Igual que en el Ártico se ha creado un búnker con las semillas más valiosas del mundo para preservar una muestra ante cualquier desastre mundial, el PSOE debería tomar la precaución de almacenar una variante de cada una de sus propuestas electorales para que los supervivientes del partido tengan a mano un especimen cuando pase la hecatombe.

El programa de Pedro Sánchez, secretario general reincidente, ha pasado a ser el oficial tras la aplastante victoria del domingo. Propone un giro a la izquierda recuperando la idea de la renta básica y la semana laboral de 35 horas.

Pero como los de Susana Díaz no van a tirar la toalla hasta el próximo Congreso Federal del 18 de junio, si no crean pronto esa fortaleza donde poner a salvo sus propuestas, muchas podrían volatilizarse durante la batalla. Y adiós a los créditos para jóvenes y las excelentes playas asiáticas de las que hablaban los susanistas, que tantos buenos momentos dieron durante la campaña de primarias.

Ya ha dicho el sanchista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis que “no se puede descartar nada” hasta que pase el Congreso Federal. Luego vendrán los provinciales y regionales con sus glaciaciones respectivas. Es pronto todavía para saber si habrá supervivientes.

Lo bueno de un búnker es que se puede hacer a medida de todos los socialismos posibles. Ferraz, sin embargo, no tiene tamaño para tanto vaivén de este péndulo de Foucault ideológico. Que como siga oscilando de derecha a izquierda, en una de éstas va a echar abajo la sede.

Crear una fortaleza con restos de cada facción socialista ayudaría a no confundir a los arqueólogos a los que un día les dé por reconstruir la historia del partido más longevo de la democracia española. Porque ponerse a excavar dentro de unos siglos a este paso va a ser un lío. No es lo mismo que hallen vestigios de las propuestas de plurinacionalidad y descentralización de Sánchez, que someter a la prueba del carbono 14 el momento en el que Patxi López le preguntaba: “¿Qué es una nación, Pedro?”

Queridos historiadores del futuro, no se dejen engañar por encuestas fallidas e indicios contradictorios que daten de 2017. Hubo una vez en la que para ser secretario general de los socialistas saber qué es una nación estaba sobrevalorado.

Mientras siga la lucha por aclarar qué PSOE tiene futuro, las semillas del socialismo habría que guardarlas a buen recaudo en algún sitio. Porque en los tiempos que corren no es tarea fácil preservar algo para la posteridad y mucho menos una criatura en peligro de extinción, como son los partidos socialistas europeos.

Cierto es que ninguna especie tiene su futuro asegurado. Ni siquiera las semillas. De hecho, hasta la famosa reserva global construida en la isla noruega que se suponía que debía durar para toda la eternidad ha empezado a hundirse esta semana, según cuenta The Guardian. Su amenaza ha sido el calentamiento global, no las primarias. Ya ni siquiera en un búnker se puede uno quedar tranquilo.