El viejo ex comisario Villarejo, especialista en transitar por los bajos fondos y en hacerse rico explotando todas las infinitas posibilidades de su uso interesado en cualquiera de sus versiones, está a punto de fracasar estrepitosamente en su intento de sacar rédito a una grabación espía que él realizó en un encuentro con Corinna Larsen, la famosa «amiga íntima del Rey», durante el cual la «consultora», que es así como ella se define, aseguraba que Juan Carlos I la utilizó como testaferro para ocultar patrimonio y propiedades en el extranjero, que éste contaba con cuentas en Suiza a nombre de su primo y que el viejo monarca había intentado cobrar a través del empresario Juan Miguel Villar Mir, propietario de OHL, una comisión millonaria por su intermediación para que el consorcio de empresas españolas ganara un contrato de muchos millones de euros en el proyecto del AVE a La Meca.

La intención de Villarejo,  según coinciden todas las fuentes que se ocupan judicialmente del caso, era implicar delictivamente al antiguo Rey y efectuar así una presión formidable para recobrar por ese procedimiento su propia libertad. Villarejo está en la cárcel preventivamente desde el pasado noviembre por los delitos de pertenencia a organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales. Y, en su más puro estilo, debió de pensar que una extorsión de semejante calibre sería el abracadabra que le abriera a él las puertas de la prisión.

Pero no parece que se vayan a cumplir sus planes. Como ha adelantado este viernes El Independiente, la Fiscalía Anticorrupción acaba de presentar un escrito al juez de la Audiencia Nacional que instruye el caso Tándem que incluye la pieza separada secreta bautizada Carol,  precisamente ésta en la que el ex comisario trata de implicar al antiguo Rey, escrito en el que el fiscal pide el archivo de la causa abierta contra Corinna Larsen y el propio Villarejo. Pero para iniciar una investigación la ley exige necesariamente la presentación de  una querella criminal de los perjudicados —los supuestos intermediario de las obras del AVE o el propio rey saudí— o de la propia fiscalía. Y, dado que los supuestos perjudicados no la van a presentar por razones obvias, sólo quedaba la opción de la Fiscalía, que acaba de pedir el archivo de la pieza.

Ha quedado en evidencia la sucia estrategia del ex comisario para «comprar» su libertad a través del chantaje al propio Estado

Por lo tanto, Villarejo ha errado el tiro o, sencillamente, ese tiro le ha salido por la culata. Seguirá en prisión mientras los agentes de la Policía Nacional continúan descifrando los abundantísimos archivos, algunos de los cuales afectan gravemente a la seguridad del Estado, que el ex comisario atesoraba como garantía de su impunidad. Pero ahora ha quedado en evidencia su sucia estrategia para «comprar» su libertad a través del chantaje al propio Estado, con lo cual todas sus estratagemas han quedado ya desmontadas.

Pero este asunto tiene otra derivada con consecuencias muy dañinas para el prestigio del antiguo Rey que dañan inevitablemente también de rebote al Rey Felipe VI y, en términos generales, a la Corona. Porque Don Juan Carlos de Borbón no va a ser investigado por una razón formalmente muy contundente pero éticamente muy débil: porque en las fechas en que se produjeron presuntamente los hechos era Rey de España y por lo tanto, era inviolable.

Don Juan Carlos de Borbón no va a ser investigado por una razón formalmente muy contundente pero éticamente muy débil

Es decir, no se le va a investigar porque legalmente -constitucionalmente- no se puede, pero no porque no haya materia para hacerlo, cosa que sucederá probablemente en el caso del constructor. Pero, dado que no es la primera vez que los españoles tienen noticias -judicialmente nunca contrastadas y siempre protegidas por su inviolabilidad- de la participación del antiguo Rey en asuntos no claros y desde luego muy alejados de la impecable trayectoria privada en asuntos de negocios que le es exigible al Jefe del Estado, estas informaciones publicadas con otro propósito por el viejo comisario dejan entre la ciudadanía española una sombra de sospecha muy difícil de aventar.

Don Juan Carlos de Borbón ha sido un grandísimo Rey de España y su contribución al proceso de reconciliación entre los españoles durante el tiempo de la Transición que culminó en la consecución en nuestro país de un sistema de derechos y libertades públicas propio de una democracia consolidada, es algo que nunca se le podrá discutir y que es motivo de reconocimiento y de agradecimiento por parte de la población. Juan Carlos I entrará por eso con todos los honores en los libros de Historia. Pero su trayectoria privada, ésa que precipitó su abdicación antes de que fuera demasiado tarde para la supervivencia de la institución monárquica, está cuajada de puntos oscuros, sobre todo en los años finales de su reinado, y eso empaña gravemente su brillante trayectoria institucional.

Con la sombra de sospecha sobre Don Juan Carlos  hay que interpretar su más que probable ausencia en los actos de los 40 años de la Constitución

El problema de los audios filtrados interesadamente por Villarejo para intentar comprar así su libertad no es únicamente, por lo tanto, el destino penal del propio comisario, cuestión de importancia muy menor. El verdadero problema es la sombra de sospecha con la que ha quedado cubierta, una vez más, la figura privada del antiguo Rey. Con esa clave hay que interpretar la más que probable ausencia de Don Juan Carlos en los actos de conmemoración de los 40 años de vida de la Constitución que van a tener lugar en los próximos meses. No estará presente porque, habiendo sido como fue un autor principalísimo del éxito del proceso político que instaló a España con todos los honores entre los países democráticos del mundo, el viejo Rey está desacreditado. Y ese descrédito es tan dañino y tan extensivo que corre el constante y permanente riesgo de perjudicar la impecable imagen, privada y pública, del Rey Felipe. Por eso, Don Juan Carlos no va a estar presente como figura principal en una conmemoración que glosa los éxitos de su reinado.

Villarejo ha fracasado, cierto, pero el golpe asestado al prestigio del viejo Rey ha sido mortal.