América Latina | Internacional

Los bolsonaristas provocan un efecto bumerán con su golpe fallido al unir a las instituciones en su contra

Uno de los mayores desafíos del presidente Lula es mejorar la relación con el Ejército, muy mimado por Bolsonaro

Lula da Silva con representantes de los tres poderes en Brasilia

El presidente, Lula da Silva, centro, con representantes de los tres poderes, en Brasilia. EUROPA PRESS

Brasil ha vivido el 8 de enero el golpe más grave a la democracia desde la dictadura. También ha sido testigo de una reacción unánime de rechazo a los golpistas de los tres poderes, atacados por los bolsonaristas en un movimiento que perseguía derrocar al presidente Lula da Silva, que asumió su tercer mandato el primer día de este 2023. Lula ha demostrado que su opción a la Presidencia era la que encarnaba la democracia frente a los que quieren llegar al poder por las buenas o por las malas. Los representantes de los tres poderes secundaron un comunicado titulado En defensa de la democracia este lunes. En el texto destacan su «repudio a los actos terroristas, vandálicos, criminales y golpistas que tuvieron lugar en la tarde del domingo en Brasilia».

Los bolsonaristas buscaban el caos, pero solo lo sembraron en las sedes de los tres poderes. Miles de ellos irrumpieron el domingo en el Congreso, el Palacio de Planalto y el Supremo Tribunal y arrasaron con todo lo que encontraron a su paso. Fue un acto planificado. Lograron llegar tan lejos gracias a la pasividad, o incluso connivencia, de la Policía Militar. El asalto emulaba el asalto al del Capitolio, perpetrado el 6 de enero de 2021, por los seguidores de Trump. En Washington se celebraba una sesión solemne y varios congresistas temieron por su vida. En Brasilia, sin embargo, los edificios estaban vacíos. Lula, de viaje en Araraqua, no fue a su despacho, que fue una de las pocas estancias que quedó a salvo de los bárbaros.

Cuando todavía campaban a sus anchas los bolsonaristas por el Palacio de Planalto, sede gubernamental que sufrió serios daños, el presidente firmó un decreto por el que el gobierno federal asumía el control de la seguridad del Distrito Federal. No se movilizaba al Ejército ni habría medida excepcionales más allá de Brasilia, donde se consumó el intento de golpe fallido.

El papel de las Fuerzas Armadas

A juicio de Rodrigo Rodrigues-Silveira, profesor de Ciencia Política en el Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, «Lula jugó bien sus cartas. Fue muy hábil y optó por lo menos costoso políticamente. Lo que buscaba Bolsonaro probablemente era una intervención del Ejército y provocar un problema grave entre el gobierno y las Fuerzas Armadas. Eso habría erosionado aún más las instituciones. Sin embargo, pasó el control de la seguridad a manos de un interventor federal y solicitó asistencia de otros estados».

Previamente, habíamos visto cómo parte de las fuerzas de seguridad, que apoyan a Bolsonaro, habían dejado hacer a los seguidores del expresidente. Así llevan mucho tiempo. A partir de ahora, no será tan fácil, porque han pasado de las palabras a los hechos. «El objetivo era crear una situación que llevara a Lula a decretar un estado de emergencia o suspender el orden constitucional. Fue un movimiento muy arriesgado. Es la primera vez que recurren a la fuerza contra las instituciones. Antes amenazaban pero nunca habían llegado tan lejos. Asaltaron las sedes de los tres poderes: es un acto antidemocrático», dice Rodrigues-Silveira. Han dado un salto cualitativo: antes era un grupo que protestaba frente al Cuartel General. Ahora se han convertido en el enemigo de los tres poderes, en el enemigo de la democracia.

De ahí que los representantes de los tres poderes se hayan unido para apoyar que se vaya al fondo del asunto y se desmantele las redes que apoyan económicamente a los bolsonaristas. Cientos de ellos llevaban acampados desde la segunda vuelta de las presidenciales, el 30 de octubre. El Supremo ordenó este lunes el desmantelamiento de estos asentamientos, que de alguna manera se sufragan.

