El ya retirado Bent Serjo (ex ministro de Finanzas, asesor y amigo de la primera ministra danesa, en la serie Borgen), en un momento de máxima tensión, le dice a Birgitte Nyborg, que encabeza el gobierno de coalición que gobierna el país: «En política, lo más importante es saber contar».

Es un sabio consejo. De aquí a las elecciones generales, para las que falta poco más de un año, Pedro Sánchez y Núñez Feijóo van a tener que afinar sus cálculos, ya que lo importante no va a ser qué partido gane, sino cuál de los dos sumará más escaños para gobernar.

Lo que dice la mayoría de las encuestas es que el PP, en estos momentos, supera con claridad al PSOE (menos en el último sondeo del CIS, la excepción que confirma la regla). Pero cuando se suman los aliados de uno y otro partido, la cosa cambia. La diferencia no es tan clara, incluso existen vaticinios que dan al bloque de izquierdas e independentistas una ligera mayoría sobre la derecha.

Tanto Sánchez como Feijóo saben que no van a poder lograr una mayoría absoluta (176 escaños), así que su estrategia en los próximos meses debería consistir en sumar más que el bloque contrario.

El presidente no se puede permitir el lujo de que los podemitas bajen de 30 escaños. Sin embargo, al líder de la oposición le vendría de maravilla que Vox perdiera la mitad de sus asientos en el Congreso

Una parte importante del engorde del PP desde que Feijóo asumió el liderazgo del partido el pasado mes de marzo proviene del hundimiento de Ciudadanos. Prácticamente todo el voto del partido de Arrimadas se ha ido al PP, como se vio en la práctica en las elecciones de Andalucía, comunidad en la que Juanma Moreno sí logró la mayoría suficiente como para gobernar en solitario.

Otra fuente de voto para el PP, esta menor, proviene de Vox. Lo que detectan todas las encuestas desde las elecciones andaluzas es un desinflamiento del partido de Santiago Abascal, agudizado por la salida de Macarena Olona. Por ejemplo, según el barómetro de octubre elaborado por 40dB para El País y la Cadena Ser, un 10% de los votantes de Vox votarían ahora al PP (un total de 360.000 votos).

A pesar de esa caída detectada en los últimos meses, Vox continúa registrando una intención de voto muy por encima de los 40 escaños. Por tanto, si Feijóo quiere que el PP afronte las próximas elecciones con garantías de desalojar a Sánchez de Moncloa, tiene que seguir arañándole votos, ya que por el centro prácticamente ha absorbido todo el voto de Ciudadanos. Las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo van a marcar la pauta para saber qué ocurrirá en las generales a finales de 2023.

Si el PP logra restarle un buen porcentaje de voto a Vox en Madrid, Comunidad de Valencia, Murcia y Castilla La Mancha, Feijóo tendría el triunfo con opciones de gobierno en las generales al alcance de la mano. La derecha obtiene de hecho más escaños (sobre todo en algunas circunscripciones) con una concentración de voto en el PP que con la suma de PP más Vox . La media de escaños por circunscripción en España es de seis escaños. Eso significa que por debajo del 15% no se obtiene representación. Por eso a Feijóo le interesa que Vox caiga al máximo posible. Un dato relevante es que, según el consenso de los sondeos, la fidelidad de voto del PP (un 80%) es ahora mayor que la de los votantes de Vox.

A sensu contrario, aunque a simple vista a Sánchez también le interesaría un hundimiento de Unidas Podemos, en realidad no es así. Por dos razones. En primer lugar, porque no hay una transferencia automática del voto de UP al PSOE (como si ocurre con el voto de Vox hacia el PP), ya que una parte del voto que pierden los podemitas va a la abstención o a otras marcas de la izquierda alternativa. Pero, además, porque UP es el puente del PSOE hacia otros partidos como ERC o Bildu, con los que, probablemente, tendrá que contar Sánchez para volver a gobernar. Como solía decir Pablo Iglesias, Podemos es el partido que le da el poder al PSOE, no sólo por sus escaños, sino porque le garantiza las alianzas con otros partidos periféricos.

Así que en los próximos meses vamos a ver dos aproximaciones muy distintas de los dos grandes partidos hacia sus potenciales aliados. Feijóo va a hacer todo lo posible por debilitar a Vox (aunque le necesite para gobernar, por ejemplo, en la Comunidad de Valencia), mientras que Sánchez buscará quitarle votos a Podemos pero sin que la formación morada se hunda, para lo que es básica la presencia de Yolanda Díaz.

En todo caso, vamos a vivir unos meses apasionantes políticamente hablando. Pase lo que pase, el resultado final será muy apretado.