Internacional ENTREVISTA| RAMY SHAATH, ACTIVISTA Y EX PRESO EN EGIPTO

"El mundo no debería haber aceptado que la COP27 se celebrara en un país dirigido por un nuevo Hitler"

Ramy Shaath, activista egipcio. AMNISTÍA INTERNACIONAL

Ramy Shaath conoce en carne propia el horror de las cárceles egipcias, donde reinan el hacinamiento, las vejaciones y la falta de higiene. Pasó 915 días entre rejas y solo fue puesto en libertad el pasado enero tras renunciar a la nacionalidad egipcia, una práctica habitual del régimen que dirige con mano de hierro el mariscal de campo Abdelfatah al Sisi y que estos días acoge la Cumbre del Clima, una conferencia totalmente deslucida por la elección como sede de un país con decenas de miles de activistas en prisión y cientos de páginas web bloqueadas.

“Estoy muy preocupado por Egipto. Son ya ocho años bajo este régimen militar, con un nuevo Hitler al frente del país”, reconoce Shaath en una entrevista a El Independiente, durante su visita a España invitado por Amnistía Internacional y en el marco de la COP27 que alberga la ciudad egipcia de Sharm el Sheij. “El país es manejado por un trío de hombres: un presidente, su hijo y el jefe del servicio de inteligencia. Un país de 104 millones de personas gestionado por un trío sin más niveles inferiores ni partidos ni elecciones ni ninguna gestión política”, arguye.

Shaath, que también posee la nacionalidad palestina, fue liberado en enero. Ha sido miembro de varios grupos políticos laicos en Egipto y cofundador del movimiento egipcio pro-palestino BDS. Había sido detenido en junio de 2019 y mantenido en prisión preventiva junto a otros activistas bajo la acusación de proporcionar ayuda a un grupo terrorista.

Pregunta.- Es uno de los tantos iconos de la represión en Egipto. ¿Cómo recuerda su cautiverio?

Respuesta.- Pasé 915 días en prisión. Sufrí desapariciones forzadas, una práctica muy común en Egipto. Consiste en llevarte a un lugar donde tu detención es completamente ilegal, desconocida para tu abogado y tu familia. En los primeros días tras mi arresto me esposaron, me vendaron los ojos y me ataron a la pared. Sucedió lo mismo al final de mi cautiverio. Fue obra de los servicios de inteligencia. Y lo que yo he padecido lo han sufrido cientos de personas, que han permanecido así días, semanas, meses y algunos años. La tortura es diaria. Ni siquiera sabemos de algunos de ellos en estos momentos.

Luego me llevaron a una cárcel donde se sucedieron los interrogatorios. Básicamente durante los dos años y medio me preguntaron por mi opinión y esas cosas y con un total desconocimiento del marco legal o de cualquier base jurídica, la ridícula ley egipcia les permite detenerte durante dos años, pero hasta ellos mismos lo desconocen. Durante todo ese tiempo estuve en una celda de 24 metros cuadrados, con una treintena de detenidos. Y era extremadamente difícil estar de pie, por no hablar de dormir o sentarse. Y permanecí allí durante dos años y medio con un cuarto de baño y un agujero de un metro por 75 centímetros y una ducha fría encima con un trato absolutamente inhumano; durmiendo en el suelo en un lugar lleno de insectos y con condiciones de vida muy difíciles, con absoluta negligencia en el tema de la asistencia médica.

Muchos presos han muerto por negligencia o por la tortura. Yo mismo he sido testigo de las palizas y la humillación que sufren los encarcelados. Estamos hablando de una de las peores épocas de la historia de Egipto: la cantidad de la brutalidad y la tortura y el abuso sistemático en las cárceles resulta brutal. Hay cientos de personas encarceladas porque los agentes de policía los pararon en la calle, confiscaron su teléfono, comprobaron su móvil y encontraron una broma o un comentario en contra del régimen. Y eso resultó suficiente para que fueran arrestados y arrojados como terroristas, una acusación utilizada contra todos los abogados, activistas del movimiento de derechos civiles, defensores de los derechos humanos, los políticos, y egipcios normales y corrientes. Egipto se ha convertido en una república del terror.