Hay una oportunidad de debilitar a la extrema derecha si se investiga sobre sus redes internacionales de financiación»

rodrigo rodrigues-silveira, profesor de c. política en el instituto de iberoamérica

Para el investigador brasileño, es muy relevante que Lula apuntara a Bolsonaro y asegurara que iban a detener a todos los implicados y a desvelar sus fuentes de financiación. «Esto será una oportunidad para Brasil y otros países, donde existen partidos que se benefician de redes de financiación internacional de la extrema derecha. Al exponer esas redes puede ayudar a combatir los grupos radicales más allá de Brasil. Es una oportunidad para debilitar a la extrema derecha. Dependerá de la investigación y la cooperación de otros países, sobre todo de Estados Unidos. Lula y Biden tienen una oportunidad de unir fuerzas», señala Rodrigues-Silveira, que cree que el bolsonarismo ha recurrido a este gesto extremo por experimentar hasta dónde podía llegar su choque con las instituciones y los efectos que podría tener.

Anna Ayuso, investigadora senior especializada en América Latina en CIDOB, descarta que a corto plazo vaya a reproducirse un golpe clásico. «Seguirá habiendo disturbios pero la respuesta de las instituciones ha sido contundente. Hay una coalición recién formada que sale reforzada porque sus tesis se han cumplido (era una lucha de democracia y autocracia). El Congreso y el Senado han defendido su supervivencia, pero el Supremo ha mostrado su fortaleza. No creo que haya otro intento de este tipo. Habrá investigaciones y habrá consecuencias. Hasta ahora nunca les pasaba nada. Esto hará que los menos radicales se desmarquen».

Lo más preocupante de lo que ocurrió el domingo fue comprobar cómo Bolsonaro tiene apoyos en las fuerzas de seguridad. «En el Ejército hay un apoyo fuerte a Bolsonaro porque el expresidente les mimó mucho. El reto de Lula está en la negociación. La relación entre el Ejército y el gobierno es difícil y delicada. Puede plantear que no habrá caza de brujas en sus filas siempre que se mantengan al margen en política», señala Rodrigues-Silveira.

Bolsonaro colocó a personas afines en los mandos intermedios del Ejército pero la cúpula lo ve como un advenedizo»

anna ayuso, investigadora senior en cidob

Será básico que el ministro de Defensa, José Múcio, tienda puentes con el alto mando, como está haciendo. Según Anna Ayuso, en realidad no es la cúpula la que se inclina más por Bolsonaro sino los mandos intermedios. «Colocó a personas afines en mandos intermedios, porque él no llegó más allá de capitán. Para muchos en el alto mando es un advenedizo pero intentó ganarse su favor durante su mandato. Más que bolsonaristas son antipetistas (PT, el Partido de los Trabajadores, que lidera Lula)». Destaca Ayuso cómo los mandos intermedios, a pesar de que tenían la ocasión, no se han levantado finalmente.

Es cierto que las fuerzas de seguridad han actuado con benevolencia y muchos líderes pudieron huir al campamento. Allí han sido arrestadas 1.200 personas, que afrontarán cargos menos graves que quienes fueron detenidos in fraganti, más de 300.

Entre los políticos, incluso los bolsonaristas de ayer, han rechazado el intento de golpe. Entre ellos, destaca el popular gobernador de Sao Paulo, Tarcisio de Freitas, así como el presidente del Congreso, Arthur Lira. También lo hizo el ex ministro de Justicia de Bolsonaro y juez del caso Lula, el senador Sergio Moro. En el Congreso la fuerza con más apoyos es el Partido Liberal, de Bolsonaro, pero su dirigente, Valdemar Costa Neto, ha condenado los actos del domingo en Brasilia.

También la respuesta internacional ha sido de firme respaldo a la democracia brasileña y al presidente Lula da Silva. Su imagen internacional ha quedado consolidada frente a un opaco Bolsonaro que se desmarcaba de los golpistas con la boca pequeña. En un tuit, venía a decir que se habían saltado las reglas pero los comparaba con los manifestantes petistas del pasado. Nunca antes hubo un asalto a los tres poderes en Brasilia.

Del mismo modo, los bolsonaristas han sido calificados de «golpistas» por los medios de comunicación brasileños al unísono. De ahí que Anna Ayuso deduzca que es posible que esa clase media que apoyó a Bolsonaro por radical antilulismo ahora se haya dado cuenta de que es una opción que pone en riesgo la estabilidad de Brasil y que realmente no tiene ningún apego a la democracia.

¿Cuál debería ser la lección que debería aprender Lula de esta experiencia? Ayuso es clara: «La polarización no es el mejor sistema y Lula también ha jugado con ello. Ha de hacer un gobierno pragmático e integrador. Probablemente no sea del gusto de sus seguidores más radicales. Pero ha de trabajar para poner en marcha las reformas necesarias: erradicar el hambre y la pobreza, y la reforma fiscal. Y este primer año es fundamental».

Te puede interesar

Comentar ()