¿Quieren dejar de marearnos y de alarmarnos un día sí y otro también con la vacuna AstraZeneca? No se pueden tomar decisiones contradictorias a propósito de la inoculación de esta vacuna mientras se insiste en algo que ya es muy difícil de creer por la población como es que sus beneficios son muy superiores a sus riesgos. ¡Pero si son las autoridades sanitarias las que desmienten con sus decisiones esta afirmación, por otra parte basada en la realidad!

Los medios de comunicación informan constantemente de casos concretos: un hombre muere dos horas más tarde después de haber recibido la primera dosis de AstraZeneca. Una mujer muere dos días después de haber sido vacunada con AstraZeneca. Se está investigando este caso, y el otro y el otro, por si tiene relación con la vacuna recibida. La Consejería de Salud de Castilla y León suspende un día repentinamente su administración dejando tirados a los que habían sido citados previamente para recibirla, que se enteran cuando acuden a su centro de salud porque han puesto un cartel anunciando la suspensión.

Previamente, la consejera se lo ha anunciado a la ministra de Sanidad que le dice que esa decisión está dentro de sus competencias y no la presiona para que no haga más tonterías. Al día siguiente, la Consejería de Salud dice que donde dije Digo digo Diego y que vuelven a administrar esta vacuna. Esto es una auténtica tomadura de pelo cuando estamos hablando de algo tan decisivo como es el escapar de la enfermedad para conservar la vida.

Esto es una auténtica tomadura de pelo cuando estamos hablando de algo tan decisivo como es el escapar de la enfermedad para conservar la vida»

Ahora resulta que a partir de los 65 años sí se la van a poner pero a los que tienen más de 60 ya no se la ponen. Pero es que ya se la han puesto a muchos de esa edad y en este momento no saben qué hacer con ellos, si administrarles la segunda dosis, dejarlos a medias, porque con eso «ya están bastante inmunizados», dicen de pronto, o ponerles un refuerzo con otra de las vacunas disponibles, que no saben si es posible y efectivo. La cuestión se decidirá más adelante porque lo que pasa es que nadie sabe qué hacer.

No puede haber mayor desbarajuste ni más confusión ni más irresponsabilidad por parte de las autoridades sanitarias porque lo que ya se ha generado es un gran temor y una enorme desconfianza de la población ante esta vacuna y sus posibles efectos mortales. Pero la culpa es de quienes tienen la obligación de dirigir este proceso de vacunación masiva.

Y no digamos cuando se nos transmite la información sobre los síntomas que, de aparecer, aconsejan acudir inmediatamente, pero inmediatamente, al médico. Primero, porque un enunciado así ya alarma a cualquiera. Y segundo, porque los síntomas se expresan en un lenguaje que la mitad de la población no entiende.

¿Qué significa, por ejemplo disnea, dolor precordial, edema de miembros inferiores sintomatología neurológica o petequias? Las personas corrientes, la gente de la calle, no entiende esos términos y no tiene por qué entenderlos. Pero es que se les dice que si les pasa alguna de esas cosas salga corriendo al médico o al hospital porque la cosa puede ser grave. Con ese mensaje una parte de la población entra en un estado de temor e inseguridad inducida que no se puede consentir.

Esa no es manera de tranquilizar a la población ante la administración de una vacuna de la que parece, por las contradicciones que se ven todos los días, que no se muestran seguras ni las autoridades sanitarias. Y luego sostienen con toda la cara que no es para preocuparse. Hombre, hombre, un poco de responsabilidad para con el ciudadano.

El caso es que si leyéramos los prospectos de cualquiera de los medicamentos y asumiéramos las múltiples advertencias de lo que llaman «posibles efectos secundarios» interpretándolas como el anuncio de lo que íbamos inexorablemente a padecer si los consumiéramos, no nos tomaríamos ni un simple paracetamol.

Las autoridades están aterrorizando a una población a la que no se permite elegir el tipo de vacuna que se quiere uno administrar»

Y esto es lo que está pasando con la vacuna de Astrazaneca en este desbarajuste general que estamos padeciendo y que empezó Alemania con su decisión de suspender su administración, decisión que acabó modificando más tarde. A partir de ahí se desató el pánico en los distintos gobiernos europeos, comunidades autónomas españolas incluidas.

Es decir, que este no es un problema exclusivamente español, sino europeo, pero que en cualquier caso no tiene un pase. Las autoridades están aterrorizando a una población a la que no se permite, como sucede en los Estados Unidos, elegir el tipo de vacuna que se quiere uno administrar. Aquí toca la que toca a quien le toca y no queda más que decir amén y pasar por el aro o eludir vacunarse y aceptar así el riesgo de ser infectado por el virus y puede que morir. Bonito dilema.

En lo que se refiere a esta vacuna no se puede hacer peor. Y me refiero a la Europa Continental porque en el Reino Unido, que nos está dando sopas con honda en materia de vacunación, todas estas dudas, todas estas contradicciones, este ir y venir para después volver a ir no se ha producido en absoluto. Y es la misma vacuna, la Astrazeneca, la que se está inoculando a los británicos con los mismos porcentajes infinitesimales de riesgo -en España 12 casos de aparición de trombos entre 2,1 millones de dosis inoculadas- como todos los fármacos que existen en el mercado y sin que se haya producido ninguna duda ni decisión contradictoria.

Esto es pura incompetencia y vértigo a equivocarse al depositar una verdadera confianza en esta vacuna, la misma que de momento -ya veremos qué pasa si empiezan a detectarse casos de muerte o de otro tipo de males con las demás que están llegando ya a nuestro país- se tiene oficialmente depositada en las de Pfizer, Janssen o Moderna.

Pero lo que no admite duda es que al temor al virus se suma ahora el temor -completamente infundado, pero sistemáticamente introducido por las autoridades- al remedio para vencerlo que tenemos a nuestro alcance gracias a la hazaña histórica lograda por la ciencia.

Dejen ustedes de descargar sus miedos en el miedo de la población y acaben de una vez con tantas decisiones que se contradicen cada día. Si no están seguros de la fiabilidad de la Astrazeneca, retírenla de una vez de los centros de administración de vacunas. Y si lo están, dejen de transmitirnos sus propias inseguridades y no intenten guardarse sus espaldas parapetándose detrás de las nuestras. Basta ya.