Egipto se ha convertido en una república del terror

P.- ¿Hacia dónde se dirige Egipto?

R.- Es país que está completamente en bancarrota. Al Sisi ha pedido prestado un promedio de 20.000 millones de dólares al año desde que asumió el poder. La deuda egipcia ha pasado de los 32.000 millones a los 160 mil millones de dólares sin la capacidad de pagarlas por la corrupción, el control del ejército de la economía y con empresarios que están siendo enviados a la cárcel porque el régimen o el ejército tratan de quedarse con sus negocios. Conozco de primera mano casos de familias que han batallado y negociado para evitar que los militares les confiscaran sus bienes. El nivel de corrupción y atrocidades está destruyendo cualquier estabilidad que pudiera existir en Egipto, destruyendo la economía egipcia y destruyendo su capacidad de continuar como Estado. Y sí, definitivamente el cambio va a llegar y mi preocupación, es que será sangriento.

P.- Es muy crítico con la complicidad occidental…

R.- Sí. Mi preocupación vuelve a ser que, de nuevo, las potencias occidentales de Europa o Estados Unidos siguen financiando a Al Sisi y siguen desplegando alfombras rojas a su paso; dándole legitimidad y vendiéndole armas. Dos días después de que Emmanuel Macron mencionara mi nombre en una rueda de prensa con Al Sisi, oficiales egipcios vinieron a la celda y destruyeron mi habitación y mis pertenencias para castigarme. No me importó.

El nivel de corrupción y atrocidades está destruyendo cualquier estabilidad que pudiera existir en Egipto

Y dos semanas después, los oficiales me llamaron y uno de ellos me dijo: Ramy, ¿realmente crees que les importan los derechos humanos? Y yo le dije: “Bueno, si lo que quieres decir es que algunos gobiernos se preocupan más por los beneficios económicos que por sus principios, probablemente tengas razón. Pero los europeos en general, como sociedad, sí se preocupan por los derechos humanos y la democracia. Pueden presionar a su gobierno para que cambie de rumbo”. Me miró y me contestó: «Bueno, nada que nuestro presidente no pueda manejar con un gran acuerdo del ejército, incluso un pequeño ejército”. Pero el oficial de seguridad era muy consciente de que era inmune, que no tenía que rendir cuentas por sus crímenes porque su presidente obtiene armas y financiación y apoyo.

Todos los males del país parten de una dictadura militar que sólo entiende la agresión

P.- No suena optimista…

R.- Es que todo esto es muy peligroso para las relaciones europeas-egipcias a largo plazo, muy peligroso para la inmigración que sigue inundando Europa. Y los egipcios son los segundos inmigrantes en Italia y otros lugares. Y también es muy peligroso para el crecimiento del fundamentalismo.

He visto a gente salir de su tortura y desesperación en la cárcel. He visto cómo se destruye la economía egipcia. La educación básica o la sanidad no existen. Todos los males del país parten de una dictadura militar que sólo entiende la agresión y la opresión como un modo de gobierno y un modo de conducta. Espero que podamos ver su final muy pronto.

P.- Y en un país como éste y en un tiempo así, la ONU celebra en una de sus ciudades la Cumbre del Clima…

R.- Desgraciadamente, aún no hay nadie que presione lo suficiente como para cambiar el rumbo. Y eso es lo que pedimos al mundo. Egipto es el peor lugar para acoger un evento tan grande como este, desplegando la alfombra roja a Al Sisi y dándole un nuevo impulso a la legitimidad de un asesino y un abusador de los derechos humanos. El mundo no debería haber permitido que una cumbre como ésta se celebrara en Egipto.

Con 60.000 presos políticos en la cárcel y varios cientos de muertos bajo coacción y tortura. Es un país donde a su propia gente no se le permite pensar en su futuro ni se le permite expresarse. Es ridículo permitir a Egipto que blanquee sus crímenes. Incluso hay dos ecologistas locales en la cárcel desde hace tres años y las ONGs locales independientes no han podido tener presencia en la cumbre. Solo han acudido las asociaciones falsas creadas por el régimen.  

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