Con motivo de las múltiples protestas que se han registrado en la República de Cuba, la respuesta del gobierno para acabar con ellas se ha hecho protagonista en todo el mundo y ha puesto en duda la política que rige en el país. Como consecuencia de ello, en España, país que comparte grandes lazos con Cuba, ha surgido el debate político en el que la izquierda es acusada de ser poco contundente, o prácticamente cómplice del gobierno cubano y de su represión. 

Si revisamos la hemeroteca, podemos ver que tanto socialistas como populares han procurado mantener estrechos vínculos con Cuba, incluso Manuel Fraga invitó a Fidel Castro a Galicia, puesto que los padres del dirigente cubano eran gallegos. 

También Adolfo Suárez buscó el apoyo de Cuba como país no-alineado durante la Transición, Felipe González visitó la isla, igual que hicieron Aznar y los Reyes en La Habana… Incluso el 26 de noviembre de 2016, cuando falleció Fidel Castro, el entonces presidente del gobierno Mariano Rajoy lo describió en un tuit como una figura de calado histórico, y envió condolencias al gobierno y a las autoridades cubanas. 

Para entender qué es Cuba y su Estado tenemos que sumergirnos en la teoría marxista. Primero entender que, para un socialista o un comunista, el Estado surge como una herramienta de dominación de una clase explotadora, la burguesa, sobre la otra, la proletaria y es por tanto necesario abolir aquella para llegar a la plena libertad. 

Engels llega a considerar al Estado como un ente que no sigue los mandatos sociales, sino que se aleja y oprime. Y es solo a través de la revolución violenta como se consigue subvertir al Estado opresor burgués, y se puede establecer un Estado proletario, que reprimirá a los burgueses para poder llegar al socialismo, donde ya no hay Estado, sino autogestión social.

El Partido Comunista de Cuba, fundado en 1925, se proclamó defensor de la soberanía cubana y heredero del Partido Revolucionario Cubano del que fue líder José Martí

El Partido Comunista de Cuba, que se fundó en 1925, inspirado por el establecimiento de la Unión Soviética, se proclamó defensor de la soberanía cubana y heredero del Partido Revolucionario Cubano del que fue líder José Martí, artífice la independencia de España. La idea del PCC era luchar contra la intromisión en la política isleña de los estadounidenses, haciendo el paralelismo con los españoles. 

La República de Cuba se define en su Constitución de 1976, y en la de 2019, como un Estado socialista, donde el Partido Comunista de Cuba, vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera, es la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado. De hecho, en la Constitución de 2019, en su primer artículo Cuba se define así: «Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva».  

Más adelante se define el Partido Comunista de Cuba como único, martiano, fidelista marxista y leninista. Y se considera la defensa de la patria socialista como el más grande honor y el deber supremo de cada ciudadano. En su artículo 101, sobre la estructura del Estado, señala que se basa en los principios de la democracia socialista, y en su artículo 229 se expone que en ningún caso resultan reformables los pronunciamientos sobre la irrevocabilidad del sistema socialista. 

Es decir, desde 1976 constitucionalmente Cuba es un Estado socialista, y, por lo tanto, una dictadura proletaria. Y desde entonces se ha mantenido inalterable, tanto la importancia y predominancia del Partido Comunista de Cuba como la del Estado. 

En 1994 estalló el Maleconazo, una serie de protestas sociales el 4 de agosto de ese año. Se asaltaron comercios, se citaban consignas contra Fidel Castro y contra el gobierno socialista, que estaba en el poder desde 1959. Dos días después del inicio de las protestas, el dirigente cubano fue hasta la zona de los disturbios e hizo un discurso llamando a ganar la calle y a derrotar a los apátridas. La represión policial controló los disturbios. Y el régimen siguió, y sigue hasta hoy.

Llamar ‘dictadura’ en un sentido calumnioso a un país socialista desde un planteamiento de la democracia liberal es erróneo porque la concepción marxista-leninista establece que lo es

En conclusión, llamar «dictadura» en un sentido calumnioso a un país socialista desde un planteamiento de la democracia liberal es erróneo porque la concepción marxista-leninista ya establece que lo es.  

De la misma manera cuando la izquierda democrática dice que no lo es, o huye de responder si lo es o no, para no comprometerse a un posicionamiento claro, cae en un sinsentido porque desde la retórica revolucionaria marxista Cuba es una dictadura. 

Quieran o no quieran, por su propia definición, Cuba es una dictadura proletaria, o un Estado socialista, establecido así en su propia Constitución. Y lo que se pudiese entender por democracia liberal, para un comunista cubano también será una dictadura, la de un Estado opresor burgués. 


Guillem Pursals es politólogo, Máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.