El culillo, luna del amante, gracia del bailarín, esperanza del litronero, podría ser además la nueva unidad de volumen, de incompetencia, de lujuria o quizá de la misma vida. El consejero de Sanidad andaluz no nos ha descubierto que no tiene jeringuillas adecuadas, que se dejan vacunas sin aprovechar o sin rebañar, sino que todo lo que importa se mide en culillos. El culillo, la vida se te puede ir por un culillo, último respingo de la moza, último burbon de la amargura, última distancia del torero, última humillación del pagafantas, última vacuna que no salvará a nadie hoy. Se te pueden ir los ojos por un culillo y se te puede ir la salud por un culillo, un culillo que no es nada y lo es todo, la medida del fracaso y del triunfo es un culillo.

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