La Unión Europea se enfrenta esta semana a un nuevo juego geopolítico en las manos de Aleksandr Lukashenko, quien gobierna con mano dura en Bielorrusia, la última dictadura de Europa. Lo más terrible de este contexto es que, de nuevo, el ajedrez de Lukashenko se torna especialmente cruel cuando para sus objetivos políticos instrumentaliza a seres humanos. 

Miles de migrantes, algunos de ellos solicitantes de asilo, provenientes de países de Oriente Próximo, el Golfo Pérsico y África principalmente, han sido llevados con engaños a Minsk, la capital de Bielorrusia, con la promesa de una entrada fácil en la UE. Ahora se enfrentan a un pasillo infernal en la frontera con Polonia. También en la de Lituania y Letonia. Con guardias y soldados a un lado y otro, intentan cruzar el alambre de espino. Corre la sangre. No saben qué hacer. Tienen hambre de día y mucho frío de noche. Hay ya varios muertos por hipotermia en las últimas semanas. Varios muertos en fronteras europeas.

Al régimen dictatorial de Bielorrusia no le gustan las sanciones de la UE y el mejor método de presión que ha encontrado es el tráfico ilegal de personas

Al régimen dictatorial de Bielorrusia, reafirmado desde que en agosto de 2020 celebrara unas elecciones fraudulentas en las que se persiguió y encarceló a la oposición, no le gustan las sanciones que la Unión Europea le impuso tras la farsa electoral por las graves violaciones de derechos humanos que se dieron desde entonces. Y el mejor método de presión que ha encontrado para rechazarlas –ya lo puso en marcha en julio— es el tráfico ilegal de personas y la manipulación cruel de seres humanos desesperados que buscan una vida mejor.

Aprovechando las dificultades de los migrantes y solicitantes de asilo, algunos de ellos trasladados de aeropuertos cercanos a campos de refugiados sirios en Jordania y Líbano, el régimen de Lukashenko utiliza canales oficiales y semioficiales como consulados y agencias de viajes para embaucar a los que anhelan una vida mejor con el señuelo de que si viajan a Bielorrusia entrarán fácilmente en la UE.

Una vez llegados a Minsk en avión, los migrantes son llevados a la frontera –con los países bálticos o con Polonia—y empujados a entrar ilegalmente en la UE: han contado cómo los agentes bielorrusos les quitaron sus teléfonos y los empujaron hacia la valla fronteriza.

Polonia, que ha desplegado 15.000 militares a lo largo de casi 400 kilómetros de frontera, declaró hace ya dos meses el estado de emergencia en las provincias fronterizas con Bielorrusia, lo cual impide el acceso de los grupos que tratan de ayudar a los migrantes atrapados entre dos fuegos. Algunos de estos grupos han denunciado que los soldados polacos devuelven a Bielorrusia a todos los que pueden, incluidos heridos, enfermos, embarazadas y niños.

En esta situación dramática, y con el invierno en puertas, Lukashenko amenaza con cortar el gas ruso que pasa por Bielorrusia en dirección a Europa, y Vladimir Putin, desde Moscú, envía señales –y aparatos de combate— a su aliado de Minsk, al tiempo que, en la mejor tradición de la mentira organizada y la guerra híbrida, asegura que no tienen nada que ver en lo que está pasando y advierte contra posibles sanciones que golpeen a la línea aérea Aeroflot por su participación en el engaño masivo de migrantes transportados a Bielorrusia para ser utilizados como arma contra la UE.

Europa no puede ceder ante esta guerra híbrida, este chantaje geopolítico, ante esta manipulación en la que los seres humanos son utilizados como mercancía para protestar contra unas sanciones que castigan las violaciones de derechos humanos en la sociedad bielorrusa y los actos de piratería como el secuestro –con aterrizaje forzoso incluido de un avión que volaba entre dos capitales europeas— del activista Roman Protasevich y su pareja, Sofia Sapega, el pasado 23 de mayo.

La Comisión Europea debe sancionar a las aerolíneas que han participado en esta trata de personas. La advertencia de su presidenta, Ursula von der Leyen, en este sentido, debe ser aplicada y respaldada por los 27 con medidas que castiguen también al aeropuerto de Minsk y que corten el flujo de emigrantes desde los países de origen. La semana próxima tiene que comenzar con nuevas medidas de presión que hagan saber al dictador que su juego cruel va a fracasar. 

Al mismo tiempo, la UE tiene que atender a los atrapados en las fronteras. Debe exigirse el urgente establecimiento de corredores humanitarios. Las fronteras polacas son fronteras de la UE. Y, por tanto, estamos con Polonia. Pero Polonia tiene que estar con la UE. La UE de los valores no puede admitir que un estado miembro impida el trabajo de las organizaciones de ayuda humanitaria.

Polonia no puede cerrar los ojos ante el trato degradante de los migrantes… Nuestros valores son los que nos diferencia del régimen de Lukashenko

No puede admitir que rechace la ayuda de Frontex. No puede cerrar los ojos ante el tratamiento degradante de los migrantes y los empujones que sufren contra los alambres de púas. Nuestros valores son lo que nos diferencia del régimen de Lukhasenko. No es posible que un país de la UE no comparta, y aplique de forma clara, esos valores de respeto a la libertad, la dignidad y la vida de las personas. No podemos aceptar que Polonia trate como enemigos a aquellas personas, atrapadas en su frontera, que sólo son víctimas de la miseria del régimen bielorruso. 

Se acaban de cumplir los 70 años de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de Migrantes Forzados, de los refugiados, creada tras la barbarie de la guerra mundial para ayudar a los europeos que habían sufrido la barbarie. Hoy el amor es muerte / y el hombre acecha al hombre, escribió Miguel Hernández algunos años antes, también en medio de otra terrible guerra. Hoy, aquellos europeos de la posguerra mundial son sirios, iraquíes, congoleños y cameruneses. Hombres acechados por hombres, mujeres embarazadas, niños y niñas con hambre y con frío, sin casa y sin país. Nosotros, europeos, ¿vamos a dejar que se celebren así los 70 años de la Convención de Ginebra?


Soraya Rodríguez es eurodiputada del Parlamento europeo en la delegación de Ciudadanos