No cuenta con el Dragón Khan de Port Aventura ni con el Batman del Parque Warner, pero los aficionados a los parques temáticos no pueden dejar de visitar La Moncloa de Pedro Sánchez a partir de septiembre.

La mansión cuyas puertas abrió la moción de censura al nuevo presidente está envuelta en una sensación de irrealidad típica de estos parques de atracciones. Muy apropiado por tanto que quiera fomentar las visitas del gran público esta legislatura tan de cartón piedra. Pasen y vean la montaña rusa del Gobierno que lo mismo acoge el Aquarius que tramita la devolución exprés de los 116 inmigrantes que saltaron la valla en Ceuta, o justifica la falta de amparo al juez Llarena para a continuación pasar a buscarle abogados en Bruselas.

El nuevo inquilino de Moncloa quiere testigos que den fe de quién la habita. Una muestra más de su continuo esfuerzo contrarreloj porque la historia le recuerde. Aunque sea por un selfie anónimo a la entrada de palacio. Y si hay que hacerse el encontradizo con las visitas para firmar autógrafos como hace Piolín en Eurodisney pues se firman. Nadie podrá negarle a Sánchez el mérito de ser el primer presidente al que se le ocurre inaugurarse a sí mismo.

Hasta ahora, las visitas a la residencia de los presidentes del Gobierno se limitaba a grupos de estudiantes, pero el Ejecutivo de Sánchez amplía esta oportunidad con Moncloa Abierta a todo tipo de interesados. Pasen y vean. A lo mejor tienen suerte y ven despegar el Falcon.

Fue Walt Disney el que inventó el concepto de parque temático en los 50. Y el primero en descubrir lo que pasa cuando la recreación de un mundo ideal se topa con los mundanos problemas del real. La inauguración de Disneyland en California el 17 de julio de 1955 fue, de hecho, un auténtico desastre. El atasco kilométrico a la entrada de más de 11 kilómetros anticipaba la falta de previsión que sufrirían los 30.000 invitados. A los que conseguían entrar en ese mundo de ensueño los zapatos se les hundían en la calle principal porque el cemento estaba húmedo todavía, los restaurantes se quedaron sin comida y bebida y muchas de las atracciones no funcionaban el día de su estreno.

Sánchez no cometerá ese error. Cuando el Palacio de La Moncloa abra sus puertas para que cualquier ciudadano pueda visitar sus jardines y algunas de sus dependencias, incluida la sala en la que se reúne la montaña rusa del Consejo de Ministros, seguro que no le falta detalle. El Gobierno quiere con estas visitas dar «respuesta a la voluntad de una sociedad que reclama naturalidad, proximidad y transparencia». Ya está lista la regeneración democrática. Para la foto.