Hoy vengo a pecar de frívola, antes de que acabe el curso político. Y es que cuando aparecía María Jesús Montero en la sala de prensa del Consejo de Ministros tardaba minutos en adivinar de dónde era la ropa que llevaba. Si me llevaba algo más de tiempo de lo habitual, mi amigo Edu me escribía un mensaje: “Psst, comentario de moda”.

Me gusta saber las marcas que eligen los políticos. Como si fuesen influencers. Y también especular sobre sus significados. Aunque algunos suelen ser muy claros. Y si no que se lo digan a las Díaz. Me refiero a Isabel Díaz Ayuso y a Susana Díaz, ambas han vestido sus banderas regionales a diestra y siniestra. Nunca mejor dicho. No obstante, a la andaluza le dijeron que con la ropa podía hablar y se lo tomó muy en serio: bien de camisetas Mr. Wonderful.

Todos los mensajes iban en la línea feminista de las camisetas que cosen niñas en Bangladesh y del optimismo incompatible con la explotación laboral. No es culpa de Díaz, de la industria del fast fashion podemos hablar otro día.

Antes de que me digan que no haría lo mismo con los hombres, me adelanto. Me encanta que Pedro Sánchez se ponga corbatas moradas para jornadas importantes y que elija el color de su socio de gobierno y no el del partido al que representa. ¿El otro día en Andalucía? Camisa verde. Coincidirán conmigo, al menos, en que los outfits de ellos dan menos juego. Ojalá un ministro vestido de Palomo Spain o de Juan Avellaneda.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al candidato socialista a la Junta, precandidato a la Secretaría General del PSOE-A y alcalde de Sevilla, Juan Espadas.
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, junto al candidato socialista a la Junta, precandidato a la Secretaría General del PSOE-A y alcalde de Sevilla, Juan Espadas. EFE/Julio Muñoz

Me gusta que Nadia Calviño se ponga broches en la solapa, como Madeleine Albright. Y que elija uno en forma de búho, exactamente lo que dijo la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, que iba a ser al frente de la institución, huyendo de halcones y palomas. Tengo una teoría no confirmada: cuando la ministra va a anunciar millones hay un broche en su solapa.

En el día de la Hispanidad, Irene Montero eligió un traje morado. Ese color se vinculó a la República, pero Montero insistió en que “no había patria sin la mitad de la población”. Menos mal que no dijo matria. El mismo color escogió Kamala Harris, en su toma de posesión como vicepresidenta de Estados Unidos. No sé qué pretendían con sus elecciones, pero para mí son una llamada de atención al mundo: las mujeres estamos aquí.

No sé qué pretendían con sus elecciones, pero para mí son una llamada de atención al mundo: las mujeres estamos aquí»

¿Se acuerdan de una foto de Montero e Iglesias discutiendo en los pasillos del Congreso? Pues la blusa de ella también era morada. De Zara. Da la casualidad de que la compré antes de que fuese famosa y me hizo hasta ilusión haberla elegido. Como cuando la vecina rubia o María Pombo agotan algo que hace semanas que has comprado.

No puedo cerrar este artículo sin mencionar a la más glamurosa del Consejo de Ministros. Aunque cabe decir que las nuevas incorporaciones son dignas competidoras. Resulta que la ministra comunista se ha ganado más publicaciones en las revistas de lifestyle que otras antecesoras que conocían las boutiques del barrio de Salamanca desde que eran crías. Yolanda Díaz ha reinventado el look formal. Alguien que la conoce muy bien me contó que la elección del blanco no es aleatoria. Entre tanto traje masculino, normalmente oscuro, el blanco es otra forma de destacar. La vicepresidenta lo elige en ocasiones especiales: jurar el cargo, reunión con el Rey, anunciar un acuerdo con el diálogo social.

Entretenerme adivinando de donde son los modelitos que elige la clase política, es solo un hobbie. Si buscan profesionales, sigan a Patrycia Centeno, a Marta Marcos o a Toni Aira.

Volviendo a Montero, tiene predilección por Sfera. Echaré de menos ese acento andaluz hasta que me acostumbre al manchego de Isabel Rodríguez y sea capaz de localizar sus americanas en minutos.

La próxima vez que vean a un político, intenten buscar los mensajes que no pronuncian. Ya verán, es adictivo.