La Comisión de estudio para tratar de la evolución y de la modernización del estado autonómico y del modelo territorial es el pálido nombre con el que ha sido bautizada esa comisión sobre la reforma constitucional que el PSOE presentó el jueves pasado y que contó con la aprobación, o más bien con la no oposición, del presidente del Gobierno.

Será un foro de debate abierto a todos los grupos parlamentarios pero no empezará a rodar hasta que no quede completamente despejada la niebla producto de la batalla que se está librando ahora mismo en Cataluña. Y será un foro de debate de tanto interés como el que susciten las intervenciones de los expertos juristas que sin duda serán convocados. Pero también permitirá comprobar hasta qué punto son distantes las posiciones de los distintos partidos.

No se ha constituido la famosa Comisión y ya tenemos el primer aldabonazo sobre la mesa: ¿quién ha dicho que la Constitución debe abrirse para ceder más competencias a Cataluña o para facilitar a los independentistas un nicho en el que se sientan más cómodos?  Porque esto es lo que está en el ánimo de la generalidad de los ciudadanos, les guste o no la idea.

No se ha constituido la famosa Comisión y ya tenemos el primer aldabonazo sobre la mesa

Pero hay algunos que tienen una propuesta que hacer que va a llenar de estupor y de indignación a más de uno. Son los diputados de Ciudadanos, que tienen el propósito de proponer que se quite del  artículo 2 de la Constitución española la mención a las “nacionalidades” de manera que el artículo quedaría, si tuvieran éxito en su propuesta -cosa harto improbable- de esta manera:  “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las comunidades que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

La propuesta de Ciudadanos va a llenar de estupor y de indignación a más de uno

Esa propuesta es una bomba pero no es ni mucho menos una ocurrencia graciosa ni una gamberrada. Es un planteamiento que parte de la base de que la planteada por el PSOE, esa “España multinacional”, no tiene por donde cogerla, ni es operativa ni puede llegar a término a menos que se llegue al ridículo de otorgar el título de nación a todas y cada una de las comunidades hoy existentes. Porque el PSOE ya se puede ir olvidando de adjudicar esa condición a sólo tres de las comunidades -Cataluña País Vasco y Galicia- autoproclamadas “históricas”.

Primero, porque Andalucía jamás consentirá una discriminación de tal calibre: ya se opuso en los años 80 a esa pretensión y con su negativa cerrada a ser dejada a la cola de las otras tres abrió el camino para que el resto de las autonomías fueran sumándose a lo que entonces se llamaba “comunidades de primera”. Ahora con mucho más motivo, pasados casi 40 años de desarrollo de esta España autonómica, con toda la enormidad de competencias transferidas y con la creación y consolidación de un sentimiento identitario en cada una de ellas, es impensable que el resto de comunidades no siguiera la senda que con toda seguridad iniciaría Andalucía.

La propuesta es una bomba pero no es ni mucho menos una ocurrencia graciosa ni una gamberrada

¿Y por qué no iba a reclamar a continuación ese título constitucional el Reino de Aragón, o el de Navarra, el Reino de Valencia, el Principado de Asturias, el Reino de León, o el propio Reino de Castilla? ¿Por qué no iban a ser merecedores del título de nación si fueron reinos, cosa que Cataluña nunca fue? Al final, hasta Madrid tendría que sumarse al ridículo insuperable de autocalificarse como nación siempre y cuando los madrileños no se echaran a la calle armados de silbatos y matasuegras para impedir semejante broma.

La propuesta de Ciudadanos no prosperará, de plantearse, porque los hay que necesitan adornarse con títulos cuanto más rimbombantes mejor para sentirse distintos y, sobre todo, mejores y nunca consentirán que se las despoje de ciertos oropeles. Pero da una idea de la sideral distancia que va a separar a unos grupos de otros en prácticamente todos los puntos que se aborden para su estudio y modificación. Desde luego es una idea rompedora y valiente.

Los hay que necesitan adornarse con títulos cuanto más rimbombantes mejor para sentirse distintos

Aún con todo, si las discusiones en esta Comisión sirven para aproximarse serenamente y sin prisas a los aspectos que necesitan ser retocados en nuestra Carta Magna, bienvenida sea su puesta en marcha. Pero si va a servir para que determinados grupos se alíen para derribar de la Constitución sus fundamentos más esenciales, habría que darla de inmediato por fracasada y no continuar los trabajos en ese formato. De momento la propuesta de los diputados de Cs ha otorgado a este futuro debate un interés muy superior al que en principio parecía ofrecer y eso es algo que se les debe agradecer sin duda.