La batalla más dramática en el seno del PP empieza hoy. Los resultados no permiten a Soraya Sáenz de  Santamaría saberse ganadora sino, muy al contrario, sentir en su nuca el aliento de un hombre que ayer noche se mostraba no sólo exultante sino rebosante de energía y de determinación de ganar esta partida decisiva para el futuro de su partido. Pablo Casado se mostró no sólo dispuesto sino resuelto a ganar esta carrera. Hacerle dar un paso atrás va a requerir grandísimas dosis de presión, incluso de chantaje, lo cual no es imposible porque él tiene todavía abierto un flanco por el que el adversario, podría decirse también el enemigo, podría colarse y forzarle a la rendición. Y ese flanco es su famoso máster por el que la juez ha abierto una investigación y parece, parece, que puede estar dispuesta a investigarle o, como se decía antes más claramente, a imputarle.

Si hay una sola posibilidad de que Casado caiga víctima de los enjuagues de Enrique Álvarez-Conde, antiguo director del Instituto de Derecho Público que se dedicaba a armar falsos cursos y calificaciones que vendía literalmente a quienes estuvieran interesados en adornar sus curriculum con un nuevo título académico, esa posibilidad ha crecido exponencialmente desde ayer por la noche. Porque lo que Pablo Casado mostró en su comparecencia ante la prensa una vez conocidos los resultados de las elecciones internas fue su convencimiento absoluto de que iba a ser el nuevo presidente del PP, lo cual descarta de un plumazo la invitación hecha por Sáenz de Santamaría de componer desde hoy mismo una candidatura de unidad .

Y, aunque no lo dijo claramente, dejó entrever la razón de su seguridad en la victoria: porque cuenta, sin lugar a ningún género de dudas, con que todos los compromisarios elegidos anoche, cuyas identidades iremos conociendo a lo largo de las próximas horas, que sean fieles a Dolores de Cospedal o a José Manuel García Margallo van a votar a su favor en el Congreso del partido del 20 y 21 de este mes. Si no alcanza a atisbar un horizonte judicial que amenace conderribarle del caballo recién llegado a la meta, Casado no se va a retirar, no se va a doblegar ante el poder de Soraya Sáenz de Santamaría, que es mucho.

 Hacer dar un paso atrás a  Casado va a requerir grandísimas dosis de presión, incluso de chantaje

Esta es una lucha por el poder, no es otra cosa. Pero en esa contienda los afiliados del PP, especialmente los compromisarios que en muchos casos forman parte de la estructura orgánica del partido, van a tener muy presente una variable que les es vital habida cuenta de la situación menesterosa en la que puede llegar a encontrarse el partido si no consigue remontar: quién de los dos está en mejores condiciones de llevarles a la victoria o, por lo menos, de frenar su camino imparable hacia las sucesivas derrotas.

Ésa y no otra será la clave que se va a manejar en esta segunda vuelta sui géneris que se va a celebrar durante el Congreso. Va a ganar la presidencia quien haya sido capaz de convencer a los compromisarios de que  está en mejores condiciones de llevar al partido en las próximas elecciones autonómicas y municipales a conservar las plazas que aún no han perdido y a conquistar otras que, habiendo ganado los comicios en esos lugares, les fueron arrebatadas por los pactos entre otras formaciones.

Eso es algo que Soraya Sáenz de Santamaría entendió desde el primer momento y por eso no ha cesado de repetir que con ella el Partido Popular regresará al palacio de La Moncloa. Y ése será el argumento que planee durante los próximos 15 días sobre los electores del Congreso. Por eso no está tan claro por el momento que los deseos de desquite de la señora Cospedal  y del señor García Margallo vayan a primar sobre la necesidad imperiosa de los compromisarios de conservar el poder donde aún lo tienen y de recuperarlo donde ya lo han perdido.

Si se suman ambos vectores, si Pablo Casado consigue convencerlos también de que es él el caballo ganador para las próximas elecciones, su victoria sobre la ex vicepresidenta será aplastante porque son muy pocos votos, en efecto, los que separan a ambos contendientes y si él suma, que los puede sumar, los apoyos obtenidos por Cospedal y Margallo, le sacará varios cuerpos a su rival en esta carrera final.

Ésa es la clave del Congreso, decidir quién de los dos está en mejores condiciones para sacarles del agujero”

¿El odio sarraceno que anima a la todavía secretaria general del PP y al ex ministro de Exteriores contra Sáenz de Santamaría es compartido con la misma intensidad por todos los que han apoyado a ambos? Ésa respuesta no la tenemos todavía. Pero insisto: al deseo de los dos de desquite por la derrota de anoche y además cortarle en seco el paso a la ex vicepresidenta tendría que sumarse necesariamente la certeza de que Pablo Casado es la mejor opción para intentar volver a ganar elecciones. Ésa es la clave del Congreso, decidir cuál de los contendientes está en mejores condiciones para sacarles del agujero.

Y en ésa clave está mucho mejor preparada Soraya Sáenz de Santamaría que, aunque nunca ha hecho vida de partido y ha buscado y conseguido escaquearse de todos los “marrones” que han ido estrangulando al PP hasta hacerle perder el Gobierno de España por medio de una moción de censura, puede acreditar unas cuantas victorias electorales, algo que Pablo Casado no puede esgrimir con tanta claridad porque él no ha sacado aún la cabeza fuera de la estructura del partido.

El equipo de Sáenz de Santamaría está muy bregado en esas lides y el de Pablo Casado es virgen en este campo. Por eso en los 15 días que quedan  hasta el Congreso se va a celebrar una batalla feroz por vender la imagen de “ganador electoral”. Casado tiene a su favor la inexistencia de enemigos y la voluntad de abrir las puertas para ampliar las bases de un partido que se ha quedado viejo. Es un hecho que los jóvenes mayoritariamente no votan al PP y él puede ofrecer la oportunidad de atraerlos a su campo porque tiene además la ventaja de no esconder sus convicciones ni sus fidelidades: habla con toda naturalidad de Fraga y de Aznar sin que parezca sentir que debe una explicación exculpatoria por ello.

Casado ofrece aire fresco y una cierta sensación de posible refundación del centro derecha español, algo que la ex vicepresidenta no está en condiciones de “vender”. Pero ella tiene, sin embargo, mucha mayor experiencia en las contiendas, posee muchísima información, ha tenido mucho poder y sabe pefectamente cómo administrar el que todavía le queda.

Es, en definitiva, la lucha de David contra Goliat. Goliat es ella, David es él. Pero dice la Biblia que David venció a Goliat. A veces, muy pocas veces, eso pasa. No lo tiene todo perdido, ni mucho menos, el joven Casado. Pero su rival ha sido muy poderosa y conserva en sus manos muchos resortes de los que él carece. Si él consiguiera alzarse con la presidencia del PP, habría culminado una auténtica hazaña. Pero debe saber que tiene el camino sembrado de trampas.