A la guerra de Ucrania se unen otras amenazas globales, algunas de carácter irreversible, y los más oscuros presagios si volviera a repetirse – como sucedió después de Barack Obama, que suscribió los Acuerdos de París sobre cambio climático y la Resolución “para transformar el mundo” de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible – la total negativa del nuevo inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, para proceder a su aplicación.

Resulta apremiante la democratización de la UE mediante la eliminación de la unanimidad

Son apremiantes, en consecuencia, el alto el fuego, la democratización de la UE mediante la eliminación de la unanimidad (antítesis de la gobernanza democrática) como condición para la adopción de decisiones esenciales, acompañada de inmediato por una gran presión popular mundial para una reforma en profundidad del sistema de las Naciones Unidas, de tal modo que sean “nosotros, los pueblos”, como se inicia en la Carta, los que decidan y no los cinco Estados que retienen desde siempre el derecho al veto.

Es urgente –lo he repetido en varias ocasiones- proceder a una auténtica refundación de la Unión Europea, sobre los fundamentos éticos del año 1950. Para saber bien dónde queremos ir, para establecer con precisión la “hoja de ruta” y no volver nunca más a empezar la construcción del edificio europeo por el tejado (como se ha hecho llevando a cabo una unión monetaria sin una previa unión económica y, lo que es peor, sin una previa unión política y paz-ífica), es indispensable revisar bien de dónde venimos: leer los pronunciamientos de sus artífices y releer los Acuerdos que suscribieron…

Se necesita una Europa faro de la democracia, la Europa torre de vigía. No la Europa deslocalizada. No la Europa dependiente

¿Qué proclamaron Robert Schumann, Jean Monet, Konrad Adenauer…? Pues que nunca más se resolvieran los conflictos por la fuerza, que era necesario buscar espacios de entendimiento, de conciliación… inspirados siempre por los principios democráticos que, desde aquel momento, guiarían a Europa. “Tendremos que ser capaces de inventar formas nuevas de gobernación”, exclamó Schumann… Se necesita una Europa faro de la democracia, la Europa torre de vigía. No la Europa deslocalizada. No la Europa dependiente. La Europa del Atlántico Norte y Sur, del Mediterráneo… La Europa aliada de los EEUU, sí, pero con seguridad independiente y con su propia autonomía, bien visible a escala mundial.

«La paz mundial sólo puede salvaguardarse mediante esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan», podemos leer en la Declaración de Schuman con la que se inició el largo recorrido de la Unión Europea hace 60 años. Ésta es la Europa que queremos. La que sabe que no hay nada que sea ineluctable, que no pueda cambiarse, que no pueda reinventarse, como el día 9 de mayo de 1950 hicieron Schuman y Monet. Sin disminuir ni un ápice la responsabilidad de Putin, debemos reflexionar, con apremio y firmeza, sobre las causas de esta guerra, de los demás conflictos, de la existencia de armas nucleares, de la gobernanza plutocrática, de amenazas globales potencialmente irreversibles…

Debemos preguntarnos por qué Europa, que debía tener un papel cualitativo muy relevante a escala mundial, no ha figurado como interlocutor, absorbida por la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte… que se extiende hacia el este y habla en nombre de la ciudadanía europea… Deber de memoria. Ésta no es la Europa de la Unión que pretendemos y que debemos procurar afanosamente cada día.

Debemos preguntarnos por qué Europa, que debía tener un papel cualitativo muy relevante a escala mundial, no ha figurado como interlocutor, absorbida por la OTAN

La ciudadanía ya no permanecerá como testigo impasible, resignado… El tiempo del silencio ha concluido. Es tiempo de no distraerse. Es tiempo de seguir, tiempo de «alzarse», como nos dice José Ángel Valente en uno de sus versos. Es comprometerse. Es involucrarse.

Deber de memoria: pensar en la razones que condujeron a la Segunda Guerra Mundial -el supremacismo ario, romano y nipón, porque la Sociedad de Naciones había sido desde el mismo inicio abandonada por los Estados Unidos, ¡el país cuyo presidente demócrata la había creado!- … Pensar en que ha sido el veto de los vencedores el que ha hecho inoperante el excelente diseño multilateral de Roosevelt en las Naciones Unidas… quedando sin efecto la primera frase de la Carta: “Nosotros, los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”…

La decisión de Putin en primerísimo lugar, pero teniendo en cuenta también otras cosas que debemos lamentar y reconducir del conflicto de Ucrania podemos convertirlas en oportunidad de cambio si, plenamente conscientes de lo que ha acaecido en el pasado, nos disponemos a cambiar con diligencia para ser, ¡por fin!, “Nosotros, los pueblos” los que tomemos en mano las riendas del destino común.

Es preocupante ver cómo germinan aquí y allá semillas de supremacismo, de racismo, de fanatismo, de dogmatismo…

Uno de los peores presagios que hoy nos acucia es el retorno del racismo, de la xenofobia. He escrito en varias ocasiones -pensando en los años 1936 a 1939, en particular- que el supremacismo genera odio y confrontación. Y mata. Por eso he reclamado tolerancia cero y ser actores -no espectadores impasibles distraídos por el inmenso poder mediático- porque «mañana puede ser tarde». Es preocupante ver cómo germinan aquí y allá semillas de supremacismo, de racismo, de fanatismo, de dogmatismo… sin que nadie parezca acordarse de un pasado no tan lejano… No podemos ni debemos tolerar que broten de nuevo estas lacras, porque son la mayor fuente de enfrentamientos, el mayor responsable de víctimas a lo largo de la historia, de una historia que no debe repetirse. Todos los seres humanos iguales en dignidad, es el principio de la justicia y de la paz.

Es preciso eliminar el veto de las más importantes instituciones. Solo así podremos evitar un nuevo desorden mundial basado en el poder militar, en la razón de la fuerza y no la fuerza de la razón. Actuemos con apremio, ahora que ya podemos expresarnos libremente en grandes clamores planetarios, para un alto el fuego inmediato en Ucrania y el inicio de un proceso de paz sólido y abierto.


Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz. Fue director general de la UNESCO y ministro de Educación y Ciencia.