rishi Sunak, quien cuenta con más apoyos en el grupo parlamentario. Entre las bases el multimillonario de origen indio no es popular.

Hora de volver

Boris Johnson también figura en las quinielas, dado su gran apoyo entre los afiliados. Es el último líder conservador que ganó elecciones, en diciembre de 2019, y realmente arrasó. Así lo dicen sus partidarios como James Duddridge, ministro de Transporte: «Espero que haya disfrutado de sus vacaciones, jefe. Es hora de volver». O Nadine Dorries: «Sin él el clamor en favor de elecciones generales crecerá». 

El hecho de que la sucesión se vaya a decidir de forma tan rápida no facilita la reflexión y favorece a oportunistas como Boris Johnson»

JAVIER carbonell, politólogo

«El problema es que no hay un candidato del ala culturalmente conservadora, la que apoyó a Truss. Es Boris Johnson su opción. Tiene a favor esa victoria electoral. En realidad, no hay grandes diferencias ideológicas, sino de estrategia. Sunak va a jugar la baza de la competencia. Boris Johnson se mueve mejor en cuestiones culturales. Si llega la votación a los afiliados, tiene posibilidades», afirma Javier Carbonell, politólogo, investigador doctoral en la Universidad de Edimburgo. «Si el Partido Conservador quisiera en serio elegir a un candidato de unidad, aparecerían otro tipo de líderes, más en la línea de Mordaunt». 

Según Carbonell, «el hecho de que la sucesión se vaya a decidir de forma tan rápida no facilita la reflexión y favorece a oportunistas como Boris Johnson, que de facto es como si se hubiera presentado». 

Boris Johnson, que primero fue elegido por el partido como sucesor de Theresa May, y luego ganó las elecciones en diciembre de 2019, genera pasiones y odios. «Es una paradoja porque Boris es de largo el candidato que más entusiasma a las bases del partido, pero también es detestado por todos los demás, incluido gran parte del grupo parlamentario», apunta Víctor García de la Vega, técnico jurídico y analista. 

Hay una demanda de elecciones, incluida una petición popular con más de 780.000 firmas, que también comparte la oposición, desde laboristas, liberaldemócratas, verdes y nacionalistas escocesas. Pero el sistema político británico permite este cambio de liderazgo sin elecciones y el Partido Conservador no las va a convocar cuando está hundido en los sondeos.

En la última encuesta de People Polling, los conservadores han batido todos los récords con un 14% de apoyos frente al 53% de los laboristas. Precisamente como es consciente de su debilidad el Partido Conservador no va a exponerse a una convocatoria en las urnas

¿Cómo ha llegado hasta aquí el Partido Conservador? «Es una mala digestión de la gran recesión. El Brexit es una consecuencia de esto. En 2012 hay una crisis institucional y vuela el sistema de partidos. Cameron convocó el referéndum del Brexit en 2016 por el peso del UKIP y los tories se desplazan a la derecha. Ahora el ala dura tiene un peso desproporcionado. En el referéndum se vota sobre el sistema político inglés y la élite de Londres. Y el sistema pierde. Desde entonces nadie ha sido capaz de crear una alternativa», señala David Sarias, profesor de Historia del Pensamiento en la Universidad Rey Juan Carlos. 

Las ‘tribus’ del Partido Conservador

Hay una peculiaridad relevante del sistema británico que destaca Javier Carbonell: el Partido Conservador domina toda la derecha, desde los que tienen nostalgia de ser grandes, neoliberales y conservadores en cuestiones culturales, a los más centristas y europeístas y además funciona como un grupo de diputados ya que cada uno debe su reelección a su circunscripción. Es decir, pueden dejar de hacer caso al líder. No hay disciplina de voto como en España. 

La división que hace la prensa británica de los 357 diputados tories señala la coexistencia de varias tribus: los brexiters, entre ellos el European Research Group (unos 35 diputados) donde cuenta con más apoyos Boris Johnson; One Nationers, más centristas y anti Boris, un centenar, que se inclina más por Rishi Sunak y así lo hizo en la última elección; Red Wallers (cinturón rojo) electos en antiguos bastiones laboristas, unos 45 que actúan más por libre, y los Blue Wallers, de circunscripciones tradicionalmente conservadores, otros 40 diputados. 

