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El Senado absuelve a Donald Trump y cierra el proceso de impeachment

El senador Mitt Romney es el único republicano que vota a favor del juicio político al presidente

Trump junto a Pence y Pelosi

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante el Congreso, poco antes de conocer el veredicto del impeachment. EFE

Solo un senador republicano ha levantado su voz contra Donald Trump. Ha sido Mitt Romney, representante por Utah, quien ha justificado su voto contra el actual presidente de Estados Unidos «por un atroz abuso de poder». En el caso de obstrucción al Congreso ha votado a favor de Trump. Con esta mínima disidencia en sus filas, Donald Trump ha superado el juicio político en el Senado. Ya tiene el camino despejado hacia su reelección el 3 de noviembre.

Cuarenta y ocho senadores han votado a favor de su destitución y 52 en contra por el cargo de abuso de poder. Y por obstrucción al Congreso los votos a favor han sido 47 y en contra 53. En este cargo Romney no se ha desmarcado de los republicanos. Prueba superada: Trump ha sido absuelto.

Ha sido una jornada intensa para Trump, que ha ignorado por completo el impeachment en el discurso del estado de la Unión. Su alocución, con marcado carácter triunfalista, ha marcado el arranque de la campaña electoral. También se ha reunido casi al tiempo que se votaba en el Senado con el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó.

Trump ha infravalorado la importancia del juicio político desde su inicio en el Senado. Ese mismo día habló en Davos ante la élite financiera y política del planeta. Este miércoles contraprogramaba con Guaidó en la Casa Blanca.

Poco después de conocerse el dictamen del Senado, Trump anunciaba en su cuenta de Twitter que este jueves hará una declaración pública sobre «la victoria de nuestro país frente a la caza de brujas del impeachment«.

Era necesario que los dos tercios del Senado (67) dieran luz verde a la destitución, algo que nunca ha estado al alcance de los demócratas. Los republicanos cuentan con la mayoría en el Senado: 53 frente a 45 demócratas y dos independientes. En ningún momento hubo posibilidad de que se rebelaran contra Trump una veintena de senadores republicanos.

Romney justifica su voto por su convicción religiosa, y se le rompe la voz cuando señala la razón por la que vota contra el presidente. Romney, ex gobernador por Massachusetts y ex aspirante a la Presidencia, es mormón.

«Soy profundamente religioso. Mi religión está en la esencia de lo que soy… Votar contra el presidente cuando es de mi partido es la decisión más difícil que he tomado nunca», señala Romney, quien fuera candidato a la Casa Blanca en 2012. Ganó la reeleción el demócrata Barack Obama.

«Corromper una elección para mantenerse en el puesto es quizá la violación más abusivo y destructiva que alguien que ha jurado su cargo pueda cometer», subraya el senador por Utah.

Uno de los hijos de Trump, Donald Jr., pidió a los republicanos que expulsaran a Romney y atribuyó su voto a su frustración por no haber sido presidente cuando se enfrentó a Obama en 2012. Trump también le dedicó un tuit: «Si hubiera dedicado tanta energía a vencer a Obama, como a intentar derrotarme, podría haber ganado esas elecciones».

El último día del mes de enero el juicio político quedó listo para sentencia. Los senadores republicanos dieron la puntilla al impeachment al rechazar la comparecencia de testigos por 51 votos contra 49. Solo Romney y Susan Collins, senadora por Maine, votaron a favor de la demanda demócrata.

No puede haber absolución sin juicio. Y no hay juicio sin testigos, pruebas y documentación», dijo Pelosi al rechazar el Senado los testimonios

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, fue tajante con los republicanos, «cómplices» de Trump. «No puede haber absolución sin juicio. Y no hay juicio sin testigos, documentación y pruebas», dijo cuando el impeachment entró en su fase final.

Los demócratas habían aprobado, ya que tienen la mayoría en la Cámara de Representantes, que el Senado fuera escenario de un juicio político al presidente de Estados Unidos por abuso de poder y obstrucción al Congreso.

El Senado tenía que decidir si el presidente de EEUU había utilizado el cargo para que un aliado, el presidente de Ucrania, investigara al hijo de un rival político, el demócrata Joe Biden, a cambio de favores como una venta de armamento y recibirlo en la Casa Blanca. Es el llamado Ucraniagate.

La mayoría de los republicanos han mantenido que Trump hizo lo que hizo en defensa del interés nacional. Es decir, el argumento que usó Richard Nixon cuando fue entrevistado por Frost. Lo que hace el presidente no puede ser ilegal, según recordaba la ex rival demócrata de Trump, Hillary Clinton.

La hostilidad entre republicanos y demócratas ha quedado evidente este miércoles en el discurso de estado de la Unión, sobre todo, por dos simbólicos gestos. Trump ha evitado saludar a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, la demócrata con más poder en el país.

A su vez, Pelosi ha roto el discurso en papel del presidente cuando ha terminado su alocución. «Es lo más cortés que podía hacer después de escuchar tantas mentiras», dijo Pelosi para explicar su proceder.

La oposición demócrata había apostado por este órdago contra Trump porque creía que había base para dejar en evidencia, aunque no fuera posible la destitución por estar en minoría en el Senado, el dudoso comportamiento del presidente de EEUU. Sin embargo, los demócratas han perdido esta oportunidad, que en realidad ha debilitado más a uno de sus candidatos más relevantes, el ex vicepresidente Joe Biden.

A su vez, el proceso político ha coincidido con el simbólico caucus de Iowa, donde el recuento se ha prolongado durante días. Este caos ha puesto en evidencia un partido dividido y que no termina de plantear una estrategia clara frente a Trump.

Finalmente, a falta aún del recuento global, los ganadores son Pete Buttigieg, el moderado y jovencísimo ex alcalde de South Bend, Indiana, y el muy veterano izquierdista Bernie Sanders, senador por Vermont. Biden ha fracasado en Iowa.

Donald Trump es el tercer presidente de Estados Unidos que supera un proceso de juicio político o impeachment. Antes que él afrontaron el riesgo de ser destituidos Andrew Jackson y Bill Clinton. Richard Nixon lo evitó porque dimitió antes como consecuencia del Watergate.

Una vez superado este escollo, Trump enfila el camino hacia su reelección sin que los demócratas hayan logrado que el presidente se tambalee.

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