A Pedro Sánchez puede salirle mal la jugada porque juega con una sola carta, la que convoca a los grupos para que se pronuncien sobre una opción que no tiene más que dos respuestas:Rajoy sí o Rajoy no”. Éste es el planteamiento del líder socialista, aparentemente respaldado por el conjunto de su partido, pero es un planteamiento que carece de matices y en este asunto los matices son decisivos para orientar el voto de los demás grupos.

La pregunta a la que Sánchez no responde sino con generalidades -“censura, estabilidad y elecciones”- no proporciona la menor tranquilidad a un partido, el PNV, cuyo voto es decisivo para que la moción de censura de Sánchez tenga éxito.

Lo primero que les pasa a los nacionalistas vascos es que no tienen el menor interés en que se convoquen elecciones anticipadas porque tienen la cuasi certeza de que provocarían una fuerte subida de Ciudadanos, un partido que se declara enemigo del privilegio constitucionalizado del Concierto Vasco y, por supuesto,  abiertamente contrario al Cupo negociado recientemente con el Gobierno de Mariano Rajoy.

El grupo parlamentario vasco va a hacer todo lo posible para que las próximas elecciones generales se convoquen al final de la legislatura y ni un minuto antes. Eso sólo se lo garantiza sobre el papel el presidente Rajoy. Por ese lado, la inclinación de los peneuvistas es no apoyar la iniciativa de Pedro Sánchez a menos que éste se desdijera de lo prometido y aceptara mantenerse en el poder hasta que la legalidad no le dejara más opción que convocar elecciones generales, algo a lo que el socialista tampoco haría ningún asco.

Pero hay otra cuestión de capital importancia para el PNV que son los acuerdos alcanzados con el Gobierno a cambio de sus cinco votos, que fueron también decisivos para aprobar el miércoles pasado en el Congreso los Presupuestos Generales del Estado.

El grupo parlamentario vasco va a hacer todo lo posible para que las elecciones generales se convoquen al final de la legislatura y ni un minuto antes

Son más de 500 millones de euros, y eso sin contar la subida generalizada de las pensiones indexadas durante los próximos dos años al IPC, que fue una de las condiciones planteadas por los nacionalistas vascos a cambio de su apoyo a los PGE y un éxito del que piensan sacar rédito político inmediatamente. Pero todos esos millones, que son muchos, están todavía pendientes de ser ratificados en el Senado, donde el PP tiene mayoría absolutísima -147 escaños de un total de 266- y donde, según como vayan las cosas, los populares pueden modificar las partidas aprobadas en el trámite del Congreso -las negociadas por el PNV incluidas-, lo que obligaría a devolver los Presupuestos a la Cámara Baja y dejaría el futuro de la cuentas del Reino en un peligroso estado de incertidumbre.

Estos dos elementos y el hecho de que Pedro Sánchez no pueda permitirse el lujo de negociar con los nacionalistas vascos ningún aspecto relativo a las nuevas exigencias peneuvistas sobre el derecho de autodeterminación que acaban de incluir en el proyecto de nuevo Estatuto vasco y sobre una “profunda reforma del modelo territorial del Estado, fundamentalmente en cuanto al autogobierno de Euskadi y Cataluña”, como ha dicho el presidente del Euzkadi Buru Batzar Andoni Ortuzar, complican extraordinariamente las cosas para la éxito de esa moción de censura. Eso sin contar que ningún apoyo a su iniciativa será gratis aunque él no negocie nada con los demás partidos porque éstos le pasarían al cobro su respaldo en cuanto estuviera instalado en su gobierno sustentado, no lo olvidemos, por tan sólo 84 diputados.

Por ese lado, la iniciativa de Pedro Sánchez cojea ostensiblemente y, en estas condiciones, el candidato a presidente no podrá convencer a los diputados vascos con el único argumento de si creen o no que se puede tolerar que Rajoy continúe ocupando la presidencia del Gobierno, porque la decisión comporta para ellos otras consecuencias en absoluto desdeñables. La garantía para el PNV es que Rajoy no se sienta tentado a castigar por vía presupuestaria a su partido por una “traición” que desalojaría al PP del poder a manos de un PSOE que, para mayor inri, ha perdido cuantiosos apoyos electorales, según las últimas encuestas de intención de voto.

Sánchez quiere gobernar durante un tiempo y convocar elecciones “cuanto antes”. ¿Cuánto tiempo es “cuanto antes”? ¿Dos meses, tres, seis, diez, 12 o 20?

Por otra parte, la propuesta del candidato socialista contiene algunos puntos que no han sido aclarados suficientemente. Quiere gobernar durante un tiempo y convocar elecciones “cuanto antes”. ¿Cuánto tiempo es “cuanto antes”? ¿Dos meses, tres, seis, diez, 12 o 20?

Cuando dice que hasta que la situación se estabilice, y dado que lo que está ocurriendo en Cataluña tiene al país entero en un estado de gravísima inestabilidad y no apunta a tranquilizarse, el compromiso de Sánchez pierde sus perfiles y permite temer que prolongue su estancia en el palacio de La Moncloa mucho más allá de lo que se consideraría razonable en un presidente que ha alcanzado el cargo gracias a una moción de censura y no gracias a su victoria en unas elecciones generales. Y gobernar en esas condiciones resulta altamente problemático porque es seguro que contaría con apoyos suficientes para, por ejemplo, derogar la reforma laboral del PP, algo que Sánchez ha prometido siempre. Pero después, una vez convocadas las elecciones que darán legitimidad democrática al nuevo gobierno, que no será un gobierno del  PSOE porque, a tenor de los datos de que ahora disponemos, es muy improbable que el PSOE gane esas elecciones y también que alcance el poder pactando con otras fuerzas, entonces ¿qué sucederá?

En ese caso asistiríamos a un enorme desbarajuste legislativo de unos pocos meses de duración porque, aunque Sánchez consiguiera el apoyo del PNV en la moción de censura y prolongara su presidencia hasta el límite legal, las elecciones tienen obligatoriamente que celebrarse como tarde en junio de 2020 y a partir de ahí tendríamos que volver a empezar en cuanto llegue el gobierno realmente elegido por los españoles.

Está de más que el PSOE pretenda gobernar sin contar con el mandato explícito de los electores, en la hipótesis de que triunfe la moción

No parece un panorama muy tranquilizador y desde luego no ayudaría a mantener el crecimiento económico que tanto necesita el país para seguir creando empleo. Por eso es exigible que el líder socialista no intente aplicar sus políticas en unas circunstancias que las condenan inexorablemente a la fugacidad y se comprometa a convocar elecciones inmediatamente, como hace Albert Rivera a quien le mueve, por cierto, un interés evidente porque él sí que espera salir muy reforzado de esa consulta electoral, incluso ganar las elecciones. Pero, aunque no las ganara, lo más probable es que el partido naranja crezca muy considerablemente en escaños, lo cual le permitiría acceder al gobierno en calidad de primera o de segunda fuerza del Parlamento español. Que es justamente lo que los nacionalistas vascos quieren retrasar tanto como les sea posible.

Lo que es casi seguro es que el PSOE no está hoy  en condiciones de aspirar a ganar esas elecciones. Por lo tanto, está de más que pretenda gobernar sin contar con el mandato explícito de los electores. Eso en la hipótesis de que consiga salir triunfante de esa moción de censura, cosa que no tiene ni muchísimo menos asegurada.