Este miércoles casi 16 millones de personas están llamadas a las urnas en Marruecos. Tienen por delante la tarea de elegir al nuevo Gobierno que dirigirá el país durante los próximos cinco años. Pero el clima electoral que se respira al otro lado del Estrecho está lejos de la emoción ante un posible cambio. No son pocos los que piensan que las elecciones de este 23 de septiembre solo servirán para mantener en el poder a una clase política incapaz de dar solución a sus problemas.

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A la desconfianza hacia sus gobernantes se suma la escalada de precios y la falta de perspectivas de futuro. Las encuestas reflejan que una tercera parte de la población desea abandonar del país en busca de mejores oportunidades, un porcentaje que asciende a más de la mitad entre los menores de 30 años. Fueron ellos los que se lanzaron el pasado 30 de julio a cruzar a nado hacia Ceuta.

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El año pasado, Mohamed VI lo dejó claro en su discurso con motivo de la Fiesta del Trono: "No hay lugar, ni hoy ni mañana, para un Marruecos a dos velocidades". De esta manera, el monarca ponía de manifiesto la brecha que atraviesa el país. Aunque los buenos datos macroeconómicos dan cuenta del crecimiento que experimenta el país, el día a día en las calles cuenta otra historia.

Un año después, el Marruecos de las dos velocidades se hizo más evidente que nunca. Mientras Mohamed VI volvía a celebrar el aniversario de su ascenso al trono alauí, decenas de miles de jóvenes atravesaron a nado la frontera. Más de un centenar perdieron la vida en el intento.

Aunque las autoridades marroquíes han tratado de desviar la crisis hacia la supuesta "marroquinidad" de Ceuta y Melilla, la llegada de miles de sus conciudadanos a las dos ciudades autónomas ha puesto de manifiesto el descontento latente entre la población. Un malestar en el que profundiza una nueva convocatoria para cruzar la frontera prevista para este miércoles, coincidiendo con las elecciones.

Ausencia de un cambio real

Los comicios de este miércoles no despiertan entusiasmo entre algunos sectores de la población. A la fragmentación de partidos, que impide la consolidación de gobiernos fuertes frente a la autoridad real, se añade que una buena parte del poder ministerial está directamente controlado por Palacio. Mohamed VI se reserva los nombramientos al frente de las carteras más relevantes a nivel estratégico, como pueden ser Interior o Asuntos Exteriores. Así, el margen de maniobra del Ejecutivo salido de las urnas es bastante reducido.

A esto se suma que los principales partidos mayoritarios son formaciones complacientes con la corona. Uno de los candidatos fuertes es Fouzi Lekjaa, el presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol. Integra las listad del Partido de la Autenticidad y Modernidad, fundado por Fouad Alí El Himma, amigo íntimo de Mohamed VI y uno de sus asesores más cercanos. Es decir, es un candidato muy próximo al Majzén, el círculo íntimo del monarca que gobierna el país en la sombra.

En Marruecos es un secreto a voces que son unos pocos quienes gobiernan el país. Y han aparecido voces que se rebelan contra esta situación.

"Oh marroquí, las elecciones son una farsa para ti y para mí". Así rezan los folletos repartidos por Chabibat Annahj Addimocrati, la organización juvenil del partido Vía Democrática Obrera, una formación marxista que ha hecho un llamamiento al boicot de las elecciones. "No hay esperanza de que sirvan para establecer una vida democrática real que permita al pueblo marroquí mejorar su situación", ha denunciado la agrupación.

La campaña a favor del boicot no ha sentado bien a las autoridades alauís. A 18 de septiembre, el partido informó de que dieciséis de sus miembros habían sido detenidos en actividades relacionadas con la iniciativa. Aun así, han asegurado que se van a mantener firmes en su rechazo al proceso electoral, que "se desarrolla en el marco de una constitución otorgada y antidemocrática que consagra el despotismo y concentra los poderes reales en manos de la monarquía, convirtiendo las instituciones resultantes de las elecciones en meras instituciones formales sin poderes reales".

