La líder de Ciudadanos ha confirmado la voluntad de su partido de acordar los presupuestos generales del Estado con el Gobierno. Ayer, en la reunión de dos horas que mantuvo con el presidente, no se abordaron los detalles de ese pacto, pero se constató lo más importante para que sea posible: la voluntad de acercamiento por las dos partes.

Arrimadas fue muy clara a la hora de mostrar su disposición a avalar unas cuentas públicas «sensatas y moderadas», y reconoció que Sánchez está «predispuesto a llegar a acuerdos» con Ciudadanos.

Así que podemos dar por inaugurada una nueva etapa política caracterizada por dos situaciones aparentemente contradictorias:

1ª La continuidad del gobierno de coalición PSOE/UP.

2ª La consolidación de una nueva mayoría en el Congreso sobre la base de un apoyo de Ciudadanos y el PNV. ERC queda fuera de la ecuación.

Arrimadas justificó su posición en la necesidad que tiene España de llegar a pactos en una situación de triple crisis: sanitaria, económica y política. «Le he pedido al presidente -afirmó en su comparecencia ante los medios- una tregua política por España. Nosotros estamos dispuestos a dejar de lado las políticas partidistas».

El presidente se apoya en Ciudadanos para dar un giro moderado a su política: aparca el modelo Frankenstein y se acerca a Borgen

Ese mensaje entronca con lo que planteó el presidente en su comparecencia del lunes ante los principales empresarios del país: el llamamiento a la unidad implica renuncias.

Evidentemente, Sánchez hace de la necesidad virtud. El programa de gobierno pactado con Pablo Iglesias es ahora sencillamente irrealizable, así que ha llegado la hora de cambiar de socios: pasar de Frankenstein a Borgen. Algo que en Bruselas va a sonar a música celestial.

Iglesias tendrá que tragarse el sapo de que estos presupuestos no contemplen la subida del IRPF -auténtica línea roja de Ciudadanos-, así que Sánchez tendrá que sacarse de la manga algún caramelo para que Podemos pueda decir que no ha sido un convidado de piedra en la negociación de la ley más importante del gobierno.

Por su parte, la reunión del presidente con Pablo Casado no se salió ni un milímetro del guión previsto. El líder del PP no apoyará los presupuestos ni la renovación de la justicia (esto, al menos, por ahora), pero queda así asentado como la oposición central al Gobierno. Si el PP hubiera pactado ahora algo sustancial con Sánchez le hubiera dado a Vox una baza valiosísima para posicionarse como el partido de la derecha que se enfrenta sin matices a la coalición «social comunista». Casado no se podía permitir ninguna debilidad cuando estamos a las puertas de la presentación de una moción de censura por parte del partido de Santiago Abascal.

En resumen: hoy se han comenzado a poner las bases para que esta legislatura dure, al menos, dos años más. Sánchez ha demostrado, de nuevo, un admirable sentido de la supervivencia.