Parecía que todavía no, porque aún había que seguir contabilizando los contagiados y también los muertos que siguen cayendo víctimas de este virus. Creíamos que faltaban semanas, quizá meses, dependiendo de hasta cuándo tengamos que seguir en esta guerra que ha puesto en jaque la salud de todos los españoles y del planeta entero. Incluso pensamos que se esperaría hasta ver cómo se articula una estrategia sanitaria defensiva una vez que nuestro país haya salido definitivamente de esta pesadilla pero tenga que seguir protegiéndose de posibles nuevas recaídas provocadas por el más que probable contagio de personas que viajen a España y puedan volver a transmitir la enfermedad.

Pero ya se están oyendo, y no a lo lejos sino aquí mismo, los redobles que anuncian otra batalla de muy distinta índole, la batalla política en la que la izquierda y la derecha se van a meter de lleno para intentar convencer al tan atribulado como indignado ciudadano de que la culpa es del otro. Hasta el momento sólo había habido leves referencias a las responsabilidades de unos y de otros. En el peno del Congreso de este miércoles, donde se aprobó por la Cámara la prórroga por 15 días del estado de alarma, Pablo Casado enumeró los fallos en que había incurrido este Gobierno pero no ahondó en su acusación porque dijo que «ya habrá tiempo para ello». Sin embargo Vox, que también apoyó la prórroga, le dejó bastante claro: van a ir a por el Gobierno también en la vía penal.

Por lo que se refiere al PSOE y sobre todo a Podemos, el argumento de la batalla está ya claro: son los recortes en la sanidad pública impuestos en su día por el PP los culpables de que los hospitales españoles, sobre todo los de Madrid, estén ahora mismo colapsados y no puedan atender a todos los enfermos que lo necesitan. La responsabilidad de tantas muertes como estamos padeciendo es de la derecha. Esa va a ser la acusación principal y sobre ella va a pilotar la izquierda, ya lo está haciendo aunque todavía no oficialmente, su defensa de la gestión llevada a cabo.

Y es en las redes y también en algunos medios de comunicación pero sobre todo en las redes donde la batalla se está dando con cada vez mayor virulencia. Los medios de comunicación, tanto periódicos como televisiones públicas y privadas próximas a la izquierda no dejan de sugerir, todavía sin señalar ni acusar directamente, a quién deberán los españoles endosar la responsabilidad de lo que nos está ocurriendo.

Ya se están oyendo, y no a lo lejos sino aquí mismo, los redobles que anuncian otra batalla de muy distinta índole, la batalla política en la que la izquierda y la derecha se van a meter de lleno

Son de momento sólo atisbos, como por ejemplo la mención en los editoriales de los recortes padecidos por la sanidad pública, a manos del PP, en los tiempos de la crisis de 2008 o la emisión de programas especiales de televisión en los que se rescatan acontecimientos dramáticos vividos por el país como los atentados del 11-M de 2014 la crisis del Prestige en las costas gallegas, también bajo gobiernos del Partido Popular.

Por la parte de quienes están en el ámbito de la derecha la acusación es más directa y más concreta: el Gobierno lo ha hecho mal, muy mal, porque se ha retrasado de una manera irresponsable a la hora de tomar medidas y de actuar para proporcionar a nuestro personal sanitario y a todos aquellos trabajadores que lo necesitan el material imprescindible para protegerse del contagio del virus. Por eso hay tantas víctimas.

Y se ha retrasado por razones de interés político y propagandístico que le llevaron, entre otras cosas, a alentar las concentraciones masivas del 8-M a pesar de que la Organización Mundial de la Salud ya había alertado del riesgo y pedía que no se permitieran reuniones masivas y a pesar del informe del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades que una semana antes advirtió el riesgo que se corría. Todas esas informaciones las desconocía la población pero no los miembros del Gobierno que ya se estaban reuniendo con los científicos y epidemiólogos porque ya se estaba viendo lo que ocurría en Italia, país que advirtió a España de que no se retrasara a la hora de tomar medidas.

Ante la posibilidad de que la opinión pública haga pagar a Pedro Sánchez y en general al PSOE y a Podemos los platos rotos de este sufrimiento, las redes se han desatado ya. Por esa vía de comunicación social que no tiene por qué consignar quien emite el mensaje y muchos de cuyos autores se aprovechan del anonimato para lanzarse sin red son miles las personas que en un tono encendido acusan de mezquindad y de inmensa miseria moral a quienes hagan hoy reproches al Gobierno. Véase una muestra:

Vayan preparándose para presenciar -y, quien lo quiera, para participar- en esa batalla, que es la que viene o, mejor dicho, la que ya tenemos encima

«¿Cómo podéis ser tan miserables? ¿Cómo podéis seguir escupiendo veneno? ¿Sabéis por qué se muere la gente? Porque faltan recursos, porque mientras votabais para llenar los balcones de banderas rojigualdas, dejabais los hospitales sin camas y sin batas blancas. Ahora recogemos el fruto de las privatizaciones corruptas que sembrasteis. Lo público no os interesó defenderlo pero ahora laváis vuestra conciencia y aplaudís desde las ventanas. ¿Dónde están ahora vuestros ídolos? Dónde están vuestros filántropos? Especulando y haciendo negocio con materiales de primera necesidad, ocultos tras el humo de vuestras hogueras de rencor y de mentiras».

Esta es la reproducción de un fragmento de un mensaje de autor desconocido que me ha sido reenviado a mi teléfono móvil, pero de este tipo hay ahora mismo multitud en internet. Este el encendido clima que empieza a instalarse en ese mundo creciente, casi el único que existe ya hoy, que se comunica y se relaciona a través de las redes sociales.

Es, por lo tanto, el clima social sobre el que las fuerzas políticas de la izquierda y la derecha van a medir sus armas en cuanto estemos en condiciones -incluso aunque aún no lo estemos- de dejar atrás esta tragedia del coronavirus y podamos empezar a pedir explicaciones y responsabilidades a nuestros gobernantes de ahora pero también de antes por lo que se va viendo.

De modo que vayan preparándose para presenciar -y, quien lo quiera, para participar- en esa batalla, que es la que viene o, mejor dicho, la que ya tenemos encima.