Ser antisistema es fácil cuando no se está en el poder. Desde organizaciones como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), fundada por la ahora alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se pueden defender bellos principios, como acabar para siempre con la norma que lleva a perder la vivienda a las familias que ya no pueden devolver el crédito a los bancos. Pero luego, cuando ya se ha conseguido alcanzar el poder, en este caso municipal, la realidad rebaja las expectativas hasta convertirlas en buenas intenciones. Es la política. Como dijo Tierno Galván, también alcalde, pero de Madrid: «Las promesas electorales están para no cumplirse».

Colau consiguió enfadar a sus compañeros de la PAH porque en Barcelona sigue habiendo desahucios. Pero la alcaldesa no quiere perder del todo su perfil antisistema, para lo que utiliza la agitación y la propaganda con maestría extrema.

La relación entre la edil y el Mobile World Congress (MWC) no ha sido cordial desde antes incluso de acceder al cargo en las elecciones de mayo de 2015.  Como antisistema consecuente, Colau hizo campaña contra el MWC, precisamente en esos comicios,  argumentando que el dinero que llegaba a la ciudad repercutía poco en la vida ciudadana. En su concepción, había que repartir los beneficios que generaba la cumbre mundial de la telefonía móvil. Incluso llegó a replantearse el acuerdo, ya como alcaldesa, para enfado del máximo ejecutivo GSMA, la asociación empresarial que gestiona la MWC , John Hoffman.

Luego se percató del coste que tendría para Barcelona la irresponsabilidad de pretender cambiar el esquema de funcionamiento de la MWC y lo dejó todo como estaba. O sea, como con las hipotecas.

Colau no ha tenido empacho en asistir como alcaldesa a todos los hitos de la MWC, incluido el llamado besamanos, hasta este año. Ni en 2016, ni en 2017, esos actos de «pleitesía y vasallaje», como ahora los ha calificado su número dos, el escritor hispano argentino Gerardo Pisarello, fueron obstáculo para que la alcaldesa de Barcelona estuviera en el puesto que le correspondía en cada acto protocolario de la feria de la tecnología.

La alcaldesa de Barcelona utiliza la institución como altavoz para sus particulares intereses políticos, permitiéndose el lujo de pretender poner al rey en su sitio

Pero, en esta ocasión, Colau no podía dejar pasar la oportunidad de demostrar que, aunque sea sólo postureo, ella sigue siendo antisistema. De acuerdo con el presidente del Parlament de Cataluña, Roger Torrent, decidió no acudir a recibir al rey Felipe VI, haciendo ostentación de su desaire a la primera institución del Estado. Aunque luego ambos asistieron a la cena de gala, sentándose en la misma mesa que el Borbón.

Colau ha justificado en entrevista en Rac-1 su actitud. Por un lado, ha dicho que la no asistencia al acto de bienvenida es un gesto que refleja el malestar de los ciudadanos de Barcelona con el discurso del Monarca del día 3 de octubre en el que, supuestamente, avaló la represión policial ante el referéndum de autodeterminación. Sin embargo, cuando se le pregunta por qué sí asistió a la cena, la alcaldesa lo justifica por su posición institucional. Es decir, que para unas cosas representa a la institución y para otras «a los ciudadanos de Barcelona». Curiosa manera de ejercer su papel. Debe ser la manera antisistema de entender las instituciones: sirven para lo que uno quiere o en función de la conveniencia.

Naturalmente, Colau sabe que en Barcelona los independentistas perdieron las elecciones del 21-D (el voto de los partidos no independentistas sumó el 54,2% del total), pero eso no parece importarle demasiado. Su acto de protesta ante el Rey de España va dirigido a los que la votaron, para que no se olviden que, aunque sea un poquito, ella sigue siendo esencialmente antisistema.

En juego están cosas muy importantes, al margen de la falta de respeto a la máxima institución del Estado. Por ejemplo, la continuidad del MWC en Barcelona, lo que, en principio, está garantizado hasta 2023, siempre y cuando se garantice «la estabilidad», como advirtió Hoffman.

Desde luego, los plantes al rey o las caceroladas no ayudan a generar una buena imagen de Barcelona como sede del mayor evento de las empresas tecnológicas en todo el mundo. Ciudades como Milán o Dubai compiten por arrebatárselo a la ciudad condal y harán todo lo posible para lograrlo. Todavía no se han apagado los lamentos por la pérdida de la Agencia Europea del Medicamento.

Colau juega frívolamente con la posibilidad de que Barcelona pierda en el futuro la posibilidad de convertirse en una de las ciudades punteras de la alta tecnología y lo hace con la soberbia de quien quiere poner al rey en su sitio, reprochándole su «falta de empatía bestial». Felipe VI le ha respondido a la alcaldesa recordándole para que sirve en el siglo XXI la institución monárquica: «Yo estoy aquí para defender la Constitución«.