De nuevo una cumbre de la OTAN en tiempos de Trump. El presidente llega este martes a Ankara, tras festejar el 250 aniversario de independencia de Estados Unidos. Para evitar que ahora busque desengancharse de la Alianza Atlántica el secretario general, Mark Rutte, desplegará su diplomacia de adulación. También juega a favor la simpatía que Trump profesa al anfitrión, el presidente Recep Tayyip Erdogan, quien lleva 23 años al frente de Turquía. De no ser por él ha confesado que se habría saltado la cumbre. El acosador-en-jefe ha encontrado en Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, a una nueva víctima. Los europeos temen que no acabe ahí.

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Está previsto que Trump llegue el martes a Ankara, donde se reunirá con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, antes de cenar esa misma noche con otros líderes de la OTAN. La reunión de mayor calado tendrá lugar el miércoles por la mañana, y los diplomáticos la han programado para que sea breve con el fin de minimizar posibles contratiempos. Posteriormente, Trump tiene previsto reunirse con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, antes de celebrar una rueda de prensa y regresar a Washington, según ha informado la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly.

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La OTAN 3.0

En Ankara, sobre el papel, se trata de llevar a la práctica el aumento del gasto en defensa que se acordó en la cumbre de La Haya. Allí fue cuando los aliados se comprometieron a aumentar el gasto en defensa hasta un 5% del PIB hasta 2035. España se descolgó con el argumento de que podía cumplir con los compromisos con un presupuesto inferior.

El reto de este año consistirá en demostrar que se han logrado avances suficientes hacia ese objetivo, al tiempo que se aborda la visión de Trump de la OTAN 3.0. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo traduce en "una alianza equilibrada en la que Europa lidere su propia defensa". Los europeos asumirán la responsabilidad de la defensa convencional del continente, mientras que los estadounidenses mantendrán el paraguas nuclear.

El propio Rutte ha subrayado que es hora de corregir ese desequilibrio. De lo que se trata en Ankara es de convencer a los americanos de que ese ajuste se ha de hacer de forma progresiva, sin anuncios sorpresivos ni decisiones abruptas. Difícil cuando se trata de Trump, Hegseth y compañía.

No solo se trata de gasto

Solo en 2025, según señala el Atlantic Council y ha recordado Rutte la víspera de la cumbre, "los aliados europeos y Canadá aumentaron el gasto en defensa en un 20% con respecto al año natural anterior". Los tres Estados bálticos, Dinamarca, Polonia y Noruega han destinado a defensa un porcentaje del PIB superior al de Estados Unidos. Alemania está dispuesta a crear el Ejército mejor provisto de Europa. El embajador de EEUU ante la OTAN, Matthew G. Whitetaker, dijo la semana pasada que se iba a buscar cómo recompensar a los que están gastando más y se adoptarían medidas contra los que están en el vagón de cola. Es el caso de España.

Rutte ya se lo anticipó a Trump cuando le visitó en Washington el mes pasado. Le aseguró, por supuesto, que todo este avance se debía a su intervención. Aún así Trump ha seguido con sus crítica a los europeos. En realidad, su enfado ahora se debe a que no le secundaron en su disparatada aventura en Irán. Ni quienes hasta entonces le habían apoyado siguieron su estela. De ahí su ira contra la italiana Meloni o el británico Keir Starmer. Por ello en Ankara se trata de minimizar los daños.

Pero, como explica Alexander Olech, redactor jefe de Defence24, el problema ya no es solo el nivel de gasto. "La cuestión más difícil se refiere al papel de Estados Unidos en Europa.

Tiempo, dinero y disciplina industrial

En las capitales europeas se quiere saber con qué rapidez y a qué escala pretenden los estadounidenses retirarse de nuestro continente. Esto es imprescindible para planificar con qué rapidez habrá que cubrir los vacíos que dejarán los estadounidenses en ámbitos como el reconocimiento, la defensa antiaérea, los medios de precisión de largo alcance o el transporte de tropas.

Sustituir las capacidades estadounidenses de ataque de largo alcance y vigilancia sería difícil. Estados Unidos cuenta con sistemas y plataformas que Europa no puede reproducir rápidamente, entre ellos bombarderos estratégicos, medios de ataque en profundidad, capacidades de inteligencia y partes de la arquitectura de mando. Los aliados europeos podrían ser capaces de crear una mezcla de capacidades alternativas, pero esto requerirá tiempo, dinero y disciplina industrial".

Para que los Ejércitos europeos planifiquen con seriedad, es necesario que no haya cambios repentinos por parte de los estadounidenses. "La defensa no se construye mes a mes (...) El flanco oriental necesita previsibilidad: defensa aérea, munición, logística, fuego de largo alcance, vigilancia, movilidad militar y presencia estadounidense allí donde sigue siendo más importante", añade Olech.

"Si Washington reduce sus recursos de ataque de largo alcance, vigilancia, defensa aérea, logística o mando, el flanco oriental será el primero en notarlo. Rusia fijará su mirada precisamente allí: en las reservas de munición, las bases, los retrasos políticos, la producción industrial y la rapidez con la que se toman las decisiones aliadas. La cumbre no puede ocultar esto tras otro comunicado", concluye el experto.

La 'europeización' de la Alianza

La cumbre de Ankara debería ser la cumbre de "la europeización de la Alianza", en palabras de Timothy Garton Ash. Los europeos han de demostrar si pueden dejar de depender de las decisiones de Estados Unidos. Ya han visto cómo las gasta Trump y nadie puede asegurar que su sucesor siga otro curso.

Garton Ash se refiere en el Financial Times a dos horizontes temporales: uno de 10 años y otro de 10 meses. "Europa y Canadá (ese gran país europeo honorífico) deberían trabajar —en la medida de lo posible, en colaboración con EEUU— con el objetivo estratégico de lograr una Europa que cuente con las fuerzas convencionales, los denominados facilitadores estratégicos y, en última instancia, la disuasión nuclear necesarias para defenderse". Y a su vez, "la OTAN necesita una planificación de contingencia inmediata para una defensa liderada por Europa y, en el peor de los casos, en solitario, frente a cualquier posible agresión rusa".

La demostración práctica de su cambio de paradigma ha de verse en Ucrania. Por eso Rusia está forzando la máquina bélica y bombardea intensamente la capital, Kiev, en los últimos días. Zelenski ha pedido pidió "decisiones firmes" en la cumbre de la OTAN. "Mientras los misiles Patriot sigan en los arsenales de nuestros aliados, Rusia solo se verá animada a seguir destrozando edificios residenciales. Estados Unidos y Europa tienen la fuerza suficiente para poner fin a este terror", ha dicho el presidente ucraniano en un comunicado.

Putin estará observando atentamente cómo proceden los europeos en la cumbre de la OTAN. Si son titubeantes, difícilmente van a tener la fuerza disuasoria que necesitan para frenar a Rusia en Ucrania, y más allá.