El Tribunal Constitucional vivió el sábado una de las jornadas más tensas de su reciente historia, que estuvo a punto de quebrar la unanimidad en sus decisiones respecto a los contenciosos que ha tenido que resolver sobre Cataluña, tradición que comenzó a fraguarse en la etapa del anterior presidente, Francisco Pérez de los Cobos.

Tenía que decidir si admitía a trámite el recurso del gobierno sobre la nominación de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat. Recurso que ya el Consejo de Estado rechazó por considerar que se trata de un instrumento preventivo y que, de hecho, privaría, de admitirse, al ex presidente de la Generalitat de sus derechos políticos.

Tras esta primera derrota, el gobierno se enfrentaba a una situación aún más complicada, porque si bien el informe del Consejo de Estado es preceptivo, pero no vinculante, una decisión contraria del Constitucional hubiera supuesto una humillación sin precedentes, al margen de dar una victoria política valiosísima al independentismo y a su líder, un prófugo acusado de delitos de rebelión, sedición y malversación.

La reunión empezó muy mal porque el ponente, Juan Antonio Xiol, presentó un escrito de inadmisión, apoyado en un informe de los letrados del TC, que comparte básicamente el criterio expresado por el Consejo de Estado, y con el respaldo de otros cuatro magistrados, Cándido Conde-Pumpido, Encarnación Roca, María Luisa Balaguer y Fernando Valdés (a los que, de forma simplista, se sitúa en el bando progresista). Del otro lado, tanto el presidente del TC, Juan José González Rivas, como Antonio Narváez, Santiago Martínez-Vares, Ricardo Enríquez, Alfredo Montoya y Pedro José González-Trevijano se mostraron firmes partidarios de la admisión (Andrés Ollero estuvo ausente).

Es decir, se barruntaba una división casi al 50%: 5 votos en contra; 6 a favor de la admisión. Cisma que no se producía desde los tiempos en los que se discutió sobre la constitucionalidad del Estatut, con las terribles consecuencias que ello tuvo y la campaña de desprestigio que se desató desde el nacionalismo e incluso desde la Generalitat presidida por el socialista Montilla contra el alto tribunal.

Con esa opción salomónica se lograban tres cosas: mantener la unanimidad en el TC; evitar que Puigdemont volviera a burlarse de la Justicia y, por último, ahorrarle al gobierno un bochorno

Eso era precisamente lo que todos los miembros del TC querían evitar y, capitaneados por Conde-Pumpido y González-Trevijano, se pusieron manos a la obra para evitarlo. Y fue precisamente el catedrático Fernando Valdés (nombrado a propuesta del Grupo Socialistas del Congreso) el que puso sobre la mesa la propuesta salvadora: aplazar la decisión sobre la admisión a trámite del recurso del gobierno pero, al mismo tiempo, impedir la investidura de un candidato ausente, por vía telemática o por delegación, lo cual entronca con el criterio mantenido por los propios servicios jurídicos del Parlament.

Con esa opción salomónica se lograban tres cosas: mantener la unanimidad en el TC; evitar que Puigdemont volviera a burlarse de la Justicia y, por último, ahorrarle al gobierno un bochorno que hubiera tenido grave consecuencias.

¿Qué va a pasar ahora? El TC tiene diez días para escuchar a las partes y luego tiene mucho tiempo para decidir si admite o no el recurso. Si durante ese periodo el Parlament elige a un nuevo presidente de la Generalitat, se produciría una pérdida de objeto sobrevenida. Es decir, no haría falta que el TC decidiera sobre la admisión porque ya no tendría sentido. También de este modo se evitan posibles recursos ante el Tribunal de Estrasburgo.

¿Qué futuro le espera a Puigdemont? Si otro candidato sale elegido –Roger Torrent tendá que abrir una nueva ronda de contactos para hacer una nueva propuesta a la investidura-, su papel quedará enormemente mermado. Un miembro del gobierno se atreve a vaticinar: “A Puigdemont le pasará como a Ibarretxe, que fue muy importante durante un tiempo pero que hoy está desaparecido dando clases en una Universidad de segundo orden. En el entorno de Puigdemont la decisión del TC ha sido recibida como una bendición».