Los rendimientos de los bonos públicos europeos finalmente comienzan a dispararse anticipando la reversión de las políticas monetarias acomodaticias llevadas a cabo por el BCE durante muchos años.

Sin embargo, la última reunión de política económica del BCE no confirmó estas sospechas, ya que el presidente Mario Draghi (una vez más) mantuvo su posición equilibrada tradicional (algunos dirían perversa) y su actitud enigmática. Los inversores fueron advertidos antes de la conferencia de prensa, pues el comunicado del organismo no contenía ningún cambio en el lenguaje, pese a que muchos analistas habían previsto un endurecimiento del discurso con el reconocimiento de los avances en la economía europea.

En realidad, los inversores deberían haber desconfiado mucho antes, ya que el cambio repentino en el sentimiento -apreciado en el salto del bund a 10 años desde los 24 puntos básicos del 26 de junio, a 60 puntos básicos el 13 de julio-, no contaba con apoyo firme por parte de otros miembros del Comité del BCE. Por el contrario, después de las llamativas «fuerzas reflacionistas» que descuidadamente mencionó en Sintra Draghi, el banco central se apresuró a informar al mercado de que había «malinterpretado» los comentarios.

Para el mercado parecía que “el genio había salido de la botella”, y no había vuelta atrás. Lo que evidentemente subyace a la volatilidad es que, a pesar de que el nivel de rendimiento normalizado después de la crisis pueda ser inferior a los niveles históricos, es probable que todavía se encuentre a unos 150-250 puntos básicos del mercado actual. Claramente, la menor probabilidad de que empiece ese cambio de política y la reciente subida de los rendimientos del mercado son como «un canario en la mina de carbón».

Para el BCE esta situación pone de relieve el inmenso desafío de comunicación que enfrenta al abordar los mercados en un futuro próximo. La próxima aparición de Draghi en el simposio de política económica de la Reserva Federal en Jackson Hole el 24 de agosto será intrigante para los inversores de bonos, ya que Draghi tendrá que hacer malabares para evitar encender los mercados de bonos públicos.

Draghi tendrá que hacer malabares para evitar encender los mercados de bonos públicos

Para la mayoría de los inversores de bonos, Jackson Hole les recuerda la famosa advertencia de Ben Bernanke sobre el fin del programa de compra de bonos cuantitativos de la Reserva Federal en 2013. El rendimiento del bono a 10 años del Tesoro estadounidense subió del 1,5% al 3% antes de que acabara el año, y los inversores ahora esperan una variación similar del mensaje por parte de los representantes europeos.

Ya antes de la reunión del 20 de julio, varios analistas pedían que el BCE redujera aún más sus compras de bonos, a 40.000 millones de euros al mes, frente a los 60.000 millones de euros actuales y desde los 80.000 millones de euros mensuales del principio. Ahora, sin embargo, esta estimación probablemente ha sido retrasada a octubre, como muy pronto, mientras que el balance del banco con sede en Frankfurt sigue aumentando, superando recientemente el tamaño de la economía japonesa.

A pesar de los posibles cambios pendientes en la política monetaria, la música sigue sonando en los mercados de deuda pública europeos, como lo indican los diferenciales periféricos, que vuelven a acercarse a niveles mínimos récord. El spread del bono español frente al alemán a 10 años está a sólo 5 puntos básicos de la caída de 2010, mientras que la incertidumbre política que llevó al spread del bono francés a 100 puntos básicos a principios de este año ha desaparecido por completo y, de nuevo, está en niveles históricos. Portugal es el nuevo top boy de la región, y Grecia está aprovechando los rendimientos gubernamentales más bajos desde 2009 para vender nueva deuda en el mercado.

Por ahora y en el corto plazo, la complacencia parece gobernar y los inversores se preocupan más por asegurar sus hamacas y bronceados, que por la dirección que tome la política monetaria. Pero el 24 de agosto se acerca y podría suponer un despertar desagradable para los inversores de bonos si Draghi decide romper con años de estabilidad de política monetaria en Jackson Hole.


Michael Boye es experto en renta fija de Saxo Bank