"Si votas o no, da lo mismo"

En Marruecos no están permitidas las encuestas sobre el sentido del voto antes de las elecciones, por lo que no es posible determinar si la campaña a favor del boicot será o no un éxito. Aun así, es un dato público que solo se han inscrito en las listas del Ministerio del Interior 15,8 millones de votantes, un dato muy inferior a los 28 millones de personas en edad de votar que se estima viven en Marruecos. También él de la participación en los comicios del 2021, que apenas superó el 50%.

"Si votas o no, sigue siendo la misma cosa". Es el resumen de un joven en declaraciones al portal digital ENASS. Este medio independiente ha recogido las impresiones de algunos jóvenes a pie de calle, y son poco prometedoras.

"Nunca me he inscrito en el censo electoral y ahora estoy en el boicot", asegura uno. "¿Que si voy a ir a votar? La verdad es poco probable", añade otro. "Son solo mentiras. Esas promesas donde te van prometiendo que van a hacer esto y lo otro... está claro que son solo mentiras", sentencian las voces más críticas.

La crisis en Ceuta no ha contribuido a acallar las críticas hacia sus dirigentes. Al igual que en España, la gestión del Gobierno alauí ha sido duramente criticada por amplios sectores de la población. Al silencio oficial ante la pérdida de 141 vidas en el cruce masivo, se suma el descontento por el uso excesivo de la fuerza contra los civiles desarmados que regresaban a territorio marroquí. Tampoco ha ayudado la persecución contra los usuarios de redes sociales que denunciaron estos hechos.

Sin embargo, de fondo late el convencimiento de que estos intentos desesperados de emigrar son fruto del desempleo juvenil y la falta de perspectivas. "Las filas de personas que cruzan hacia la Ceuta ocupada constituyen el referéndum más preciso y elocuente sobre el fracaso de las políticas públicas actuales", denunció a primeros de agosto Chabibat Annahj Addimocrati, la asociación que promueve ahora el boicot a las elecciones.

Una juventud sin futuro

La economía de Marruecos va como un cohete. Al menos así lo reflejan los datos macro. El año pasado el producto interior bruto marroquí creció un 4,9%. Mohamed VI alardeó sobre estas buenas cifras en su discurso por la Fiesta del Trono a finales de julio.

Pero, aunque a gran escala el país marche bien, la vida en Marruecos sigue sin ser fácil. Especialmente para las capas jóvenes de su población. A pesar de que la proporción de población activa sin educación se ha reducido a la mitad desde el año 2000 y los graduados universitarios casi se han triplicado, poseer un título no garantiza el empleo. Así lo refleja un informe del Banco Mundial publicado esta primavera.

De hecho, más del 43% de los graduados universitarios de entre 25 y 34 años que logran encontrar empleo trabajan en puestos que requieren un nivel de estudios o cualificación inferior al que han alcanzado.

Asimismo, la transición de la escuela al trabajo es sumamente compleja. Un año después de terminar los estudios, el desempleo es el destino mayoritario para casi la mitad de los jóvenes marroquíes, una cifra que ha empeorado desde principios de los 2000, especialmente entre las mujeres. Mientras los hombres jóvenes suelen refugiarse en el asalariado informal o el autoempleo informal, la inactividad sigue siendo la norma para ellas. Y otros muchos son "ninis".

Quienes acceden al sector formal se topan con salarios de entrada muy bajos, que ni siquiera alcanzan los diez euros al día. Unos ingresos que son cada vez más bajos debido a la pérdida de poder adquisitivo por la inflación galopante en el país.

La nefasta situación económica que atraviesa el país, especialmente para los más jóvenes, conduce a que muchos se planteen otras alternativas. Algunos llegan a la conclusión de que su mejor opción es llegar a Europa, sea de la manera que sea. Pero el descontento se expresa también en las calles.

El año pasado, la juventud marroquí protagonizó protestas masivas. La Generación Z dijo "basta ya", en manifestaciones que estallaron tras la muerte de ocho mujeres embarazadas en un hospital público de Agadir, al sur del país. Tras varias días de inestabilidad social, el régimen reprimió el estallido ciudadano con mano dura. Cientos de personas continúan presas por este motivo, y sus compañeros de lucha acuden este miércoles –o no– a las urnas, con su recuerdo muy presente.