«Boris Johnson ganó con una plataforma basada en un discurso de igualdad territorial, el level-up, la igualdad de los territorios del Norte con el resto del país», señala el politólogo. «Ahora, sin embargo, lo que busca el votante es competencia y estabilidad, lo que había sido antes el gran aval de los conservadores». Pocos habrían imaginado hace años que serían los conservadores los caóticos en el espectro político británico.  

El Partido Conservador es responsable de la grave crisis política, económica, y de reputación internacional»

carme colomina,

En todo caso hay quienes plantean los inconvenientes de un proceso interno en una circunstancias excepcionales como las que vivimos. «Acaban eligiendo unos 180.000 afiliados en un país de 67 millones de habitantes. Es constitucional, pero dibuja un gobierno con un mandato débil. El Partido Conservador es el responsable de la grave crisis política, económica, y de reputación internacional. Se requiere un gobierno con un mandato fuerte», señala Carme Colomina, investigadora senior de CIDOB

Prueba del deterioro de la imagen internacional del Reino Unido son las portadas de los semanarios The Economist y Der Spiegel.  La revista británica comparaba el Reino Unido con Italia, un país que suele estrenar nuevo gobierno cada año y medio. «Welcome to Britaly!» (Bienvenidos a Britalia). Y el semanario alemán apuntaba con el dibujo del Big Ben como un plátano a la bananización del Reino Unido. Para un país acostumbrado a ser ejemplo de estabilidad es un golpe duro referentes mediáticos como estos trasladen esta percepción a la opinión pública. 

El eterno renacido

Si da un paso adelante finalmente Boris Johnson, aludirá a que vuelve por el «interés nacional». Boris Johnson es el favorito del ala más conservadora del Partido Conservador, la que lidera Jacob Rees-Mogg, quien ya hace campaña para que vuelva. Si ve que cuenta con suficientes apoyos, apostará por el premio grande, el 10 de Downing Street, pero también es posible que juegue a ocupar un Ministerio con alguno de sus rivales, si no le salen las cuentas.

Antes de que cayera Liz Truss cuando ya circulaban encuestas que le situaban como favorito en su sucesión, pocos creyeron que fuera posible. Pero si hay un político que ha renacido de sus cenizas varias veces es Boris Johnson: en 2004 era ministro de Cultura en la sombra y le echaron por mentir sobre un affaire, pero al año ya estaba de vuelta; en 2016 se retiró de la contienda para ser líder conservador al lanzar su candidatura Michael Gove pero luego May le llamó para ser ministro de Exteriores; en 2018 renunció como jefe de la diplomacia para luego volver al año siguiente como líder del partido y luego vencedor en las elecciones de diciembre de 2019. 

Tendrá que vencer fuertes resistencias. Robert Jenrick, que participó en su gabinete, reconocía en el podcast de News Agents, según cita Politico, la valía de Boris Johnson como «uno de los grandes políticos en campaña de la historia política moderna». Pero advertía: «Su mandato terminó por una razón: estaba en cuestión su competencia, credibilidad y ética. ¿Quiere el Partido Conservador volver a eso?».

Para algunos conservadores, como Ian Duncan Smith, el regreso de Boris Johnson, será como una serie de Netflix a la que te has enganchado: «Sabes cómo va a terminar pero aún así la sigues viendo». Ya sabíamos cuando dijo su ‘hasta la vista, baby’, en su última intervención en los Comunes como primer ministro que aprovecharía cualquier ocasión para volver a la escena. Alexander Boris Johnson no es de estar entre bambalinas. Alexander Boris Johnson quería de niño ser el rey del mundo. Ahora sueña con volver al 10 de Downing Street como tuvo ocasión de hacer su referente, Winston Churchill. O al menos con tener un puesto en el próximo gobierno.

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