Pedro Sánchez y sus ministros vuelven por donde solían y por donde nunca quisieron dejar de ir. Quiero decir que se vuelven a juntar con los independentistas catalanes y no únicamente con los de ERC que al fin y al cabo con su abstención le salvaron a Pedro Sánchez la investidura sino también con los de JxCat que siempre han estado instalados en el No en las votaciones en el Congreso de los Diputados.

Pero no importa, éstos son los socios que busca el PSOE y con los que ha vuelto a abrir las conversaciones, no sólo para intentar conseguir su voto afirmativo para la prórroga de «alrededor de un mes» del estado de alarma sino para recuperar antes del verano la famosa Mesa de negociación Gobierno-Generalitat.

Por eso no tiene sentido el ultimátum formulado ayer por el portavoz de Ciudadanos Edmundo Bal cuando conminó a Pedro Sánchez a elegir en el clásico «o ella o yo» que en este caso se ha traducido en la exigencia de que el presidente opte por pactar entre el partido naranja o los independentistas catalanes para sacar adelante mañana miércoles su propuesta de prórroga.

Ese dilema no existe para el presidente del Gobierno que siempre ha dejado claro con sus variados movimientos cuál es la pareja que le gusta para recorrer la legislatura y en la que tiene intención de apoyarse tantas veces cuantas le sea posible y sus socios de investidura se lo permitan.

Ciudadanos debería ser consciente de que su papel en relación con Pedro Sánchez es el de peón del que se echa mano si se necesita y al que se deja de lado cuando su presencia y sus votos no son necesarios. Y, si las conversaciones con ERC se saldan satisfactoriamente para las necesidades de mañana miércoles del Gobierno, el partido de la señora Arrimadas volverá sin remedio a la irrelevancia parlamentaria de la que pugna desesperadamente por salir.

Cs debería ser consciente de que su papel en relación con Sánchez es el de peón del que se echa mano si se necesita y al que se deja de lado cuando su presencia y sus votos no son necesarios

Sobre eso deberían reflexionar los dirigentes de Cs, quizá ofuscados por los acuerdos a que llegó la líder del partido con el presidente del Gobierno con motivo del último pleno para aprobar la prórroga hoy vigente. Pedro Sánchez quizá hizo creer a la señora Arrimadas que aceptaba por convicción sincera sus exigencias para poder votar afirmativamente a la propuesta e incluso que cumpliría religiosamente su promesa de reunirse con ella todas las semanas para informarle de la marcha de las cosas y negociar las medidas que hubieran de adoptarse.

Pues de eso nada. La aproximación de Sánchez a Cs tenía que ver con la situación comprometida en términos parlamentarios a la que se veía abocado dado el anuncio de Pablo Casado de votar No al mantenimiento del estado de alarma y dado que ERC había anunciado también su voto negativo. Por eso se acercó al partido naranja y también por eso cedió en el último momento en todo lo que el PNV reclamó -que no era poco- para poner a sus seis diputados a disposición de la propuesta.

Pero nada más. Si Ciudadanos pensó que con su movimiento de respaldo a Sánchez su imagen de «partido útil» crecería ante la opinión pública y sería a partir de ese momento tenido en cuenta en la futuras negociaciones del PSOE se equivocó de medio a medio y cometió un grave pecado de ingenuidad. Los 10 votos de Arrimadas sirvieron para lo que sirvieron y ahora el PSOE le está haciendo la rosca a Gabriel Rufián precisamente para recuperar una relación dañada pero que le es imprescindible para seguir en La Moncloa y poder prescindir así de la incómoda cercanía del partido naranja en la votación de mañana. El propio portavoz de ERC ya ha dicho que su partido «se va a dejar la piel» para conseguir ese acuerdo.

Y claro que lo van a conseguir porque el Gobierno quiere que las cosas con el independentismo catalán vuelvan a su antiguo cauce y restaurar la vieja complicidad sobre cuya creciente y para el presidente peligrosa fragilidad ya advirtió a Sánchez el propio Rufián desde la tribuna del Congreso: «Sin diálogo no hay investidura».

Sánchez siempre ha dejado claro con sus variados movimientos cuál es la pareja que le gusta para recorrer la legislatura y en la que tiene intención de apoyarse

La amenaza fue tan clara que la vicepresidenta Carmen Calvo se apresuró a declarar su cercanía con el partido republicano e independentista: «ERC sigue siendo para nosotros un partido de izquierdas con el que nos entendemos en muchas decisiones sustantivas», dijo pocos días después en un esfuerzo por tranquilizar a esa formación y aclarar que lo de Ciudadanos había sido un calentón motivado por la urgente necesidad.

Y ahora la necesidad vuelve a ser la misma pero ya no se va a acercar el Gobierno al partido naranja sino que ha reanudado relaciones con ERC y hasta con JxCat, el partido de Puîgdemont, ante los que hará las cesiones que se le pidan del mismo modo que hizo el 5 de mayo, víspera de la última votación para aprobar la prórroga, con el PNV.

Si el PSOE consigue el compromiso de los votos afirmativos de ERC -a cambio, naturalmente, de pagar el precio que se le exija- Sánchez habrá salvado la partida. Incluso la salvará si ERC se limita a abstenerse porque en cualquier caso no engordaría el voto del No y el Gobierno sólo necesita obtener más votos afirmativos que negativos. Caben pocas dudas de que sometiéndose -como se va a someter- a lo que ERC le reclame y contando con el apoyo de los partidos pequeños, los que tienen uno o dos diputados, la prórroga de un mes, al parecer «negociable» según las zonas, será aprobada en el pleno de mañana aunque de nuevo sea por la mínima.

En ese momento Ciudadanos volverá, insisto, a la irrelevancia y deberá entonces decidir que papel quiere jugar de verdad, pero de verdad, en el escenario político español. El apoyo del último pleno no le ha servido para crecer en el respaldo de la opinión pública y su futuro sigue siendo por eso mismo tan incierto como lo era antes de ejercer su papel de partido «útil» y poner sus 10 votos «al servicio del interés» de los españoles.

Los demás seguiremos viviendo por lo menos hasta finales de junio bajo el estado de alarma pero ahora por lo que se ve en la modalidad de «personalizado» por barrios. Esto es lo que por lo visto ha decidido ese misterioso comité de expertos que parece el gabinete de Goldfinger. No esperen otra cosa.