Entre las dos pastoras del PP, una de loza y otra de cereal, se ha colado al final un joven campanillero que puede quedarse con la hacienda. Pablo Casado nos ha apartado un poco de la sangre, al menos la sangre en sus perlas de gran dama, que era la que se esperaba. El partido tan bien dispuesto, como en una lámina anatómica, entre el aparato y el Gobierno, entre la cocina y la chimenea, entre el luto y el clavel, entre la capilla y el laboratorio, no era tan así al final. Habíamos dividido al PP como a un corazón, como a dos orillas. Aquello que decía Margallo, lo de la Guerra de las Dos Rosas, guerra de bordadoras de sangre, entre lo artúrico y lo morisco, era una novela. Pero sólo una novela.

Cospedal lo ha dado todo por el partido, se ha comido los marrones como las reinas, sin agachar la nariz y sin que se le noten las noches, las digestiones ni los cuernos. Ha intentado resistir a los incendios y a los perdigonazos de labriego como la Virgen capitana de su capilla románica, pero nadie aguanta tanto: Bárcenas, Gürtel y Cifuentes son mucha termita. Soraya era mejor cartel, llegaba ya con la mili hecha, no para arracimar concejales de pueblo ni ferias del queso sino para coger a Pedro Sánchez por su oreja de pimpollo, para ganar y para gobernar, que es lo que parece haber hecho toda su vida, como una isabelona niña. Creo que le ha ayudado su buena mala fama de killer, de implacable, de Cleopatra con toda la perfumería de venenos y bálsamos a la mano.

Antes Sánchez que la pequeña Godoy con ojos de kryptonita”

Soraya espera el trono desde que los mensajes entre Bárcenas y Rajoy salieron en portada con olor a sábana con sexo, a escándalo de amor entre viajantes de comercio. Pero Rajoy no dimitió entonces. Ni más tarde, en la moción de censura. Cuentan que, precisamente, por no darle más poder a quien ya tenía demasiado, o sea Soraya. Pero esos son cuentos de mesonero, seguramente. Antes Sánchez que la pequeña Godoy con ojos de kryptonita. Pero es que temerla y desearla a tu lado van en el mismo paquete, y eso sin duda lleva a la exageración. La noche del jueves, Soraya estaba exultante, bromeando con los periodistas sobre el aire acondicionado estropeado y su futuro como arregladora de esos y otros estropicios. Era como la bruja Avería al revés, y eso dio mucho miedo. Su ofrecimiento de “unidad” e “integración” sonó a oferta que Casado no podrá rechazar. A Soraya la acompañan ya los mitos, y eso significa que hay grandeza política.

A esos ojos de kryptonita se va a enfrentar el joven Pablo Casado, sin hipotecas del pasado pero también sin demasiada munición, sólo con un pífano y el talento y la osadía de haberse colado entre las dos molineras asesinas del PP. Es el Albert Rivera de los populares, cosa que a lo mejor no es buena para enfrentarse a Rivera: la gente puede creer que son el Dúo Dinámico. Viene limpio como un Nenuco de la renovación, aunque le acusen de ser el Monchito de Aznar.

Los jóvenes antiguos, o los viejos modernos, ya no se llevan”

Uno, personalmente, cree que Aznar ya no pinta ni trae nada en el PP ni en la política, aparte de mal fario, chistes sobre Pablo Motos o sobre mexicanos, y grima de un bigote mal arrancado igual que una tirita. Pero, insisto, es mi opinión. Casado, decía, viene limpio, salvo por lo de su máster sospechoso, que aún no se sabe cómo puede terminar. Tiene determinación y labia, aunque también algo de curita con guitarra. Los jóvenes antiguos, o los viejos modernos, ya no se llevan. Pero no se le puede acusar, como a Soraya, de que le roce la sombra de chopo triste de Rajoy, ni de la mala gestión en Cataluña, donde la Generalitat y los Mossos se la colaron incluso a la más lista.

Casado, aparte ese perchero para casullas que parece acompañarle como un mayordomo de madera, lo tiene casi todo: la juventud, la castidad, la audacia. Hasta le favorece la aritmética de la venganza. Todo nos dice que los compromisarios de Cospedal (y hasta los de Margallo, que alguno habrá) deberían votarlo a él por despecho o pragmatismo. Pero si Soraya aún no está descartada, si al contrario, el jueves por la noche sus ojos como de gemas arrancadas a puñales brillaban tanto como para matar a Superman, será por algo. Pase lo que pase, queda probado que las primarias son buenas, divertidas y purificadoras. Ahora, en el PP ya se matan igual que en el PSOE, entre gitanillas y pimpollos. Aún queda tiempo, dos semanas, para conspirar y ordeñar veneno. Veremos si lo de Soraya sólo era leyenda para meter miedo, como las de los piratas, o si Pablo Casado sucumbirá igual que un pardillo, como un Clark Kent de cortinglés, entre rayos verdes, áspides y dosieres.